Miguel Gutiérrez publicó en 1991 su obra maestra
El fallecido escritor piurano Miguel Gutiérrez publicó en 1991 su obra maestra "La violencia del tiempo". | Fuente: Andina

Miguel Gutiérrez era un escritor nocturno. Solía escribir desde las 11 de la noche hasta el amanecer, y luego telefoneaba a un amigo para contarle lo que había escrito o leerle en voz alta algún pasaje que le había costado borronear durante la madrugada. Después dormía hasta la hora del almuerzo, y uno puede imaginarlo el resto de su jornada ocupado en sus lecturas hasta que horas más tarde, cerca de la medianoche, volvía a lo mismo.

“Algunas veces, antes de ir a dormir, me llamaba como a las 6 de la mañana”, recordó para RPP Noticias Aníbal Meza, psicólogo y amigo del autor de “La violencia del tiempo”. Una novela monumental cuya primera edición terminó de imprimirse en noviembre de 1991, se publicó ese mismo año en tres volúmenes, y que abarca en sus más de mil páginas la historia generacional de la familia Villar contada por el último miembro de su estirpe: Martín Villar.

Algo más de ocho años —más de 3 mil noches— le costó componer el libro a Miguel Gutiérrez, precisó el crítico Ricardo González Vigil en el prólogo que preparó para la edición de Debolsillo. Si la escritura nocturna, como ensayó Claudio Magris, es aquella en la que el escritor se encuentra con una parte desconocida y hasta desagradable de sí mismo, cabe preguntarse: ¿cómo se gestó “La violencia del tiempo”? ¿Y cuál es su alcance a tres décadas de su publicación?

De China a Obrajillo, breve historia de una novela

Antes de 1976, Miguel Gutiérrez ya era un narrador conocido en el circuito literario: había publicado su primera novela “El viejo saurio se retira”, un puñado de cuentos y crónicas, y había fundado, junto a otros colegas de su generación, el grupo literario Narración, del que fue ideólogo y que produjo tres números de una revista de título homónimo en cuyas páginas se reflexionó sobre literatura popular y realismo.

Pero Gutiérrez no se sentía ni “feliz ni contento” con lo que había alcanzado como intelectual, según narró en su libro “Celebración de la novela”, pues “no dejaba de pensar o soñar en las novelas que no había escrito”. Por eso, aquel año, viajó a Pekín (China) junto con su familia y, a la distancia, se entregó con fervor a la lectura y la escritura novelesca. Tres años después volvió al Perú con un borrador bajo el brazo, titulado “El nacimiento de Martín Villar”.

Era la semilla de “La violencia del tiempo”, libro que durante la década de 1980 continuaría escribiendo mientras ejercía la docencia en la Universidad La Cantuta, en medio del terror desatado por Sendero Luminoso. Un escenario peligroso en el que, según apuntó su hijo Dimitri en el libro “Miguel Gutiérrez. Libro de homenaje”, “no cesó de escribir” y hasta adoptó “estrategias de aislamiento” en su departamento o en la casa de sus padres.

Del 2010 en adelante, "La violencia del tiempo" de Miguel Gutiérrez sería publicada en un solo volumen. | Fuente: Penguin Random House

En la fase final de escritura, habiendo atravesado por episodios fatales en su vida personal, Miguel Gutiérrez se mudó a Obrajillo, un pueblo en la serranía limeña, donde se instaló en una casa en la que, según supo, había vivido José María Arguedas. Entre esta residencia y otra de retiro, ubicada en Santa Clara, terminó de escribir su novela en los primeros días de enero de 1989, recordó Aníbal Meza, su amigo desde sus años en La Cantuta.

“Después de tantos años, tenía una suerte de agotamiento y al mismo tiempo de alegría. Entonces, un día, me contó que había terminado y me dijo: ‘Quisiera que lo vieras [el libro]’. Fui a su casa, conversamos, en algún momento se fue a una habitación interior y salió con un paquetazo de 1600 páginas. Me dijo: ‘Ahí tienes la novela. Esos son los originales. Si algo me llegara a pasar, tú ve que el libro se publique’”, contó.

Otras personas también se involucraron en el proyecto de Gutiérrez —“el novelista nunca está solo en el acto de escribir”, sostuvo— y a ellas les agradeció en las páginas del tercer volumen de la primera edición, que salió publicada bajo el sello editorial Milla Batres. Entre amigos, familiares, críticos y colegas, el novelista expresó una gratitud especial con su primera esposa Vilma Aguilar, de quien dijo: "Mujer combatiente, que pese al desorden que reina bajo los cielos de nuestra patria, no dejó de creer en mí y en los fueros de la imaginación".

