El último dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Mijaíl Gorbachov, reconoció hoy el "papel decisivo" del pueblo soviético y del fallecido primer presidente ruso, Borís Yeltsin, en la derrota del golpe de Estado de agosto de 1991.

"El pueblo jugó un papel decisivo y Yeltsin también. Lo importante era evitar un derramamiento de sangre. Podía estallar una guerra civil. Éramos una potencia con armas nucleares", señaló Gorbachov en una concurrida rueda de prensa.

Gorbachov, de 80 años, tachó de "traidores" a los integrantes del Comité Estatal de Emergencia (GKChP) que le apartaron del poder entre el 19 y el 21 de agosto de 1991, entre los que se encontraban "amigos" como el presidente del Sóviet Supremo o Parlamento, Anatoli Lukiánov.

"Había que ser muy idiota para dar una asonada. Pero había que sacar de en medio al viejo Gorbachov. Me había convertido en una figura incómoda para los reaccionarios. Mira que me habían llamado muchas veces para advertirme de que iba a haber un golpe", dijo.

El octogenario político, que llegó al poder en marzo de 1985, elogió el coraje mostrado por el Ejército soviético al no asaltar la Casa Blanca, entonces sede el Parlamento ruso, donde se habían congregado Yeltsin y miles de personas opuestas al golpe.

"Tonterías", respondió con firmeza Gorbachov cuando se le preguntó sobre las sospechas que aún albergan algunos de que él participó de alguna forma en la conjura organizada por el temido KGB, que intentaba conservar los privilegios de la nomenclatura.

El último líder soviético, que proclamó el fin de la URSS el 25 de diciembre de 1991, también criticó la amnistía concedida a los golpistas, que en su mayoría rehicieron sus carreras en la Rusia postsoviética.

Los doce protagonistas de la fallida asonada fueron procesados por "traición a la Patria", pero nunca llegaron a ser condenados al acogerse a una amnistía aprobada por el Parlamento ruso en febrero de 1994.

Renovación de la URSS, no su destrucción
"Había que renovar la URSS, democratizarla, no destruirla", señaló Gorbachov, que admitió su responsabilidad al no ser capaz de prevenir el golpe, ya que era el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

Gorbachov opina que el Estado totalitario soviético "era insalvable, pero se podía haber creado una nueva Unión de Estados Soberanos".

"Las cuestiones estratégicas como la defensa, la diplomacia o la economía habrían corrido a cargo del centro federal y del resto se habrían encargado las repúblicas", apuntó.

En cambio, el golpe precipitó la independencia de las quince repúblicas soviéticas, proceso que iniciaron las bálticas y Georgia y siguieron Ucrania, Bielorrusia, las demás caucásicas y las cinco centroasiáticas.

Gorbachov culpa de ello en gran medida a Yeltsin, el primer dirigente ruso en ser elegido por sufragio universal en junio de 1991, por incumplir sus promesas, lo que, a su juicio, condenó a la URSS a la desaparición a finales de aquel año.

"Hablábamos y decía que había que conservar la Unión. Después se iba a casa, se lavaba, comía y a mis espaldas decía todo lo contrario. Yo creo que la moral y la política deben ir de la mano. No puedo llegar a acuerdos con gente así", comentó.

Además, Gorbachov defendió la "perestroika" (reconstrucción), al considerar que, tras la muerte de tres secretarios generales del PCUS entre 1982 y 1985, "había que democratizar el partido".

"Había que derribar el telón de acero que separaba el partido de la sociedad. Se lo dije a (el ministro de Exteriores soviético) Andréi Gromiko: "La gente no soporta más esta situación. No se puede vivir así"", dijo y reconoció que él no inventó el concepto "perestroika".

"Lo escuché, me gustó y lo adopté", dijo.

El golpe, protagonizado por una junta integrada por altos cargos políticos y militares soviéticos, fracasó el 21 de agosto por la firme resistencia del pueblo y de las autoridades de República Socialista Federativa Soviética de Rusia como Yeltsin o Ruslán Jasbulátov, el presidente del Sóviet Supremo ruso.

Además, Gorbachov criticó las recientes tendencias autoritarias que han surgido en la política rusa, como el Frente Popular creado por el primer ministro ruso, Vladímir Putin, para aglutinar a todas las fuerzas patrióticas con vistas a las elecciones parlamentarias.

"No podemos repetir los errores del PCUS. Hay que renovar a los dirigentes. Lo más importante es que las elecciones sean limpias, ya que lo habitual es el uso del recurso administrativo. Estamos a medio camino hacia la democracia", apuntó.

Según las encuestas, más de la mitad de los rusos sigue lamentando la desintegración de la URSS, que Putin calificó como "la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX".

EFE