Bolsonaro, que menospreció la gravedad de la enfermedad y promovió aglomeraciones sin uso de máscaras, se opone a las medidas de aislamiento social.
Bolsonaro, que menospreció la gravedad de la enfermedad y promovió aglomeraciones sin uso de máscaras, se opone a las medidas de aislamiento social. | Fuente: AFP

Marzo ya es de lejos el peor mes de la pandemia por la COVID-19 en Brasil, con casi 60 000 muertos, y los expertos prevén en abril otro mes trágico, con los hospitales saturados y obligados a elegir quién recibe atención.

Desde el 1 hasta el 30 de marzo, se registraron 57 606 víctimas fatales de COVID-19, un 75% más que los 32 881 de julio de 2020, hasta ahora el mes más letal. El total de víctimas desde el primer deceso hace un año se eleva a 317 646, superado solo por Estados Unidos.

Del 21 al 27 de marzo se registró también la semana con más casos (casi 540 000), lo cual significa que de aquí a dos semanas habrá más personas precisando internación. Desde el inicio de la pandemia, hubo 12,6 millones de contagiados, en este país de 212 millones de habitantes.

Pero los hospitales ya están saturados: 18 de los 27 estados brasileños tienen más del 90% de sus camas de unidades de cuidados intensivos (UCI) para COVID-19 ocupadas y otros siete registran una ocupación de 84% a 89%, según el último boletín de la Fundación Fiocruz.

Varios estados empezaron a adoptar protocolos para adjudicar las camas disponibles a los pacientes con más chances de sobrevivir. Al menos 230 personas con COVID-19 o con sospecha de COVID-19 fallecieron en marzo esperando cama en alguna UCI de la región metropolitana de Sao Paulo, la capital económica del país, según un informe de TV Globo.

Movilidad social, nuevas variantes

La caótica gestión de la pandemia provocó este mes la salida del ministro de Salud, un militar sin experiencia administrativa, reemplazado por el cardiólogo Marcelo Queiroga, el cuarto titular del cargo en un año. 

Jair Bolsonaro, que menospreció la gravedad de la enfermedad y promovió aglomeraciones sin uso de mascarillas, se opone a las medidas de aislamiento social, debido a su impacto económico negativo.

Los confinamientos siempre fueron parciales y poco respetados en Brasil. Algunos estados, como Sao Paulo y Rio de Janeiro, decretaron este mes feriados prolongados, pero la medida puede resultar contraproducente.

La movilidad social acrecienta además el riesgo de nuevas variantes del virus, más contagiosas, como las que ya surgieron en Reino Unido, Sudáfrica y el propio Brasil.

Vacunación lenta

La vacunación, entre tanto, avanza a pasos lentos. Hasta ahora, cerca de un 8% de la población fue vacunada con la primera dosis y 2,3% está completamente inmunizada con alguna de las dos vacunas disponibles en el país, la china CoronaVac y la sueco-británica de AstraZeneca.

La crisis sanitaria va de par con la crisis económica. El desempleo pasó de 11,2% en enero de 2020 a 14,2% en enero de este año, afectando a 14,3 millones de personas. Un tercio de la población logró sobrevivir el año pasado con subsidios, que se interrumpieron en enero. Esos pagos recomenzarán en abril, pero por montos menores.

AFP

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