Miluska Benavides es autora de
Miluska Benavides fue elegida por la revista británica Granta entre los mejores narradores de lengua española menores de 35 años. | Fuente: Editorial Hipatia | Fotógrafo: Rebeca Garnique Avila

Cuando la narradora y traductora Miluska Benavides se refiere a "La caza espiritual" —libro de cuentos por el que fue incluida en la lista de los 25 mejores narradores jóvenes de lengua española, según la prestigiosa revista británica Granta—, no habla de un cuentario ni de uno de relatos, sino de un "catálogo" o también de un "concepto".

Esto no resulta gratuito, porque el debut literario de esta representante de la literatura peruana es una búsqueda por captar "todas las etapas humanas", según confesó a RPP Noticias, así como lo hacían los pintores del siglo XIX que recibieron el encargo de "conocer al ser humano en todas sus dimensiones" a través de las exposiciones universales.

"Mucho del libro viene de ver eso, es decir, los cuadros de Munch, sus secuencias del friso de la vida, la secuencia de Klimt. Entonces pensé: qué pasaría si hago un catálogo así desde mi experiencia y lo que puedo ver. Creo que ese libro no tiene relatos, sino secciones. Lo fui diseñando como símbolos y motivos —por eso me interesa mucho José María Eguren—, y luego venían los relatos articulados en torno a eso", comentó.

A seis años de su publicación, la editorial Hipatia reedita "La caza espiritual", esta vez con un cuento inédito titulado "Llamadas". Sin embargo, Miluska Benavides planea continuar sumándole más cuentos —o mejor dicho, "secciones"— a este libro que la ha colocado en el plano internacional como una de las voces menores de 35 años más interesantes de la literatura latinoamericana.

Pensar en relatos

"La caza espiritual", el título de tu libro, nace de un mítico manuscrito de Arthur Rimbaud. Además, eres traductora, principalmente de poesía. ¿Cómo crees que atraviesa el género tu literatura?

La poesía es un mecanismo para pensar distinto al de la ficción. Al menos la ficción como se ha tratado en los últimos años: secuencial, de causa y efecto. Me interesa de la poesía su capacidad asociativa, de poner mecanismos de asociación similares al sueño o la magia tal y como los antiguos lo pensaban. Pero sobre todo, de la poesía, me interesa su opacidad. La relación entre palabras y cosas en la poesía se pone siempre en crisis. No hay confianza en que el significante está comunicando una realidad, sino que todo el tiempo la poesía la pone en cuestionamiento, está viendo el revés. Eso me interesa: ver esta capa que se nos ha dado del mundo y, a través del lenguaje, quebrarlo, horadarlo. La poesía ofrece estos mecanismos para levantar esa lámina. Los poetas lo hacen todo el tiempo, pero en algún momento la narrativa ha perdido esa función. Hay un lenguaje que no se pone en duda, una legibilidad que no se le perdona a la ficción.

A juzgar por tu traducción sobre "Una temporada en el infierno" y tu ensayo sobre la prosa de José María Eguren, uno pensaría que bien podrías haberte dedicado a la poesía. ¿Qué camino te llevó a la narrativa?

Creo que los poetas tienen una relación con el mundo y articulan sus textos de diversa manera. Yo, en cambio, siempre pienso en función a un relato. Y además que siempre me ha gustado contar historias. Me causa mucho placer contar historias a nivel oral, incluso. Me gusta contar cosas y sobre todo que me cuenten cosas. No puedo escribir poesía, me hubiera gustado, habría sido mi primer deseo de haber sido escritora, pero no tengo las cualidades para serlo. Y me permito traducir poesía, que es una ocupación que me tiene cerca. De otro lado, mi imaginación trabaja con conexión de eventos y mucho con situaciones y personajes. Incluso cuando converso y explico siempre pienso en esos términos: tiempo y espacio, cuestiones que los poetas no siempre ven. Y siempre me ha gustado leer ficción, me fascina como un mecanismo de pensar y ver. Todo lo que es ficción son posibilidades de conocer, pensar distinto, horadar muchas cosas que la razón no permite. Sí tengo una relación con la ficción por un plano intelectual, pero disfruto mucho de leerlas y verlas.

Reeditada después de cinco años, la nueva edición de "La caza espiritual" incluye un cuento inédito de Miluska Benavides. | Fuente: Editorial Hipatia

De la expansión en "La caza espiritual"

"La caza espiritual", me comentabas, será un libro expansivo al que irás agregándole "secciones".

Yo creo que sí. Pensaba que estaba cerrado y de pronto se presentó la oportunidad de sacar esta edición [con Hipatia], y mi amiga Denisse Vega, que es poeta, me dice: 'por qué no le agregas algo'. Y dije: 'ok, revisaré mis apuntes de las secciones'. Entonces el relato que agregué es el último y no está al final por gusto: es la vida después de la vida. Pero falta ahí. Y a medida que pueda escribir ciertos asuntos, que por la juventud no puedo, quizás agregue más. Dos cosas me interesan mucho a nivel de ese libro: el silencio, que veo que muchos cineastas hacen muy bien, como [Andrei] Tarkovski o [Robert] Bresson. Su material es el silencio. Uno ve esos tiempos muertos y los extraño mucho en la narrativa contemporánea. Otro aspecto que me interesa mucho es la vida animal emancipada de la mirada humana, como lo trabaja Rilke. Algún día, podré desarrollarlo.

¿Limitaciones de qué tipo te impiden escribirlas ahora?

