Platón y Aristóteles en el siglo XXI

Estimo que los seres humanos hemos tomado conciencia de que el gobierno de la cosa pública (tanto a nivel doméstico como internacional) es una dimensión absolutamente relevante para nuestras vidas concretas y las generaciones que nos seguirán.

El matemático y filósofo inglés Alfred North Whitehead (1861-1947) afirmó, en alguna oportunidad, que toda la filosofía occidental (o la tradición filosófica europea) es una serie de notas a pie de página de las obras de Platón. Entendemos por filosofía occidental tanto la vertiente denominada filosofía analítica como la continental.

Podemos identificar tres sucesos que moldearon el carácter y el pensamiento de Platón (427 a. C.-347 a. C.): la decadencia de la democracia ateniense (tras la muerte de Pericles), la disputa hegemónica entre la Atenas intelectual y artística y la Esparta militarizada, que culminó en la Guerra del Peloponeso (431 a. C.-404 a. C.), a favor de Esparta, y la ejecución de Sócrates (399 a. C.), su maestro, cuando Platón tenía 30 años.

Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) sufre la destrucción de Estagira, su ciudad natal (347 a. C.), a manos de Filipo II de Macedonia (el mismo año que muere Platón), presencia como hegemón de Grecia a Alejandro Magno (335 a. C.), hijo de Filipo II, e igualmente percibe la continua decadencia de las polis griegas. Por esas cosas con que nos sorprende el destino, Aristóteles llegó a ser el tutor de Alejandro cuando niño. Es por ello que años más tarde Estagira fue reconstruida.

Sin embargo, todas estas vicisitudes posiblemente empujaron a estos hombres a pensar con profundidad sobre el destino de la humanidad. Así, Platón siembra la metafísica idealista, mientras que Aristóteles la metafísica realista. Platón funda la Academia (387 a. C.); Aristóteles, el Liceo (335/334 a. C.). Leibniz, Kant y Rawls siguen a Platón; en tanto que Locke, Hume, William James y Rorty continúan en la línea de Aristóteles. Platón bebió directamente de la sabiduría de Sócrates; Aristóteles permaneció en la Academia por cerca de veinte años. Esta tríada es la génesis de lo que hoy conocemos como la cultura de Occidente: el pensamiento de la Grecia clásica y los valores judeocristianos, que se fusionaron en el cristianismo medieval, impregnado en el hilo conductor entre Aristóteles y Santo Tomás de Aquino (1225-1274), principal representante de la escolástica.

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La herencia más hermosa que recibimos del pensamiento platónico-aristotélico es sobre el gobierno de la cosa pública, la organización del Estado y los fundamentos de la sociedad y la autoridad. En La república (en griego, politeia), en los diez libros que conforman aquel diálogo, Platón abordó la manera en que la justicia debe ser el fundamento de la ciudad ideal: el gobierno de la razón. Se afirma que Platón no llegó a la filosofía nada más que por la política y para la política. Por otro lado, Aristóteles, en La política (escrita en cuatro libros relativamente estructurados), enfoca la denominada “república perfecta” basado en el examen y la comparación de las constituciones de varias ciudades-estado (libro segundo): el análisis de los hechos, de lo que realmente funciona: la inteligencia práctica. Esta simbiosis entre el “deber ser” de Platón y el “ser” de Aristóteles nos acompañará hasta el final de los tiempos.

Cabe resaltar que tanto Platón como Aristóteles parten de lo que hoy denominamos filosofía moral, para luego indagar en la filosofía política. En el caso de Aristóteles, basta indagar en la obra Ética a Nicómaco (la ética de las virtudes: la justicia como la virtud perfecta). Ambos también hacen explícita referencia a la importancia de la educación, para lograr los mejores regímenes políticos.

En pleno siglo XXI cabe preguntarse “¿qué es Occidente?”, siguiendo al jurista e historiador francés Pierre Legendre. Y es absolutamente necesario indagar sobre esta identidad y tradición cultural, en plena cuarta revolución industrial y la tensión entre lo global y lo local, donde conviven diversas formas de entender la democracia, el rol del Estado y el galopante populismo.

Estimo que los seres humanos hemos tomado conciencia de que el gobierno de la cosa pública (tanto a nivel doméstico como internacional) es una dimensión absolutamente relevante para nuestras vidas concretas y las generaciones que nos seguirán.

Platón: Finalmente, ¿cuál es el sistema político más justo?

Aristóteles: Aquél en el que se establezca que el derecho que tienen los ciudadanos a ser bien gobernados es superior al derecho que tienen a ser elegidos.

Platón: Pero no existe Constitución Política alguna que plasme lo que manifiestas. ¿Has abandonado la realpolitik?

Aristóteles: Alguna vez manifesté que aprecio mucho tu amistad, pero que soy más amigo de la verdad, ¿recuerdas?

Platón: Efectivamente, y, en el mismo sentido, mi amistad es recíproca.

Aristóteles: Es por ello que ahora puedo afirmar, después de casi 2.500 años, que el sistema político más justo debe ser indagado en el “justo medio” entre la república y la política. Es probable que alguna sociedad adopte el principio político mencionado, y con base en los resultados que muestre sobre el bienestar de los gobernados, seguramente otras sociedades decidirán adoptarlo. Y ése será el largo camino que le espera a la humanidad.

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