Alberto Ísola conversó sobre
Alberto Ísola conversó sobre "2 de Ribeyro" y la reactivación teatral | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Marcos Reátegui

Desde Arequipa, donde viene dictando un taller y preparando una nueva puesta en escena, Alberto Ísola habló con RPP Noticias sobre la obra –mejor dicho, obras– que reestrenó la semana pasada en el Teatro de Lucía: “2 de Ribeyro”.

“El último cliente” y “Confusión en la prefectura” son las piezas que componen esta producción teatral, interpretada por Sandra Bernasconi, Javier Valdés y Roberto Ruiz. Alberto Ísola también se dio tiempo para darnos su opinión sobre la “nueva normalidad” que debe enfrentar el teatro peruano, la reactivación del sector y sus planes para este 2022.

Admiración por el Ribeyro dramaturgo

¿Cómo nació la idea de montar “2 de Ribeyro”?

El año pasado, el Teatro de Lucía tuvo la idea de hacer una serie de montajes virtuales, y Sandra Bernasconi me invitó a dirigir uno. Pensé que era una excelente oportunidad para volver a estos textos de Ribeyro que me han gustado siempre. Luego, se dio la posibilidad de hacerlos presencialmente.

¿Cuál es tu apreciación de Ribeyro como dramaturgo?

La grandeza de Ribeyro está en sus cuentos; en esa capacidad que tenía para, en pocas páginas, crear todo un mundo. Lo mismo siento que pasa con estas obras de teatro. Escribió obras de largo aliento, como “Santiago el pajarero” o “Atusparia”, pero ninguna, creo yo, tiene la contundencia de sus obras cortas, particularmente “Confusión en la prefectura”.

¿Qué tienen en común las obras que conforman "2 de Ribeyro?

Cada una, a su manera, vuelve a un tema que me parece fascinante: cómo el lenguaje, más que para comunicarnos, sirve para confundir y engañar al otro. En “El último cliente”, un hombre engaña a una mujer utilizando un lenguaje que viene de las radionovelas y las novelas sentimentales. Y en “Confusión en la prefectura”, un político trata de mantenerse en su puesto utilizando una retórica terrible.

¿Qué tanto adaptaron estas obras?

Hemos sido absolutamente fieles; no hemos cambiado un solo texto. No me atrevería, porque me parecen perfectos. La única diferencia, quizás, es la musicalización. “Confusión en la prefectura” termina con una marinera, que fue algo que surgió de los ensayos; además, Javier Valdés la baila muy bien. Y todo el trabajo musical de “El último cliente” tiene que ver con el mundo de la radio de esa época.

¿Por qué crees que la obra teatral del Ribeyro no ha recibido la atención debida?

Creo que en un momento se hicieron mucho. En Facebook, mucha gente ha reaccionado diciendo que ha hecho alguna. Además, porque era muy difícil conseguirlas, hasta esta nueva edición de las obras completas (se refiere a “Teatro completo”, publicado por Revuelta Editores).

¿Cómo le hablan estas obras al peruano de hoy?

Lamentablemente, de forma directa. Creo que uno de los grandes problemas que tenemos como país es la dificultad para pensar en plural, como nación, como colectividad, y las dos obras te plantean esto. Lamentablemente son cosas que vemos siempre.

 Roberto Ruiz, Javier Valdés y Sandra Bernasconi protagonizan
Roberto Ruiz, Javier Valdés y Sandra Bernasconi protagonizan "2 de Ribeyro"

La nueva normalidad teatral

¿Cómo sentiste el retorno al teatro a través de la virtualidad?

Al comienzo, me opuse. Después, cuando me di cuenta de que la pandemia tenía para rato, la vi como una buena oportunidad para explorar varias cosas. La virtualidad tiene problemas, pero también muchísimas ventajas: se llega a muchísima gente. Creo que es más interesante cuando descubres que es otro lenguaje y que hay que utilizarlo bien.

¿Y cómo fue llevar “2 de Ribeyro” de lo virtual a lo presencial?

Fantástico. Como yo no podía estar en un teatro, porque no me había vacunado y soy población de riesgo, los ensayos de la versión virtual los dirigía por Zoom, y era muy raro. Ya cuando tuve las dos vacunas y pude dirigir en vivo fue maravilloso. La virtualidad exige un trabajo mucho más técnico; se acerca mucho más a la televisión que otra cosa.

Has hecho teatro durante décadas, y de la nada esta actividad se interrumpió, ¿cómo se sintió volver?

Fue muy emocionante. Este año cumplo 50 años en el teatro. Empecé a los 19 y nunca dejé de hacer teatro, ni con el terrorismo o la crisis económica. Entonces, fue muy raro, porque volvimos casi un año y medio después. A mí me conmovió muchísimo. Cuando estrenamos “Días felices” en el Británico, que es un teatro grande, había sesenta personas, y recibí un aplauso muy fuerte y cálido, pero reducido, que te generaba una sensación extraña, si tienes en cuenta que los estrenos siempre están llenos de gente y amigos.

¿Cómo ves la reactivación teatral?

Para la mayoría de la comunidad teatral este periodo ha sido muy duro, pero también un momento de reflexión. Hemos aprendido a valorar mucho más lo que teníamos, y nos vamos a ir recuperando poco a poco. El teatro va a retomar, por supuesto, y yo espero que mejor, con mayor consciencia de muchas cosas, pero el precio ha sido muy alto en la mayoría de los casos.

¿Qué se puede hacer para retomar parte de lo perdido?

El problema es que esto no ha acabado y se debe ser paciente. Hay que acostumbrarnos a la idea del poco aforo; es deprimente eso, pero es una realidad. Yo creo que debemos ir ganando la seguridad del público; que sienta que puede volver al teatro. Al ser un espacio cerrado, hay mucho temor.

¿Sientes que la oferta de obras grabadas va a quedar?

Hay muchos teatros en el mundo que ya hacían esto antes de la pandemia. Yo creo que esa opción debe quedar, pero como una posibilidad de un día o dos a la semana, para quienes no puede asistir al teatro. Hay que mantener esta idea de que el teatro, verdaderamente, es presencial.

¿Cuáles son tus planes para esta primera mitad del año?

Mi primer estreno del año será en Arequipa, lo cual me encanta, junto con el grupo de teatro Artescénica haremos “La cisura de Silvio”, una obra que siempre me gustó, escrita por Víctor Falcón en el 2006. En abril, junto con Roberto Moll, Alfonso Santistevan y Augusto Mazzarelli, seré parte del elenco de “Jugadores”, del catalán Pau Miró, dirigida por Mateo Chiarella. Y en julio, estaré en “El cuidador”, de Harold Pinter, una obra que se iba a estrenar dos semanas después del inicio de la pandemia, dirigida por Mikhail Page y donde estoy Rómulo Assereto y Óscar Meza.

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