El presidente se refirió a la venta de oxígeno medicinal.
El presidente se refirió a la venta de oxígeno medicinal.

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Poco a poco los temas económicos y sociales se vuelven más importantes que los estrictamente sanitarios. La evolución fue patente en la conferencia de prensa ofrecida ayer por el presidente de la República. El anuncio más esperado fue la publicación del Decreto Supremo que oficializa la Fase 2, que deja atrás el período de contención para dar paso al de reanudación de actividades económicas, que según Vizcarra llegarán al 80% de lo que producíamos antes del Estado de Emergencia. Más que la incorporación de nuevos sectores productivos, lo que destaca es la modalidad adoptada para autorizar el reinicio de actividades: ya no se tendrá que esperar la autorización explícita del Estado, que como sabemos, da pie a que funcionarios puntillosos o pusilánimes conviertan cada trámite en un parto de los montes. Acogiendo los planteamientos del sector privado, las empresas podrán recomenzar el trabajo después de registrarse en el Plan para la vigilancia, previsión y control de COVID-19, sin tener que esperar respuestas formales ni certificaciones múltiples.

Parece un pequeño detalle, pero hay toda una filosofía que cambia: la premisa es la confianza en la responsabilidad del empresario y no la exigencia de que cada uno pruebe por adelantado que es merecedor de la confianza del Estado. Esperemos que la Fase 2 dé un verdadero impulso a la Economía, porque no hay mejor manera de reducir la pobreza que creando empleo. El Estado debe regular, pero ya sabemos que las regulaciones excesivas producen el efecto contrario.

Parte de las palabras más duras las pronunció Vizcarra contra “los que quieren aprovecharse de la pandemia para obtener beneficios indebidos”. Bajo ese concepto incluyó los presuntos cobros excesivos de clínicas privadas para realizar pruebas de despistaje, así como la especulación con el precio del oxígeno. En ambos casos, la palabra final la tienen los organismos de control y nadie debería sacar conclusiones políticas ni contra el libre mercado ni contra la sana regulación.

Pese a todo, importa recordar que todavía no hemos dejado atrás las crudas cifras de la pandemia. Desde hace días el número de muertos no baja de 120 y ayer llegamos a la cifra acumulada de 5031. También el número de infectados en camas UCI ha superado los mil. Pueden ser atendidos gracias al esfuerzo notable para aumentar equipos en nuestros hospitales. Nadie debería sentirse alentado a relajar la disciplina y menos en un momento en que los servicios hospitalarios se hallan al límite de su capacidad.

Como se ha hablado tanto por razones penosas del Ministerio de Cultura, conviene recordar que una de sus tareas es la puesta en valor de nuestro extraordinario patrimonio arqueológico. No podemos visitar presencialmente los abundantes sitios, pero sí hacerlo a través de las plataformas digitales. Es el momento de recorrer el Perú sin movernos de nuestras casas, de admirar la manera como nuestros ancestros supieron adaptarse a la diversidad de un territorio que cuenta con casi todos los ecosistemas que existen en el mundo. La Arqueología es hoy un oficio que utiliza tecnologías inimaginables hace pocos años. Ha quedado atrás la época en que tenaces exploradores debían abrirse camino con machetes para descubrir restos de la presencia humana.

El ejemplo más impresionante lo acaba de dar un equipo internacional en el sur de la península de Yucatán, donde se ha encontrado, desde el aire, el más antiguo sitio maya. Todo gracias a la técnica llamada LIDAR, rayos laser disparados desde un dron cuyo rebote permite reconstruir el relieve de lo que la selva ha ocultado durante siglos. El sitio de Aguada Fenix está destinado a ser una de las grandes referencias de la arqueología americana. En nuestro país, el arqueólogo Luis Jaime Castillo fue precursor del uso de drones en la investigación de nuestro patrimonio. Se lo podamos agradecer digitalmente durante este fin de semana y presencialmente, cuando termine la cuarentena.

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