El mestizaje en jaque

Aníbal Meza todavía guarda los manuscritos de la novela en los que pueden leerse sus títulos provisionales —“El fuego de los médanos” o “El viento y la memoria”— al inicio de probables índices. Al final, Gutiérrez decidió titularla “La violencia del tiempo”, en un guiño a “La violencia de las horas” de César Vallejo, pues en ese nombre se concentraba el agravio generacional de una familia capaz de representar una nación.

El protagonista de la novela es el joven Martín Villar, quien está obsesionado con investigar el origen de su familia y se sumerge en fuentes diversas para reconstruir la historia de los Villar a través de cuatro generaciones. Entre sus hallazgos, descubre que su linaje inicia con la violación que el soldado español Miguel Villar comete contra la india Sacramento Chira. Un suceso que, según el crítico Alexis Iparraguirre, cuestiona la idea del mestizaje como “armonía social”.

“Decir que el mestizo es el peruano por excelencia era una tesis de los políticos del siglo XX peruano. Hay mucha polémica sobre si eso puede ser cierto, y Gutiérrez responde que el mestizaje no funciona como un acto de unidad y armonía social, sino que legitima la conquista violenta. El hecho de que la mayoría de mestizos de la primera generación son producto de violaciones no puede ser un dato para fundar una sociedad armónica”, señaló a RPP Noticias.

Manuscrito de
Primera página de "La violencia del tiempo", con correcciones de puño y letra de Miguel Gutiérrez. | Fuente: Archivo de Aníbal Meza | Fotógrafo: Marco Zanelli

Otro personaje clave en “La violencia del tiempo”, de acuerdo con el crítico Ricardo González Vigil, es el Dr. González, cuyos diarios conforman una parte del libro y quien, según el especialista, “aunque parece no sobresalir tanto como Martín Villar, termina siendo el nexo mayor con todas las otras historias”. “Tiene una voz importante sobre la posición humanista que tiene la novela”, reflexionó.

Novela coral, diversas voces y relatos se ramifican del tronco histórico de los Villar para ofrecer un retrato total de la realidad, atravesada por diversos “episodios nacionales” —a decir de González Vigil— como la Guerra con Chile y la peste de Congará (el pueblo ficticio de Piura que Miguel Gutiérrez creó, siguiendo la estela del Macondo de Gabriel García Márquez o el Yoknapatawpha de William Faulkner), además de sucesos internacionales como la Comuna de París, la Guerra franco-prusiana y las revueltas en Barcelona (España) a inicios del siglo XX.

Novela de novelas

La novela total, esa noción a la que aspiraban escritores decimonónicos como Honoré de Balzac y ya en el siglo XX otros novelistas del boom latinoamericano, pareció definir en un principio las tentativas novelescas que Miguel Gutiérrez tuvo con “La violencia del tiempo”. Sin embargo, como recordó González Vigil, el propio autor precisó que su libro no buscaba convertirse en referente de esta categoría.

“Él aclaró que frente a la idea abarcadora y cerrada que tiene la novela total, optaba por una estética distinta: crear una novela que adentro tuviera formas y discursos narrativos variados, que fuera como una summa, una especie de estructura mayor que abarcara dentro varias formas de novela. Porque él también tiene unos textos en los que dice que le hubiera gustado ser todos los novelistas”, reflexionó el crítico.

Por ello, Iparraguirre acotó que “La violencia del tiempo” contiene en sus páginas “una novela familiar, otra histórica, hay partes que son paródicas, otras que evocan los cuentos de Borges, una novela de guerra, otra naturalista cuando corre por la construcción del canal de Panamá, otra de bandoleros cuando se ven las pendencias de Isidoro Villar en Piura…”. Una novela de novelas, expansiva, que años después un autor buscaría hacer realidad en sus proyectos narrativos: el chileno Roberto Bolaño y sus obras cumbres "Los detectives salvajes" y “2666”.

Miguel Gutiérrez, autor de
En julio de 2016, habiendo alcanzado ya la consagración literaria, Miguel Gutiérrez falleció a causa de un infarto. | Fuente: Andina

“Me parece interesante que Gutiérrez y Bolaño, dentro de lo que conozco, sean los ejemplos más destacados de esa manera de un narrar extenso, que es a la vez poliédrico. Una cosa que invita a una visión fragmentada, tensa, en el caso de Gutiérrez dialéctica. Es un símbolo mayor que contradice esa imagen comercial de que ahora hay que hacer novelas breves, cortas. Es un estímulo para muchos escritores”, reflexionó González Vigil.

Un símbolo mayor, también, de una ambición literaria que trasciende los cotos del realismo, piedra angular de la narrativa peruana. “Miguel Gutiérrez entendía como realidad no solo novelar la realidad social, sino también la psicológica, mítica, onírica. Yo creo que el legado más fuerte de Gutiérrez, ahora, es su ética: un hombre que escribe la literatura que realmente quiere y no se doblega”, rescató Iparraguirre.

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