Charly García cumple 70 años este sábado 23 de octubre
Charly García cumple 70 años este sábado 23 de octubre en medio de homenajes, organizados por el ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. | Fuente: EFE

Charly, el del oído absoluto, el del bigote bicolor, el genio precoz salvado por el piano, el amante de los Beatles (con Lennon como su favorito), el sobreviviente del salto a la piscina, la estrella que demolió hoteles, el hombre-leyenda del rock argentino que a sus 70 años —cumplidos este sábado— ha subsistido a sus adicciones, sus fantasmas del pasado, sus crisis nerviosas y sus continuos ingresos a hospitales. Charly García, otro no hay.

O sí lo hay: Carlos Alberto García Moreno (ese es su verdadero nombre) nació un 23 de octubre de 1951 en un Buenos Aires agitado todavía por el intento de golpe de Estado que un general en retiro intentó hacerle al entonces presidente Juan Domingo Perón. Su infancia, sin embargo, transcurrió en una relativa calma, acompañada por el sonido de las teclas de un piano de juguete que aprendió a tocar a los tres años.

Para 1956, ya estudiaba música en el Conservatorio Thibaud Piazzini. Ese año, sus padres partieron a un viaje por Europa debido a una supuesta persecución política por parte del peronismo, según recogió su biógrafo Sergio Marchi en el libro “No digas nada”. Una ausencia que Charly García “sintió muy dolorosa y negativamente” al punto de producirle vitiligo y marcar con ardor su sensibilidad. “Me dejaron con dos boludas y el piano”, dijo alguna vez.

Lo cierto es que fue este instrumento de cuerdas su mejor compañía, mientras se alistaba como futuro concertista con las partituras de Chopin y Bach, hasta que en los años sesenta cuatro hombres pelucones de Liverpool se cruzaron por su camino y le hicieron cambiar rotundamente de opinión. “Cuando escuché a Los Beatles, me volví loco: pensaba que era música marciana. Música clásica de Marte”, señaló.

De ahí en adelante, el mismo Charly García buscaría hacer lo propio en su país: utilizar sus privilegiados oídos para dotar al rock argentino —que ya tenía figuras estelares en su lista como Miguel Abuelo, Javier Martínez, Litto Nebbia y Luis Alberto Spinetta— de sonidos que bien podemos calificar de extraterrestres. Fue en los setenta que Carlitos, como lo llaman cariñosamente en su familia, se montó sobre el lomo del estrellato. Y no se bajó jamás.

Charly García lanzó su último disco,
Charly García lanzó su último disco, "Random", hace cuatro años. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Jussy Pizarro

De Sui Generis a Serú Girán, la creación del mito

En 1969, Charly García y su compañero de escuela Nito Mestre fundaron Sui Generis, banda que ingresó por la puerta grande de la música argentina con “Canción para mi muerte”, un tema que el bonaerense compuso “en 10 minutos”, según confesó una vez, durante su paso por el servicio militar obligatorio. “Vida”, primer disco del grupo, no demoró en captar la devoción adolescente, mientras que “Confesiones de invierno”, publicado en 1973, consolidó la alianza con su público.

Sui Generis se disolvió en 1974, aunque algunos de sus miembros —Charly a la cabeza— se reagruparon bajo el nombre PorSuiGieco. Y tan pronto como floreció fue marchitado por el mismo intérprete, que en 1976 puso en marcha su proyecto La máquina de hacer pájaros, reflejo de una efervescencia creativa que debió lidiar con la represión de los regímenes militares que ocuparon el poder en Argentina por aquellos años en que ser rockero significaba estar cerca de la revolución.

El grupo duró dos álbumes, que resistieron a la censura del dictador Jorge Rafael Videla, y tuvo un cierre significativo con un concierto de cuatro horas que colmó el Luna Park. Ya en 1978, Charly García se había separado de María Rosa Yorio, con quien tuvo a su primer hijo, y vivía un romance intenso con la brasileña Zoca. Con ánimos de crear una nueva banda, se unió al rockero David Lebón y convocaron a un joven Pedro Aznar en el bajo y a Óscar Moro en la batería. Así nació Serú Girán.

