Christopher Machado, el único oncólogo pediatra del hospital Belén de Trujillo, se ha convertido en la esperanza para niños que tienen cáncer en la región La Libertad. En la actualidad recibe entre 3 y 5 pacientes nuevos cada mes que padecen de esta enfermedad.
En La Libertad, la esperanza de muchos niños que enfrentan el cáncer tiene nombre y apellido: Christopher Machado, oncólogo pediatra del hospital Belén de Trujillo. Él es el único especialista en la región norte del país y su labor se ha convertido en un punto de luz para familias que viven con la incertidumbre de una de las enfermedades más duras de la infancia.
Cada año en el Perú se diagnostican alrededor de 1,800 nuevos casos de cáncer infantil. En La Libertad, esta cifra bordea entre 80 y 100 niños. Sin embargo, el sistema de salud no siempre está preparado para atenderlos con rapidez y eficiencia.
“Cuando ingresé al Belén, en plena pandemia, recibimos 60 casos nuevos en un solo año”, recuerda el doctor Machado. Hoy, el hospital atiende entre 3 y 5 pacientes nuevos cada mes, aunque muchos aún deben ser derivados a Lima por la falta de infraestructura especializada.

Historias de esperanza y dolor
Detrás de cada diagnóstico hay una familia que lucha. Machado recuerda con emoción el caso de una niña con un tumor de ovario: fue operada, recibió quimioterapia en Trujillo y, tras un año de tratamiento, hoy está libre de cáncer.
Pero no todas las historias tienen un desenlace feliz. Un pequeño de apenas un año llegó al Belén con un tumor testicular avanzado. Los síntomas habían aparecido ocho meses antes, pero su referencia médica se retrasó entre papeles y trámites. “En cáncer, ocho meses es una eternidad”, dice indignado el especialista. Aun así, el niño está en tratamiento y responde favorablemente, aunque la batalla es más difícil.
El hospital Belén cuenta con apenas 3 a 5 camas destinadas a oncología pediátrica y una UCI con cuatro camas, de las cuales solo tres pueden usarse por falta de personal de enfermería. Pese a ello, con apoyo del Ministerio de Salud, se implementaron áreas de quimioterapia ambulatoria y mezclas, lo que ha permitido iniciar tratamientos locales y evitar que todas las familias tengan que viajar a Lima.
Machado no está solo. Desde el año pasado trabaja junto a la doctora Sofía Aguilar, quien lo apoya en esta ardua misión. Pero la necesidad sigue siendo inmensa: más especialistas, más recursos y más consciencia.

La clave: detectar a tiempo
El oncólogo insiste en la importancia de que los médicos generales y pediatras de zonas alejadas sepan reconocer las señales de alarma. Entre los principales síntomas del cáncer infantil menciona:
Leucemia: palidez, moretones, sangrado, fiebre persistente, ganglios inflamados, dolor de huesos.
Tumores cerebrales: dolores de cabeza frecuentes, vómitos matutinos, convulsiones, pérdida de fuerza.
Linfomas: ganglios que crecen sin detenerse en cuello, axila o ingle.
“Si los casos se detectan en etapas tempranas, las probabilidades de cura superan el 90%. Pero si llegan tarde, el panorama cambia”, advierte Machado.
El trabajo del doctor no se limita a los tratamientos. También organiza celebraciones para los pequeños pacientes en fechas especiales, como el Día del Niño, porque sabe que la alegría y la esperanza son parte de la recuperación.
“Los niños, incluso en medio de su enfermedad, sonríen y transmiten optimismo. Esa fortaleza es lo que nos impulsa a seguir”, afirma.
El caso del doctor Machado evidencia una deuda pendiente: crear más unidades de oncología pediátrica en el norte del país, fortalecer el sistema de referencias y capacitar al personal de primera línea.
Mientras tanto, él sigue multiplicando su tiempo entre hospitales y clínicas, respondiendo consultas incluso por redes sociales, porque sabe que cada día ganado puede significar una vida salvada.