Perú: dos pueblos luchan por la conservación al pie del nevado Ausangate

Un territorio de 81 000 hectáreas que incluyen nevados, lagunas y una alta biodiversidad formarían parte de la nueva área de conservación regional propuesta en la región Cusco. La crianza de alpacas y vicuñas es la principal actividad de las comunidades que rodean la cadena de nevados Ausangate, labor que sería potenciada con la creación de la ACR.

El nevado Ausangate es parte de la cadena de glaciares que eran parte de la propuesta de ACR que se planteaba desde el 2008. Tras la consulta previa, zonas como esta tuvieron que ser retiradas. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Yvette Sierra Praeli

(Mongabay Latam / Yvette Sierra Praeli) Ruth le canta a las vicuñas. Y en su canto en quechua, describe a los camélidos que se lucen en los Andes peruanos, en los cerros y en las pampas al pie del nevado Ausangate, en el Cusco. Aunque en su canto no habla de las alpacas, Ruth confiesa que son en realidad sus favoritas, son parte de su vida y su familia depende de ellas.

“Me siento orgullosa de ser alpaquera”, me dice luego de cantar a más de 4000 metros de altura, junto a sus campos de cultivo, donde siembra papa y maíz. Lleva una hermosa chaqueta roja, decorada con tejidos de alpaca, y un sombrero con adornos hechos de la misma fibra. Ella los teje. También hace ponchos, chullos y chompas. Me cuenta que lo que más le gusta de criar a sus animales es llevarlos a las ferias agropecuarias y mostrar sus hermosos ejemplares. Quiere, además, presentarlos algún día en el extranjero. “Mi sueño es salir adelante con mis alpacas. Ir lejos. Poco a poco, quiero salir a ferias internacionales. Eso me gustaría”, dice.

Ruth Mamani, su esposo Fredy Chuquichampi y sus hijos José Gabriel y Taywa Paolo viven en la comunidad de Sallani, a 4978 metros de altura, rodeados de alpacas. Para ellos criar a estos camélidos sudamericanos se dio como algo natural, estaban allí y solo buscaron la manera de dinamizar su economía a partir de la venta de la fibra. Lo mismo hicieron el resto de comuneros de la zona. La familia de Ruth cuenta hoy con más de 100 alpacas y no imaginan una vida sin ellas.

Pero para esta familia de alpaqueros también queda espacio para pensar en la conservación. Por eso participan en actividades que buscan proteger y manejar a las vicuñas, una especie protegida por el Estado peruano que se encuentra en situación de vulnerabilidad.

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El sueño del área de conservación

A lo pobladores de Sallani y Phinaya no hay que convencerlos, saben muy lo que quieren: conseguir que el Estado declare la creación del Área de Conservación Regional (ACR) Ausangate. Son los dos únicos pueblos que, tras un proceso de consulta previa, han apostado por la conservación de aproximadamente 81 000 hectáreas de territorio en los Andes peruanos.

Los camélidos sudamericanos pasean libremente en la puna, muy cerca a los nevados. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Yvette Sierra Praeli

Basta mirar el espacio propuesto para entender por qué quieren cuidar ese rincón biodiverso. El paisaje imponente deslumbra de inmediato. Atravesar las montañas observando la cadena de nevados del Ausangate como telón de fondo es todo un privilegio. Las vicuñas y alpacas se desplazan sin sentirse amenazadas. Variedades como la huacaya y suri, en el caso de las alpacas, están en todos lados.

Esta es la razón por la que el desarrollo de proyectos de mejoramiento de camélidos será una prioridad con el establecimiento del ACR Ausangate, señalan quienes apuestan por esta figura de conservación territorial. Efraín Samochuallpa, director de la sede del Cusco de la ONG Conservación Amazónica (ACCA), es uno de ellos. “La principal preocupación del Gobierno Regional del Cusco debe ser el desarrollo de un Proyecto de Inversión Pública (PIP) para atender el tema ganadero en el área de conservación”, explica el director de ACCA, organización que lidera la asistencia técnica para la creación del área protegida.

El mejoramiento de los pastos para la alimentación de alpacas, vicuñas y llamas, la investigación genética para el desarrollo de las variedades de estas especies, así como la capacitación para que los pobladores locales puedan dedicarse a la crianza de camélidos son algunas de las propuestas que se pondrían en marcha tras la creación de la la nueva zona protegida.

Ruth Mamani, de la comunidad campesina de Sallani, se siente orgullosa de ser alpaquera. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Yvette Sierra Praeli

Miguel Ángel Atausupa, gerente regional de Recursos Naturales y Gestión del Medio Ambiente, sabe que es el Estado el que debe asegurar la sostenibilidad de la nueva ACR. Recuerda, además, que la región Cusco cuenta con el Sistema Regional de Áreas de Conservación (SIRAC), aprobado en el año 2012, una normativa que permite contar con un fondo común para todas las ACR de la región. Este mecanismo hace posible reunir fondos del Estado y sumar a la cooperación internacional para financiar la protección de las áreas de conservación regional.

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Aliadas de la conservación

En la entrada a la comunidad de Phinaya, un letrero anuncia que hemos llegado a la ‘Capital de los camélidos’. La cantidad de estos animales desplazándose a sus anchas por el área lo confirman. Se trata de un pequeño pueblo localizado a casi dos horas de Pitumarca y por lo menos tres horas de Sicuani, capital de la provincia de Canchis.

Phinaya es el pueblo más alto y alejado de la provincia. Pero el más cercano al cerro tutelar de la comunidad: el nevado Quelccaya. Los pobladores se sienten agradecidos de vivir tan cerca de este apu. Saben que los protege. Ellos son testigos, además, de cómo el imponente Quelccaya va perdiendo cada año una parte del manto blanco que la cubre producto del retroceso glaciar.

Si se llega a Phinaya a las 11 de la mañana, es posible que más de uno piense que se trata de un pueblo fantasma. Muy pocas personas están en el pueblo. La mayoría se ha ido a ver a sus alpacas.

El artículo original fue publicado en Mongabay Latam. Puedes leerlo aquí.

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