“[La fama] no se me dio de un día para el otro, fue en aumento constante”, contó el cantante en una ocasión. Su nombre, que ya había cosechado la suficiente notoriedad con sus anteriores grupos, adquirió con Serú Girán el aura de leyenda. Nada importó que las críticas a su primer disco de título homónimo fuesen feroces; en 1980, con los álbumes “Peperina”, “Bicicleta” y “La grasa de los capitales” ya publicados, la agrupación era capaz de llenar un recital con 50 mil personas y codearse con músicos prestigiosos, como hizo con el jazzista Jaco Pastorius en un festival de jazz de Río de Janeiro (Brasil).

El mundo tira para abajo: los 80 hasta fines del siglo XX

En el 2000, después de ofrecer un concierto con la folclorista Mercedes Sosa en Mendoza (Argentina), Charly García saltó desde el noveno piso del hotel donde se hospedaba hacia una piscina. Un clavado que dio en el blanco. Los periodistas que estaban cerca y lograron captar en imágenes su salto, corrieron a entrevistarlo. “Solo la vi y me atreví. Hay que ir más allá, además yo no me voy a morir nunca y mi capricho es ley”, declaró todavía en el agua.

Sin embargo, desde los años ochenta que el cantante de “Bancate ese defecto” venía dando muestras de estar en caída libre. Sus adicciones a las drogas se agravaron en esa década, y pese a que su producción musical no hizo sino confirmar su brillantez durante su etapa como solista, su entorno debió sufrir sus episodios de ira en conciertos a los que llegaba tarde y en los que podía destrozar sus instrumentos o insultar a su público.

Tras la disolución de Serú Girán, el intérprete de bigote bicolor decidió ser solo Charly García. Alumbró entonces álbumes excelentes como “Clics Modernos”, “Terapia intensiva”, el inolvidable “Piano Bar”, “Parte de la religión” y “Cómo conseguir chicas”, todos ellos campos de experimentación para un artista en busca de un sonido moderno y renovador, que tuvo el arrojo de combinar sintetizadores y guitarras con cajas de ritmos, y escribir letras memorables por sus ambigüedades, afiladas ironías y críticas a la dictadura cívico-militar de la que Argentina salía en 1983.

Su salud, no obstante, no correspondía con la robustez de su inventiva musical. Lejos de dar señales de mejoría, la década de 1990 encontró al rockero en estado decadente. Su cuerpo, delgadísimo como un filamento, notificaba su abandono, y en 1991 llegó a subirse en una ambulancia al escenario de un concierto como burla a su reciente rehabilitación. Su disco “Tango 4”, hecho con Pedro Aznar, fue finalizado tras una rehabilitación de tres meses, y en 1994, al culminar su operático “La hija de la lágrima”, ingresó a una clínica psiquiátrica.

Su presentación ‘unplugged’ en MTV, que luego fue reunida en un disco, lo puso sobre la escena otra vez. Pero de “Say No More” en adelante, Charly García siguió tirando para abajo. Su desenfreno, con breves pausas, no se detuvo hasta que en el 2008 fue “salvado”, según confesó en una oportunidad, por el músico Palito Ortega, quien lo alojó en su finca hasta que salió totalmente recuperado. “Me dio un hogar, un estudio y su familia”, dijo acerca de esta etapa.

Charly García y su indómita luz

Preguntado en una ocasión por la definición de una estrella de rock, Charly García señaló: “Alguien que, por su personalidad, cautiva o encandila, si hablamos de estrellas, a las masas. Aunque no necesita de un público gigantesco, puede ser una estrella de culto”. Una definición que podría calzar en él mismo, quien, a pesar de su enorme popularidad en Hispanoamérica, siempre lo rodeó una indómita luz de 'rockstar' de entre casa.

En el 2017, lanzó su último disco de estudio, titulado “Random”, y hasta antes de la pandemia, aun con achaques en su cadera, no hubo concierto que hiciera sin agotar las entradas. Este sábado, el bonaerense que agitó el rock de su país durante tantas décadas soplará sus 70 velas en medio de homenajes, organizados por el ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Su último ingreso a una clínica fue en 2020 tras presentar un cuadro de fiebre alta y síntomas respiratorios. Se pensó que era el coronavirus, pero ni el patógeno pudo infectar a este superviviente vocacional.

De su música, quizás quien supo resumir mejor su esencia fue Fito Páez cuando para el libro “No digas nada” sentenció: “Charly inventa una nueva manera de contar el mundo pop, renovándolo, refrescándole y dándole gravedad y gracia”. Pero también podríamos quedarnos con aquello que dijo el productor Billy Bond en 1996 para MTV: “Charly García es un músico de la p... madre”.

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