La pobreza está de regreso

El último Informe del Panorama Social de América Latina (CEPAL-2019) muestra que los pobres han aumentado durante los últimos cinco años en 17 millones. Y los pobres extremos en 26 millones. Todo antes que llegue la crisis del Gran Confinamiento.

La pobreza está regresando al Perú y a América Latina. Luego de un largo e importante ciclo de disminución. Entre el 2002 y el 2014 descendió del 45.4% al 29.1%. La pobreza extrema pasó del 12.2% de la población al 7.8%. A partir del 2015 esta curva de disminución de la pobreza se está revirtiendo.

El último Informe del Panorama Social de América Latina (CEPAL-2019) muestra que los pobres han aumentado durante los últimos cinco años en 17 millones. Y los pobres extremos en 26 millones. Todo antes que llegue la crisis del Gran Confinamiento.

Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI, con pocas palabras y mucha contundencia, ha fotografiado la recesión económica que ha producido la pandemia. La economía mundial decrecerá este año en -3%. Una recesión mucho mayor que la de la crisis financiera del 2008-2009.  Su único antecedente es la gran depresión de 1929.  La crisis en América Latina y el Perú será mayor que el promedio mundial. El PBI regional se caerá en -5.2% y la economía peruana en -4.5%. Igual que Chile y más que Colombia (-2.4) y Bolivia (-2.9).

Estas proyecciones, en sí mismas desastrosas, son el mejor escenario. Georgieva, en su informe sobre la economía mundial y la COVID-19, ha enfatizado el carácter incierto de esta proyección. Dependerá de que se controle la propagación del virus en el primer semestre de este año y que a partir de julio la actividad económica entre en una dinámica de normalización. Si esto no ocurre y la lucha contra la infección se prolonga en el segundo semestre, el FMI pronostica una caída de la economía mundial en un -6%. Y si esta situación se prolonga al primer semestre del 2021, el crecimiento negativo del PBI mundial llegaría al -8%.

Dentro de las proyecciones del mejor escenario, la crisis del Gran Confinamiento tiene ya efectos muy graves en el mercado del trabajo y por ende en las proyecciones de aumento de la pobreza. La Organización Internacional del Trabajo ha indicado que actualmente están afectados 2700 millones de trabajadores. Aproximadamente el 80% de la fuerza de trabajo mundial. Según sus proyecciones, en el segundo semestre habrá una reducción del empleo del 6.7%.  Afectará a 195 millones de trabajadores.

Las actividades que son las mayores víctimas de la recesión son justamente aquellas que en el Perú concentran a la población económicamente activa: comercio al por mayor y menor, turismo, transporte, educación, actividades de alojamiento y servicios de comidas, industrias manufactureras, servicios. Dado el peso que en América Latina y el Perú tiene la economía informal y las micro y pequeñas empresas en el mercado laboral, el porcentaje de la población laboral en riesgo de perder sus ingresos es el mayor del mundo (43.2%).

En este escenario, la pobreza se incrementará de manera galopante en la región. Sobre la base de una disminución del 5% de los ingresos, que ya aparece como conservadora, la CEPAL ha hecho una primera proyección. La pobreza crecerá como mínimo en 3.5 puntos porcentuales. Y la pobreza extrema en 2.3. En América Latina, a fines del 2020, en el mejor escenario de los elaborados por el FMI, la pobreza y la pobreza extrema   habrán aumentado al 33.8% y al 13.3%. La gobernabilidad democrática está avisada.

| Fuente: Andina

Para el Perú la CEPAL ya había proyectado un aumento de la pobreza antes de la epidemia. El INEI estableció -para el 2018- que el 20.5 de la población -seis millones 593 mil personas- se encontraba en situación de pobreza (con ingresos monetarios de menos de 344 soles). La pobreza extrema (ingresos mensuales menores a 183 soles) ligeramente menor que en el 2017.  Sin embargo, observó que la pobreza aumentó -en su estimación superior- en Lima Metropolitana, la costa, la sierra, la población urbana en general y particularmente en la costa rural y la sierra urbana y rural. En esta llega al 48% de la población.

Pero la pobreza en el Perú no es homogénea. Es también desigual. En Cajamarca afecta entre el 37.4% y el 45.3% de la población. Prácticamente, uno de cada dos cajamarquinos es pobre. En Amazonas, Loreto, Huánuco, Pasco, Huancavelica, Ayacucho y Puno los pobres son entre el 32.9% y el 36.2%. La desigualdad está cruzada también por la discriminación étnica. La población pobre que habla quechua, aymara o lenguas amazónicas es el doble de los que hablan castellano. En la sierra se concentra el 70.4% de la pobreza. El INEI proporciona además un dato que compromete el futuro. Del total de niños y adolescentes, más del 28% son pobres.

Si la línea de pobreza se ubicase en ingresos de cinco dólares al día (más razonable que el método de 3 dólares diarios), el número de pobres se acercaría más a la realidad que cotidianamente vemos en el país. La CEPAL se ha aproximado a esta visión más realista de las condiciones de vida de la pobreza, con análisis de la estratificación de las clases medias emergentes. Que se han incrementado con el crecimiento sostenido.  En realidad, no se trata de una clase media homogénea. Son varias clases medias. Con ingresos bastante distintos. Los estratos sociales de quienes poseen bajos ingresos, pero no son inferiores a los 183 soles al día (son casi pobres), los sectores con ingresos intermedios y los de la clase media con ingresos altos.

La suma de la población pobre y la de ingresos bajos pero no pobres comparte una situación vital con carencias. En distinto grado y dimensión. Y asciende al 72.6%. Si se añade a los sectores medios intermedios, hablamos del 93.2%. La clase media alta y la alta son solo el 6.8% de la población. 

Quien sufre más el impacto de la pandemia en términos económicos, sociales y sanitarios es ese 72.2% de pobres y clase media de ingresos bajos. Esta es la realidad. En ellos deben priorizarse las respuestas a la emergencia social.

La crisis es bastante grave. Y sabemos que puede ser peor. Dependerá de la capacidad del gobierno para aplanar la curva de la infección. Hasta ahora bastante eficaz. Salvo en la adquisición y disponibilidad de equipos sanitarios (tests de diagnósticos, respiradores, camas de urgencia y máscaras). De la población para responder con el esfuerzo de disciplina y sujeción a la ley. Y de las fuerzas políticas que deben concurrir a construir consensos nacionales.

La tarea es inmensa. Pero los caminos están establecidos. Una adecuada estrategia de confinamiento, distanciamiento social y atención hospitalaria. Manejo de la recesión económica con préstamos y asistencia financiera a las empresas nacionales. Y transferencias directas a los trabajadores formales, informales e independientes. Destinar a estas tareas el 12% del PBI no tiene precedentes en el Perú.

Más allá de las respuestas a la emergencia sanitaria, económica y social, la pandemia compromete las estrategias de desarrollo en el corto, mediano y largo plazo.

Recuperar el crecimiento a partir del 2022 a tasas por encima del 4%, aminorar y revertir el crecimiento de la pobreza, demanda una nueva visión de la economía nacional. Reemplazar el paradigma del crecimiento por el del desarrollo económico y social. Una diversificación productiva realista, donde las PYMES tengan un papel central. A ellas debe ir prioritariamente el financiamiento y la transferencia de tecnología desde el Estado. Se requiere también un pacto económico y social entre la minería, el medio ambiente y las condiciones de vida de los pueblos. Evidentemente una revalorización de la integración regional. Y, con urgencia, el establecimiento de una renta básica universal, que incluso absorba sin burocracia los actuales programas de transferencia directa, como JUNTOS y Pensión 65.

 

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