Solo el 10% de las mujeres en América Latina y el Caribe dispone de crédito en una entidad formal

La inclusión financiera de la mujer es importante para cerrar brechas. En América Latina y el Caribe, el 49% de mujeres tiene una cuenta en una institución financiera y solo el 10% dispone de crédito. Aspectos como el tipo de empleo, la brecha salarial y el nivel de ingresos son clave.

Según el CAF, la mayoría de los países de América Latina están rezagados en cuanto a la educación financiera y al acceso al crédito de las mujeres. | Fuente: Shutterstock

Las mujeres de hoy enfrentan una serie de desigualdades de género que llegan incluso al ámbito del acceso y uso de servicios financieros. Según el estudio Global Findex 2014 del Banco Mundial, a nivel mundial solo el 58% de las mujeres tiene una cuenta en una institución financiera formal, en comparación con el 65% de los hombres. Si hablamos de América Latina y el Caribe, esta cifra se reduce al 49%, mientras que el 11% de mujeres ahorra y solo el 10% dispone de crédito.

De acuerdo con el estudio “Inclusión financiera de las mujeres en América Latina”, elaborado por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), la mayoría de los países de América Latina están rezagados en cuanto a la educación financiera y al acceso al crédito de las mujeres.

Sobre la inclusión financiera de la mujer, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) indica que “los servicios financieros pueden contribuir en su empoderamiento económico, al brindarles las herramientas indispensables para generar sus propios ingresos, acumular activos y tener mayor participación en la toma de decisiones al interior del hogar”. Aunque se han mostrado avances en los últimos años, aún queda mucho por hacer.

Agrega además que el menor acceso de las mujeres a los servicios financieros sería causado por diferencias en factores como el nivel de ingresos y empleo, así como a desigualdades en la tenencia de propiedad y la educación financiera, puntos en los que las mujeres presentan desventajas con respecto a los hombres.

En el ámbito de ingresos y empleo, el último Informe Técnico de Situación del Mercado Laboral en Lima Metropolitana del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) indica que el 45,3% de los peruanos que tienen empleo en Lima es mujer (aumentó en 1,5%), pero solo el 35,4% tiene empleos adecuados y un 57,5% es contratada por menos de 35 horas a la semana.

Además, INEI reporta que la brecha salarial es aún a favor de los hombres y alcanza los 572 soles, siendo mayor de los 45 años a más. Esta diferencia se agrava en el sector rural, donde las mujeres ganan 42% menos que los hombres.

¿Por qué existe esta brecha salarial? Siguiendo la Guía para la igualdad salarial del MTPE y el MIMP, existen factores objetivos como la educación, la experiencia laboral, la ocupación y el tamaño de empresa. Sin embargo, priman los factores subjetivos que incluyen los patrones estructurales relacionados a la división desigual del trabajo doméstico y a los mecanismos de discriminación, siendo esta última la principal razón de la brecha salarial en el sector privado.

La participación de las mujeres es mayor en ocupaciones menos remuneradas, como el trabajo del hogar. | Fuente: Shutterstock

Asimismo, la participación de las mujeres es mayor en ocupaciones menos remuneradas, como el trabajo del hogar. La cantidad de horas que las mujeres dedican a actividades no remuneradas supera las 39 horas semanales, en comparación con las casi 16 horas que dedican los hombres.

En el ámbito laboral, datos del INEI y del MTPE indican que donde los salarios son más altos, hay menos mujeres. Por ejemplo, el salario promedio más alto que perciben las mujeres proviene de sector construcción; sin embargo, la participación femenina en este rubro es muy baja, alcanzando apenas el 2.2%.

Diana Mejía, experta en inclusión financiera del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), indicó en entrevista con Andina que “el empoderamiento económico y financiero de las mujeres es esencial para lograr la igualdad de género real. Los gobiernos, bancos centrales y entidades financieras deben adecuar sus productos y servicios a las necesidades de las mujeres, al tiempo que fomentan sus emprendimientos”.

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