La iniciativa propone listas electorales con un 50% de hombres y un 50% de mujeres. Además, sugiere que el orden se alterne por género, lo que evitaría segregar candidatas en los últimos lugares. | Fuente: Andina

Uno de los proyectos para la reforma política que se debate en la Comisión de Constitución del Congreso está referido a la democracia interna de las organizaciones políticas. Sus claves son las siguientes: elecciones primarias, eliminación del voto preferencial, y paridad y alternancia en las listas de candidatos. Esta última aplicaría para las postulaciones al Parlamento, a los consejos de gobiernos regionales y a los concejos municipales.

Establecer la paridad obligaría a los partidos y movimientos políticos a tener listas electorales con un 50% de candidatos hombres y un 50% de candidatas mujeres para inscribirse. Además, con la alternancia, los aspirantes serían presentados en orden variado por género, a manera de garantizar que ninguno de los géneros acapare los primeros lugares de las listas. El proyecto de ley (N° 4187/2018-PE) también exige cargos paritarios en la dirección de las organizaciones políticas.

¿Por qué "paridad y alternancia"?

Paula Muñoz Chirinos, politóloga y ex integrante de la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política, explicó a RPP Noticias que la iniciativa busca revertir el mal uso de la cuota de género que existe en la política peruana desde hace 22 años. “A pesar de que con la cuota se aspira a que un mínimo de 30% de nuestros representantes sean mujeres, en la práctica se eligen menos. Las mujeres somos el 50%, casi el 51% de la población peruana y, sin embargo, estamos subrepresentadas en la política. Las cuotas no están funcionando”, sostuvo.

La cuota de género en los procesos electorales fue introducida en el Perú por primera vez en octubre de 1997, con la modificación de la Ley Orgánica de Elecciones y de la Ley de Elecciones Municipales. En ese momento, se estableció una cuota mínima de 25% de mujeres en las listas de candidatos para la inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). En el 2000, la cuota requerida subió a 30% y se estableció solo para las elecciones al Congreso de la República. Entre el 2002 y el 2004, la misma proporción mínima de 30% se extendió a las elecciones municipales, regionales y las del Parlamento Andino.

Como lo muestra el último Informe N° 006-2019-DP-ADM de la Adjuntía para los Derechos de la Mujer de la Defensoría del Pueblo, la cuota de género a favor de candidatas mujeres nunca ha tenido los resultados esperados desde su implementación de 25% en 1997 y su aumento a 30% en el 2001.

De hecho, el número de congresistas electas nunca ha sido mayor de 36. En un seguimiento a los resultados de las últimas cuatro elecciones parlamentarias, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) señala que, de 120 congresistas, solo 22 eran mujeres para el periodo 2001-2006. La cifra aumentó a 35 para 2006-2011, pero bajó nuevamente a 28 para los comicios siguientes. En el último proceso electoral 2016-2021, ingresaron solo 36 legisladoras (de 130 congresistas); un número que subió a 39, luego de que tres ingresaran como accesitarias (reemplazantes). 

Muñoz señaló que la propuesta de la alternancia es tan importante como la de la paridad, pues juntas eliminarían las distorsiones de la cuota. “Con la alternancia se busca erradicar este problema que se ha detectado con el funcionamiento de las cuotas. Al momento de decidir el orden de las listas de candidatos, los movimientos regionales o los partidos políticos tienden a colocar a las mujeres en los últimos lugares de la lista, reduciendo de esa manera la probabilidad que tienen de salir elegidas efectivamente”.

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, en las últimas elecciones generales de 2016 se presentaron un total de 1,270 personas candidatas al Congreso. De ellas, el 61% (773) eran hombres y el 39% (497), mujeres. En las 229 listas, la posibilidad de la minoría se redujo aún más, pues solo el 22% de las candidatas fueron ubicadas en los primeros lugares. El 78% restante, compuesto por candidatos hombres, encabezó dichas listas. Tras los comicios, la repartición de los 130 escaños resultó en un 28% de parlamentarias y un 72% de legisladores.

La institución detectó desventajas similares en otros procesos electorales, como los regionales y municipales de 2014 y 2018. Además, en el informe de Adjuntía se recuerda que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) viene alertando al Estado peruano desde 1990 sobre la infrarrepresentación de las mujeres en los espacios de actividad política y otros cargos altos dentro de la Administración Pública.

Cuestionamientos

Para el analista Jaime de Althaus Guarderas, los mecanismos como la paridad y la alternancia no son efectivos e incluso podrían afectar la meritocracia. “Los partidos que no tengan suficientes candidatas mujeres y tengan que reclutar mujeres para poder llenar la cuota, probablemente buscarán personas no por méritos, sino simplemente para llenar el cupo. Entonces, evidentemente ahí no hay meritocracia”, dijo a RPP Noticias.

De Althaus sostuvo, además, que la cuota de 30% "ya genera dificultades" porque puede no haber suficientes mujeres dispuestas a hacer política. “La ley ya obliga que haya por lo menos un 30% de candidatas mujeres e incluso así puede haber dificultades para encontrar ese 30%. Y el problema es que los partidos terminan poniendo a personas que son completamente desconocidas o que no tienen los méritos. Es cuestión de crear conciencia, desarrollar una cultura cada vez más proclive a la participación de la mujer.  No mediante este tipo de medidas, no mediante una facilitación un poco artificial”.

