Obras de Mario Vargas LLosa | Fuente: Cátedra Mario Vargas LLosa | Fotógrafo: ROBERTO RUIZ

Con 18 novelas a lo largo de 55 años, y una más en camino, las novelas de Mario Vargas Llosa han sido un éxito de ventas y entre la crítica especializada. Su amplitud y su complejidad, sin embargo, pueden hacer que los lectores nuevos en su obra no sepan por dónde comenzar a leer al único escritor peruano que ha ganado un Nobel de Literatura. Como tal, además, leerlo es casi un deber para todo amante de los libros nacido en este país y diferencia de quienes pudieron seguir su obra de forma cronológica, según se fue publicando, hoy los nuevos lectores tienen para elegir por dónde empezar. Y la oferta es variada.

¿Cuál es la mejor forma, entonces, de comenzar a leer las novelas de Mario Vargas Llosa? Porque, además, no hay un solo Vargas Llosa, hay varios. Por esto, consultamos con especialistas y estas fueron las recomendaciones. La clave está en la experiencia del lector y qué busca de su lectura del Nobel: una narración entretenida y simple o historias ambiciosas y que resulten un reto.

Comenzar por los cuentos

Consultado al respecto, Agustín Prado, profesor de Literatura en la Facultad de Letras de San Marcos, recomienda a los lectores empezar por dos cuentos para “ingresar al universo Mario Vargas Llosa”: ‘El Desafío’ y ‘Día Domingo’, publicados en Los jefes (1959), su primer libro. Tras esto, sugiere pasar a Los cachorros (1967), un relato más largo, y luego iniciarse en las novelas con La ciudad y los perros (1962). 

“De ahí podrían leerse novelas como La tía Julia y el escribidor (1977), una literatura con menos complejidad, y luego podría pasarse a La fiesta del chivo (2000), Conversación en La Catedral (1969), La casa verde (1966), que son bastante cercanos en temas”.  Estas últimas dos, sumada a La guerra del fin del mundo -considerada como la mejor y más ambiciosa de las novelas de Mario Vargas Llosa-, representan la cima de la narrativa del Nobel peruano, sus obras más complejas y logradas.

Del otro lado, considera Prado, “hay novelas que tienen menos densidad, no son trabajos tan complejos porque allí Mario Vargas Llosa explora otros temas”. “Es el caso de La tía Julia y el escribidor, Elogio a la madrastra, Lituma en los Andes. Son novelas de género: policiales, eróticas…”, señala el profesor, quien actualmente trabaja una tesis de doctorado sobre la obra del novelista peruano.

El catedrático señala, además, que “la complejidad de Vargas Llosa no es propiamente una barrera". "Hay técnicas que obligan al lector a seguirle el ritmo a la novela: las rupturas de tiempo, ver qué personajes están. Lo interesante de Vargas Llosa es que, en novelas como Conversación en La Catedral, a pesar de que rompe los tiempos, el lector no se pierde; al contrario: admira esos tiempos paralelos, ese cruce de diálogos. Finalmente, Vargas Llosa apuesta siempre por un tipo de narrativo donde ocurren cosas, donde suceden cosas”

Mario Vargas Llosa | Fuente: Andina

Una escala de complejidad

Viendo las 18 novelas publicadas hasta la fecha por Mario Vargas Llosa, entonces, podemos ver hasta tres niveles, de las más sencillas y lineales hasta las más complejas y ambiciosas, pasando por un nivel intermedio. Jorge Valenzuela, investigador y autor de La ficción y la libertad. Cuatro ensayos sobre la poética de la ficción de Mario Vargas Llosa (2018), ubica así las novelas del Nobel.

Primer nivel (las novelas más simples): La tía Julia y el escribidor (1977), ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986), Elogio de la madrastra (1988), Los cuadernos de don Rigoberto (1997), Travesuras de la Niña Mala (2006).

Nivel intermedio: La ciudad y los perros (1963), Pantaleón y las visitadoras (1973), Historia de Mayta (1984), El hablador (1987), Lituma en los Andes (1993), El sueño del celta (2010), La fiesta del Chivo (2000), El Paraíso en la otra esquina (2003), El héroe discreto (2013), Cinco esquinas (2016).

Tercer nivel (las más ambiciosas): La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969) y La guerra del fin del mundo (1981).

Así como Prado, Valenzuela menciona a La tía Julia y el escribidor como una de las más accesibles para lectores sin mucha experiencia. ¿Por qué? Así lo explica: “Es la primera que podría leer un lector no especializado. Trabaja con el género de la novela sentimental y con la autobiografía, a partir de los cuales tenemos una historia entretenida, escrita con un lenguaje simple para un lector no iniciado en la técnica literaria. Está construida con humor y con un ritmo narrativo que mezcla el radioteatro y la autobiografía”.

Eso sí, por más que accesibles que puedan ser las novelas de Mario Vargas Llosa más sencillas, el talento del autor hace que estas no pierdan calidad y que dentro de la bibliografía de cualquier otro novelista serían de lo más destacado.

‘Vencer’ a La ciudad y los perros

Pero al margen de su sencillez o facilidad para leer, ¿cómo se disfruta mejor a Mario Vargas Llosa? El profesor Javier Morales Mena, catedrático en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, coincide en que hay novelas -las ya mencionadas- que son menos complejas, pero agrega que en estas el autor “nunca sacrifica el lenguaje”. Sin embargo, advierte que, si solo se leen estas, existe el riesgo de no disfrutar a Vargas Llosa en toda su dimensión, complejidad y talento.

“Si comenzamos con La tía Julia y el escribidor o Los cuadernos de don Rigoberto, entre otros textos muy sencillos de Vargas Llosa, vamos a hacernos una idea equivocada de él. Vamos a pensar que es un autor de frivolidades, de asuntos intrascendentes que no inquietan en la conciencia del ser humanos”, comenta Morales Mena. “No es ese Vargas Llosa el que le exige al lenguaje, que es el de La ciudad y los perros". Con esto en cuenta, su recomendación para quienes empiezan en la obra de Mario Vargas Llosa, sobre todo para los lectores jóvenes o adolescentes, es La ciudad y los perros.

"Si uno ‘vence’ La ciudad y los perros, que no es muy compleja que digamos, tiene una idea clara de lo que es Vargas Llosa, y si luego se llega a los textos más sencillos, se verá su versatilidad para poder desplazarse por diversos registros”, explica. “Es una novela que coloca al lector no solo frente a personajes complejos y situaciones de la cotidianeidad, sino también frente a un goce estético con respecto a la manera de narrar, con el modo en el que el autor encuentra el lenguaje para sus personajes. El hecho de que estos se desenvuelvan entre lo juvenil y lo adulto resulta un elemento atractivo con el que se puede comenzar”.

Para Morales Mena, "todo lector de cualquier novela antes que engancharse con un texto por la historia, se engancha más por cómo el narrador cuenta una historia. Mario Vargas Llosa es un novelista que sabe contar historias, lo que emana de su experiencia con el lenguaje”. Un ejemplo, agrega, es el inicio de la propia La ciudad y los perros: “Cuatro, dijo el Jaguar”. “Ese es un arranque que ya te contextualiza, en el que ya hay una acción determinada, incluso en clave, que invita al lector a asumir el reto de penetrar ese laberinto

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