Johnny es más parecido al Guasón que interpretó Heath Ledger -fallecido en 2008- que al que encarna Joaquin Phoenix.

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La transformación comienza frente al espejo. Con el pincel alarga las comisuras de los labios, les da relieve con pintura roja, antes de cubrir de blanco su rostro.

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Del primero copió el vestuario fúnebre y desgastado, el cabello verde ensortijado y la sonrisa desgarrada a cuchillo; del otro, asegura, solo quiso quedarse con la risa compulsiva. "Fui al estreno (de "Guasón" ) disfrazado", cuenta a la AFP.

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Con 35 años, Johnny se toma su papel muy en serio. A diario se transforma en el villano de Ciudad Gótica para luchar contra sus propios males: una vida en el exilio, separado de la familia y con los mínimos para comer y dormir. Y uno que otro malhumorado que se toma a mal la risa artística del inmigrante.

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Johnny salta del banco de una cafetería convertido en el Guasón de Ledger. Durante las siguientes horas irá por alamedas y vías atestadas de vehículos, con una ametralladora de juguete, divirtiendo, asombrando con su disfraz, sí, pero sobre todo con la sonora y perversa carcajada.

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El actor de teatro y vocalista de rock, que emigró hace cuatro años de la ciudad de Barquisimeto, encontró en el Guasón su forma de sobrellevar la vida fuera de Venezuela.

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Primero estuvo en Bogotá, luego se desplazó a Madrid, una localidad próxima a la capital colombiana, antes de llegar a Medellín. En su ciudad natal el enemigo oscuro de Batman era parte de un repertorio que incluía a Charles Chaplin y a un mimo cualquiera, y con el que Johnny se presentaba en espectáculos para los que era contratado.

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"El 'Joker' lo tenía para cuando la fiesta estaba más arriba (encendida), entonces entraba el 'Joker' a bailar, a animar la fiesta". Un día Johnny decidió huir por miedo. "En una semana me atracaron dos veces. Sentí la amenaza de la inseguridad y la violencia. No soporté".

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En Venezuela quedaron su mamá, sus dos hermanas y sobrinos. Con el tiempo, añade, también emigraron sus hermanas. Una vive en Aruba y la otra en Bolivia. Según cuenta a la AFP pudo superar la "resaca del migrante" -un malestar que compara con la nostalgia- perfeccionando su versión del villano.

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En Bogotá comenzó su nueva vida como estatua viviente del Guasón. En su siguiente destino su personaje "bajó del pedestal" y echó a andar. Entonces la gente quiso fotografiarse con él y darle un poco de dinero por su performance. Siguió rodando hasta llegar a Medellín, donde ahora camina entre vehículos recibiendo monedas o cobrando en pesos el equivalente a medio dólar por foto.

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