El ex presidente del Tribunal Constitucional, Óscar Urviola Hani, descarta que una norma que establezca la paridad contravenga la Constitución. “No hay ningún impedimento de tipo constitucional. Desde el punto de vista constitucional están permitidos estos mecanismos de participación ciudadana para establecer cuotas que, en nuestro ordenamiento jurídico, han sido cuotas que se han incrementado de manera gradual hasta llegar al límite que tenemos ahora, de 30%”.

No obstante, el exmagistrado advierte que sí pueden presentarse situaciones confusas y que será necesario ajustar el texto del proyecto. “Hay algunas dificultades que yo las vería del punto de vista práctico y que, en su aplicación, podría generar algunas distorsiones y quizá hasta afectación al principio de igualdad que consagra la Constitución. Por ejemplo, establece que ‘los resultados de las elecciones internas son obligatorios para determinar los candidatos y su ubicación en la lista’. Esta parte, me parece, colisiona con el tema de la alternancia porque si en la elección interna se obtiene como resultado, por ejemplo, el apoyo mayoritario para cuatro mujeres, esa votación quedará alterada para respetar la alternancia. Entonces, ahí habría un resultado contraproducente”.

Por otro lado, Urviola sugirió que sí se podría alegar una obstaculización para la meritocracia. “La meritocracia es un concepto amplio. Si bien las elecciones universales que no se vinculan a la evaluación de conocimientos, sí se basan en el reconocimiento público que puede haber recibido en una votación un determinado candidato. Ese es un mérito”, indicó para este informe de RPP Noticias.

Lo que pasaba sin la cuota

El último miércoles, en RPP, la primera mujer en Perú en ocupar los cargos de presidenta del Consejo de Ministros y de defensora del Pueblo, Beatriz Merino Lucero, defendió la paridad alternada y las cuotas de género como mecanismos para impulsar la participación femenina en la función pública y en la política.

"Cuando yo nací, ni mi madre ni yo éramos ciudadanas. Mi madre no podía elegir ni ser elegida. Miren cómo ha cambiado -en una generación o en dos- la vida de las mujeres. Hace 22 años, empezó el tema de la cuota. Si alguien me quiere decir a mí que la cuota no funciona, yo le diré que, en mi caso personal, he sido beneficiaria de ella en dos oportunidades muy importantes de mi vida", dijo Merino en el programa Ampliación de Noticias.

Una de las oportunidades a las que se refirió la exfuncionaria tenía que ver con su contratación en una empresa multinacional tras graduarse como magíster en Derecho en la Universidad de Harvard. Era 1979. "El gerente norteamericano que se sentó frente a mí, después de que me había hecho la oferta y yo le había aceptado, me dijo esta frase: 'Si usted fuera negra, sería perfecta'. Yo me quedé absolutamente asombrada de la frase. No entendí. ¿Por qué la dijo? Porque, en el momento en el que él estaba firmando, ya había llenado dos cuotas: yo era mujer y era hispana".

La otra anécdota que Merino compartió había ocurrido en Perú, cuando postuló para senadora de la República en las elecciones de 1990. "Yo creo que fui la única mujer que se presentó en el partido político [en realidad, fue una de las tres que postularon al Senado por el Frente Democrático - Fredemo, de Mario Vargas Llosa]. Sin embargo, me dieron el puesto 24 y creo que solo entraron 20. Si no hubiese sido por el voto preferencial, yo no hubiera entrado nunca a la vida pública".

Cuando Merino candidateó al Senado, no existía ninguna cuota reglamentaria a favor del ingreso de mujeres en la política. La ausencia de esta regla tiene correlato en las cifras históricas. En el Congreso bicameral, para el periodo de 1980-1985, solo hubo dos mujeres senadoras (dentro del total de 60 integrantes en esa Cámara Alta). El resultado se repitió en 1985-1990 y apenas se duplicó a cuatro senadoras desde 1990 hasta el autogolpe de Estado de 1992. En esos mismos periodos, los números de diputadas (Cámara Baja) fueron de 13,10 y 12, respectivamente, de un total de 120 diputados.

Posiciones públicas

A inicios de junio, la congresista de la República y accesitaria de la Comisión de Constitución, Karina Beteta Rubínreiteró su desacuerdo con la paridad de género. "Yo voy a seguir en contra de la paridad. Creo que no se les puede imponer a las mujeres y obligarlas a participar en la vida política", declaró al periodista Christopher Acosta, de LatinaMaría Isabel León Klenke, actual presidenta de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), también se mostró en contra de este mecanismo de acción afirmativa a favor de las mujeres. “Me parece que poner un 50% de hombres y mujeres y alternancia de hombres y mujeres forzoso, además obligatorio, limita el derecho de la libertad porque podríamos tener un partido donde haya más mujeres o donde haya más hombres o donde podría haber solamente mujeres. A mí, particularmente, los temas de cuotas drásticos no me satisfacen y siempre digo que las mujeres llegamos a donde queremos llegar porque nos interesan los temas o no”, expresó en Canal N.

