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El grave contexto sanitario que estamos viviendo hubiera debido favorecer una campaña electoral orientada a formular propuestas y a buscar lo que nos une. En vez de eso, el electorado asiste al espectáculo de los ataques personales de siempre, lo que desconoce las necesidades de los ciudadanos: salud, empleo, seguridad.

Es cierto que las observaciones y las tachas agravan las reservas ante un proceso del que no sabemos ni siquiera cuántos candidatos presidenciales permanecen en competencia. Es cierto también que una huelga de médicos y reivindicaciones de cuatro centrales sindicales no contribuyen a clarificar lo que debemos mejorar, como sucede siempre que se mezclan los reclamos salariales con exigencias de políticas públicas. La CTP, la CGTP, la CUT y la CATP piden la renuncia de la presidenta de EsSalud, de la ministra de Salud, del ministro de Trabajo y del ministro del Interior al que llaman “soñoliento e incompetente”.

Parece que algunos dirigentes sindicales no han comprendido lo destructivo que resulta desestabilizar autoridades cuando requerimos realizar un esfuerzo sin precedentes contra una infección que nos amenaza a todos.

No sorprende por eso que el candidato con mayor intención de voto, George Forsyth, tenga 17% de respaldo, mientras que el antivoto de cuatro candidatos sobrepasa el cincuenta por ciento: Ollanta Humala con 73%, Keiko Fujimori con 71%, Cesar Acuña con 62% y Julio Guzmán con 52%. La principal enseñanza de la última encuesta de IPSOS es que sabemos lo que detestamos pero nos cuesta trabajo creer en alguien. Y más aún, respaldar a alguien.

Desdichadamente la dificultad de creer no se limita a la oferta política y alcanza a los extraordinarios progresos de la medicina. En el mundo entero hay una expectativa por la aplicación masiva de las vacunas aprobadas por las instancias científicas reguladoras y un país como la India se apresta a lanzar un programa de 300 millones de vacunaciones en seis meses. En el Perú, desdichadamente, crece la desconfianza en la vacuna y sube la confianza en un medicamento como la ivermectina, que carece de sustento científico.

Esperemos que la llegada de Joe Biden este miércoles a la presidencia de Estados Unidos marque el inicio de una nueva actitud concertadora en el plano interno y multilateral en el plano internacional. Tan grave como el asalto al Capitolio es que haya un elevado porcentaje de republicanos que sigue creyendo, contra toda evidencia, que Trump ganó las elecciones y que los resultados le fueron robados. Por eso la principal tarea de Biden es restablecer la confianza.

El analista Nicholas Kristof se pregunta en el New York Times si Biden logrará lo que pudo hacer en su momento Franklin Roosevelt: aprovechar las políticas anti-depresión para proponer al país un Nuevo Pacto, el New Deal, que sentó las bases del crecimiento inclusivo después de la Segunda Guerra Mundial. Porque lo logró, algunos lo consideran el más grande presidente norteamericano del siglo XX.

Y aunque no es tiempo de celebraciones, sí vale la pena recordar que hoy se conmemora el 486 aniversario de la fundación española de Lima. Algunos historiadores calculan que cuando llegó Pizarro nuestra capital tenía una población de 200,000 habitantes, cifra que no se volvió a alcanzar hasta el siglo XX. Pero tenía también, gracias a sus tres ríos y a sofisticados sistemas de irrigación y aprovechamiento de las lomas, una superficie agrícola superior a la que tiene actualmente. Lima enfrenta graves problemas de transporte, seguridad, empleo y medio ambiente. Pero tenemos también una larga experiencia de adaptación al Pacífico y a los Andes, lo que nos ha permitido acoger a millones de migrantes que hoy son los nuevos limeños. Para todos ellos, ¡feliz aniversario!

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