Congreso
El Congreso será escenario de un nuevo pedido de investidura. | Fuente: Andina

Por lo menos desde el 2016, cada pedido de confianza de un gabinete ministerial al Congreso se ha convertido en todo un suceso. No es casualidad que sea en ese periodo que se negó la confianza a un primer ministro por primera vez en 20 años: Pedro Cateriano, en 2020, recibió solo 37 votos a favor durante el gobierno de Martín Vizcarra.

Pero hubo desde el 2001 primeros ministros y ministras que no necesariamente han tenido consenso en el Congreso. Durante el gobierno de Ollanta Humala, René Cornejo y Ana Jara necesitaron de terceras votaciones (y de engorrosos procesos de negociación entre ellas) para lograr un respaldo, pues las abstenciones superaban los votos a favor y en contra.

A la exposición de un premier, suelen seguir horas de exposiciones, sobre todo si el personaje no genera consenso en los parlamentarios. Jornadas maratónicas que en total alcanzaron las 21 horas como el debate para finalmente otorgar la investidura a Fernando Zavala (premier de Pedro Pablo Kuczynski) en agosto de 2016; o el tiempo que demoraron en hablar los congresistas para dar su respaldo a Guido Bellido (también votaron al día siguiente) son solo algunos ejemplos.

Paradójicamente, la desconfianza parece ser el ingrediente principal de este capítulo repetido de la política peruana protagonizado por el Ejecutivo y el Legislativo.

Mirtha Vásquez
Mirtha Vásquez acude al Congreso de la República a exponer su plan de trabajo y solicitar la confianza del Parlamento. | Fuente: Andina

Las razones de una crisis permanente

¿Qué ha pasado con nuestro sistema de partidos políticos para que, hoy en día, el pedido de investidura provoque tanta incertidumbre y esté precedido de un sinnúmero de conversaciones e intentos de consenso? No tener organizaciones políticas fuertes, sobre todo cuando una de ellas llega al poder, es una de las razones.

"El voto de confianza, lamentablemente, no ha generado [históricamente] una confianza real, esa que se entiende como una colaboración entre poderes [del Estado]. Es el escenario en el que dos poderes que no trabajan en conjunto y que, de hecho, tienen algunos conflictos, vuelvan a encontrarse. Es por eso que genera tanta incertidumbre", comenta la politóloga Katherine Zegarra.

Si bien pareciera que vivimos en una crisis política permanente desde hace algunos años, durante las Elecciones 2021 la polarización llegó al límite. Esto provocó, en opinión del analista político Gianfranco Vigo, que Perú Libre llegara al gobierno con una bancada que amenaza con separarse y una oposición robusta que desde el Congreso busca hacer el contrapeso.

Esta realidad ha sido el caldo de cultivo perfecto para que rebalse la informalidad de nuestra clase política y el futuro, en opinión del especialista, podría no ser bueno. "Creo que el único escenario optimista para este gobierno es la crisis política permanente, mientras pasan cinco años con un desempeño mediocre en cuanto a los cambios que propuso o las políticas públicas que pueda impulsar. Para mí ese es el escenario más optimista, porque después... las tensiones, las divisiones (reales o no) y las apuestas radicales solo generarán más caos e incertidumbre".

Pero no toda la responsabilidad recae sobre el gobierno de turno. En los últimos años, el Congreso también ha jugado su papel en la crisis política. La aprobación por insistencia de la Reforma Constitucional que regula la Cuestión de Confianza así lo demuestra, en opinión de los especialistas.

"[Aprobar por insistencia las normas o leyes] no creo que sea la forma [correcta] de que [los congresistas] ejerzan su cargo si se está vulnerando la gobernabilidad y el contrapeso de los poderes. Desde que Mirtha Vásquez ha ingresado, lo que ha buscado ha sido el consenso. Sin embargo, la misma bancada de Perú Libre no pretende darle la cuestión de confianza y eso me parece preocupante, porque en estos momentos necesitamos trabajar todos juntos", sostiene la especialista en gestión pública Teresa Santillán.

La política peruana enfrenta una de sus crisis más profundas, una que demanda políticos que estén a la altura de generar consensos para lograr la gobernabilidad y, por consecuencia, el bienestar de todos los peruanos.