Hay cosas que los seres humanos no podemos conocer. Esta idea es muy clara en Borges, que trabaja mucho con la tradición judaica de que el nombre de Dios no se conoce. Y yo estoy convencida de que hay ciertos misterios, no en el sentido religioso pero sí del mundo, cosmos y la naturaleza, con los que simplemente se ha perdido conexión. Hay núcleos a los que no se puede ingresar. Y pienso que los artistas pueden, si no conocer, al menos tener un tipo de intuición o conocimiento. En estos momentos, me impide saber ciertas cosas, pero el desarrollo artístico, la edad, la mirada se ve en grandes maestros. Por ejemplo en la carrera de Picasso, al final de su vida se anuncia el futuro, como también es el caso de Matisse. Y ese momento, en un artista, que ha vivido tanto y ha reflexionado, de pronto le permite llegar a ciertos momentos y conocer ciertas cosas. A esos misterios todavía no puedo acceder. Toma años.

Un aspecto a destacar en tus cuentos es la seguridad que manifiesta tu prosa, que no es ajena a cierta densidad. ¿Cómo concibes tu escritura? ¿De qué modo se desenvuelve ese proceso?

Trabajo mucho sobre un planeamiento. No decido mientras voy escribiendo, algunas cosas sí, pero usualmente, para escribir, tengo que tener muy bien diseñado todo. Hay relatos ahí, como 'Los animales domésticos', que incluso los he planeado por párrafos. Cada párrafo tenía un asunto. Y trabajo mucho en un distanciamiento. Se habla mucho de una escritura íntima que te permite conocer, saber todo... yo quisiera hacer el recorrido reverso, el de escribir para devolvernos esta sensación de que no se puede conocer todo. Hay una distancia entre nuestra experiencia y lo que vemos. Y eso es algo que me interesa mucho de la escritura. Devolverle esa función de extrañamiento.

La nueva edición de "La caza espiritual" incluye "Las llamadas", un relato que bien podría ser una 'nouvelle'. ¿Te interesa más la novela como género o estás concentrada en escribir ficción a secas, en la medida que salga?

Yo creo que no soy cuentista. En algún momento, me di cuenta de que solo puedo escribir en función a relatos. El cuento cerrado no me interesa mucho, quizás después, quién sabe. Pero ahora estoy trabajando en una novela y me va muy bien eso: los géneros que se expanden, se van por todos lados, que incluso no parecen géneros. Y ese último relato más se emparenta con una nouvelle como dices.

Miluska Benavides
Además de narradora, Miluska Benavides también ha publicado la traducción de "Una temporada en el infierno" de Arthur Rimbaud. | Fuente: Editorial Hipatia

'Granta' y el circuito literario

Ser elegida en los mejores narradores de lengua española por la revista Granta le ha dado mayor visibilidad a tu obra. ¿Qué puertas crees que te abre este reconocimiento?

Es una pregunta difícil. Lo que más me interesó de la selección de Granta es que se publique un texto mío en una circulación que no conozco. Salir de un círculo de gente que no lo pueda leer y probar tu legibilidad. Esto lo entienden mis amigos, la gente que lee lo mismo que yo que viene de la tradición peruana, pero veamos si tiene la misma fuerza afuera. La literatura peruana es de difícil legibilidad afuera, frente a otras tradiciones, como el Cono Sur. Siempre decimos que el Perú es único y tal, y eso tiene que ver con una realidad plural. Por eso, veo esto con cierta cautela; es decir, la mayor circulación tampoco nos debe condicionar a los escritores a escribir para un público específico. Lo que toca es más bien un repligue, una desconfianza en tu propia escritura, y decir: 'Mi proyecto es este y no tiene por qué cambiar'. No renunciar a lo local ni a nuestra experiencia es uno de mis intereses. Lo veo en escritores como Fernanda Melchor y Richard Parra.

¿Has tenido oportunidad de leer a las escritoras y los escritores que conforman la lista, más allá de la publicación? ¿Encuentras afinidades?

Casi literatura latinoamericana no había leído hasta la llegada de Granta. Me refiero a gente de la lista. Usualmente, lo que leo es muy variado y era una sección que había descuidado. Me agarró en una etapa en que no estaba tan atenta. Pero a raíz de Granta he podido leerlos, no solo en el volumen. Tengo mucha afinidad con Diego Zuñiga (Chile) y con Gonzalo Baz (Uruguay), o Aniela Rodríguez (México), que tiene un mundo rural que me interesa. Hay relaciones condicionadas por nuestra propia experiencia. Todos han nacido en los 80 o 90, pero Latinoamérica tiene experiencias históricas distintas. 

Hace poco hubo una discusión alrededor de la desinvitación de narradores y narradoras a la FIL Guadalajara. Más allá de la anécdota, ¿te parece que fue un momento en el que se pudo reflexionar sobre nuestro circuito literario?

No fue, sino que debe ser. Yo espero que la discusión comience. Y a veces las discusiones son solo eso, y no hay libros de por medio. La pandemia nos puso en una parálisis con los libros, y este año están saliendo muchos libros de mucha gente joven, muchas editoriales publican a nuevos escritores que hace 20 años era imposible leerlos, en lenguas que en el Perú antes no se leían, y recién podríamos empezar esta conversación que es necesaria. Lo que vimos en la FIL Guadalajara son problemas a nivel de nuestro sector que son también problemas históricos del país. Pienso que el silencio o no conversar estos problemas ocasiona una serie de distorsiones respecto de cómo funciona el mercado, el circuito crítico, las redes editoriales y un sistema del que nadie en el circuito quiere decir las cosas por su nombre. Y esto puede ser una oportunidad.

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