En debate en el diario El Comercio, la congresista y titular de la Comisión de Constitución, Marisa Glave Remy indicó, cifras de ONPE en mano, que la paridad y la alternancia son necesarias. "En los cargos de decisión no estamos. En las municipalidades distritales, solo el 5% están lideradas por mujeres. En el caso de las municipalidades provinciales, no llegamos ni al 4% de mujeres que encabezan los gobiernos provinciales. Gobiernos regionales: cero. Ni una sola mujer está representada. Y se dice que esto tiene que ver con el hecho de que las mujeres no quieren participar en la vida política o que no hay tantas. Y eso es falso: del universo de personas inscritas en partidos políticos, 47% somos mujeres. Prácticamente, la mitad de la militancia son mujeres. El problema es que, una vez que empezamos a llegar a los cargos de dirección, comienza a reducirse el porcentaje de presencia de mujeres".

La congresista sostuvo que, con la eliminación del voto preferencial y la implementación de la alternacia en listas paritarias, será posible evitar que las mujeres sean colocadas en orden desfavorable. 

En el mismo intercambio, el parlamentario Gino Costa Santolalla -también titular de Constitución- estimó que la paridad alternada "va a ayudar a darle mejores posibilidades de llegar al Congreso y a cargos de representación popular a las mujeres y, de esta manera, empezar a corregir o seguir avanzando en corregir las grandes desigualdades que afectan a las mujeres, los problemas de violencia y la falta de representatividad en los cargos de decisión pública". El congresista Jorge del Castillo Gálvez, por su parte, dijo estar de acuerdo con la paridad, pero opinó que podría ser contradictoria con la meritocracia. "Hay que repensar el tema", afirmó.

¿Realmente afectaría la meritocracia?

Paula Muñoz explica que no existe una contradicción entre la paridad y la meritocracia. Además, recuerda que el sistema de méritos actual es desigual para las mujeres y que, en el espacio político de elección popular, no se miden necesariamente las capacidades de los candidatos.

“El argumento sobre la meritocracia es falaz. Por un lado, se podría discutir cómo el piso ya está desnivelado para las mujeres. Dejando eso de lado, ese argumento de la meritocracia no tiene sentido en este caso porque estamos hablando de la democracia y la democracia habla de un sistema de representación que busca garantizar la participación de toda la ciudadanía. El criterio aquí no es de evaluación de postulantes, sino de representación”, precisó. 

Muñoz señaló a RPP Noticias que la aprobación de esta norma permitiría reforzar el papel de las mujeres como decisoras políticas, además de derribar estereotipos de género que las limitan a otros espacios de menor protagonismo. La politóloga también explicó que la inclusión de más mujeres en el Congreso a través del mecanismo de la paridad alternada generaría más políticas públicas con enfoque en las necesidades de las peruanas, aunque reconoció que el solo ingreso de más parlamentarias no es una garantía de ello. "La representación descriptiva es un primer paso. Tener más mujeres no necesariamente garantiza que inmediatamente se va a conseguir una mejor representación sustantiva en los temas de fondo que nos afectan a las mujeres porque también pueden llegar mujeres que no están tan conscientes de la desigualdad de género y no priorizan esa agenda. Pero, por lo menos, ya tener más mujeres representando y tomando decisiones es muy importante para el país porque es romper con la idea de que el espacio público o el espacio político es predominantemente o exclusivamente masculino".

Consultado sobre este mismo aspecto, el investigador en Economía y especialista en temas de Género, Hugo Ñopo Aguilar, señaló que la “meritocracia” que tenemos actualmente no es un sistema que garantice justicia ni igualdad de oportunidades. “Esta meritocracia a la que nos referimos es una falsa meritocracia. No pone a todos a competir por iguales. En el caso de hombres y mujeres, vemos que unos están de un lado de la cancha y compiten cuesta arriba, mientras que otras van cuesta abajo o tienen menos chances de escalar pese a tener el mismo talento y la misma capacidad”.

Ñopo también indicó a RPP Noticias que una sola ley en favor de la paridad no es necesariamente suficiente para acabar con la inequidad de género en la política y que, sin embargo, tenerla es relevante por el impacto en las aspiraciones de otras mujeres ciudadanas. “El desequilibrio en que nos encontramos hoy es el resultado de varios siglos de creencias que se han ido consolidando en el tiempo. Quebrarlo no va a ser inmediato. No creamos -sería iluso creer- que esta ley va a resolver los problemas de la noche a la mañana. Ni la ley sola va a resolver las cosas -o sea, va a tener que venir acompañada de mucho más trabajo y propuesta de cambio- ni las cosas van a cambiar inmediatamente. Esto va a tomar un tiempo en procesarse y funcionar. No obstante, ya sería un gran paso que más mujeres participen activamente en política porque eso genera efectos en las niñas y en otras mujeres que se van a sentir representadas. Serían niñas que reten el techo y que se verían motivadas a seguir compitiendo por más espacios donde antes eran impedidas u obstaculizadas de participar. Esto abre más caminos para generaciones futuras".

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