automedicación
La resistencia a los antibióticos se produce cuando las bacterias mutan en respuesta al uso de estos fármacos. | Fuente: Shutterstock

Solemos utilizar medicamentos para aliviar nuestros dolores de cabeza, problemas gástricos, para aliviar la tos, nuestras alergias y cuando nos son útiles los recomendamos a nuestros familiares y amigos sin tener conocimientos médicos. Sin embargo, la automedicación es un hábito común en nuestra sociedad que puede poner en riesgo nuestra salud y la de nuestros seres queridos.

Actualmente, la coyuntura de la COVID-19 ha causado incertidumbre y apuro por protegernos de esta enfermedad, exponiendo a los ciudadanos al riesgo de consumir inadecuadamente productos que incluso pueden ser tóxicos. Asimismo, desde el inicio de la pandemia, las redes sociales y fuentes no oficiales han favorecido la rápida expansión de noticias falsas que recomiendan prácticas sin evidencia científica. Las mismas van desde inofensivas recetas caseras hasta el consumo dióxido de cloro, un químico de uso industrial altamente irritante para el organismo humano.

Por el contrario, entre los principales riesgos que corre una persona tras hacer uso irracional de medicamentos, se encuentran la posibilidad de anular los efectos de otros medicamentos, enmascarar enfermedades más graves y retrasar su diagnóstico, generar resistencias, no saber si está consumiendo la dosis adecuada y la aparición de reacciones adversas, lo que puede incrementar el riesgo de morbilidad y mortalidad.

¿Por qué auto administrarse antibióticos puede ser contraproducente?

Los antibióticos son medicamentos elaborados para actuar frente a las bacterias que producen infecciones. De esta manera, según la patología y las recomendaciones de los médicos, estos medicamentos tienen un tiempo determinado de consumo, ya sea en cuanto a la duración del tratamiento como a cuantas veces por día debe ingerirse.

La situación más común en la automedicación es la compra indiscriminada de antibióticos frente a síntomas de enfermedades como gripes, resfríos y diarreas, que al ser ocasionadas por virus y no por bacterias, no necesitan ser tratadas con antibióticos. Por el contrario, esto tendría como consecuencia, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que muchos gérmenes se hagan resistentes a los antibióticos, teniendo como resultado tratamientos ineficaces, caros y efectos indeseados en la salud de la población.

Cuando se usan en forma indiscriminada, una de las posibles consecuencias es la resistencia a los antibióticos, por lo que ante una nueva infección deberá usarse un antibiótico más potente, con mayores efectos adversos y que aumente el riesgo de mortalidad. Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a la población general trabajar las siguientes medidas para reducir la propagación de las infecciones:

- Tomar antibióticos únicamente cuando los prescriba un profesional sanitario certificado.

- No pedir antibióticos si los profesionales sanitarios dicen que no son necesarios.

- Seguir siempre las instrucciones de los profesionales sanitarios con respecto al uso de los antibióticos.

- No utilizar los antibióticos que le hayan sobrado a otros.

- Prevenir las infecciones lavándose frecuentemente las manos, preparando los alimentos en condiciones higiénicas, evitando el contacto cercano con enfermos, adoptando medidas de protección en las relaciones sexuales y manteniendo las vacunaciones al día.

- Preparar los alimentos en condiciones higiénicas, tomando como modelo las cinco claves para la inocuidad de los alimentos de la OMS (mantener la limpieza; separar alimentos crudos y cocinados; cocinar completamente; mantener los alimentos a temperaturas seguras; y usar agua y materias primas inocuas), así como elegir alimentos para cuya producción no se hayan utilizado antibióticos con el fin de estimular el crecimiento ni de prevenir enfermedades en animales sanos.

En el caso de la COVID-19, también circula mucha información sobre el efecto de los antibióticos para curar la enfermedad. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aclarado que estos productos no son eficaces para combatir este virus, ya que al ser una afección causada por el virus SARS-CoV-2 no puede tratarse con medicamentos usados para combatir afecciones bacterianas.