El nacimiento de un bebé es un momento importante para toda familia, pero no es el único. La gestación es clave en el desarrollo de los niños y niñas, pues es a partir de esta etapa en la que se prepara y se garantiza el adecuado crecimiento y desarrollo de toda persona a lo largo de su vida.

A partir de la tercera semana de gestación comienzan a aparecer los primeros cimientos neurológicos del cerebro y se van formando las células nerviosas que luego dan lugar a las neuronas. Las neuronas se fortalecen con la ingesta de hierro y ácido fólico y por eso es tan importante la nutrición de la madre durante el embarazo, porque así se puede prever el nacimiento de un bebé sano, explica el doctor Raúl Alegría, ginecólogo obstetra y jefe de Servicio de Obstetricia del Hospital Guillermo Almenara.

En esa línea, también agrega que el ácido fólico y el hierro son los elementos nutricionales más importantes para el futuro bebé y se encargan de evitar el riesgo de que presenten defectos en el cerebro y la columna vertebral. Así, cuando un niño nace, su crecimiento físico, afectivo, cognitivo y motor dependerá de la calidad de nutrientes que recibe la madre durante todo el proceso de la gestación.

Los expertos recomiendan

Los cuidados durante esta etapa son vitales para reforzar el Desarrollo Infantil Temprano antes del nacimiento. Elizabeth Deza, licenciada en Nutrición, considera que es importante ir dosificando las calorías que va a necesitar la madre desde el inicio del embarazo y en los siguientes meses para impedir el sobrepeso. Las mujeres en gestación que presentan cuadros de obesidad corren el riesgo de afectar seriamente al feto en las primeras semanas de su desarrollo. 

“Durante el embarazo, la alimentación es fundamental porque en las primeras semanas el bebé multiplica células y necesita de los nutrientes que le transfiere la madre. Estos nutrientes van a contribuir en el desarrollo del sistema nervioso central, los tejidos y los órganos”, comenta.

Otro detalle importante durante el embarazo es el apoyo psicológico y emocional a la madre para que la corteza cerebral del feto se desarrolle adecuadamente. “La autoestima, el autocontrol y las relaciones adecuadas de la madre con el entorno social influirán en el futuro bebé”, afirma Carlos Vera, psiquiatra de Essalud.

Por su parte, el ginecólogo obstetra, Dr. Raúl Alegría, afirma que el embarazo es la parte más importante del Desarrollo Infantil Temprano porque al proteger a la madre desde la fecundación, se cuida la formación correcta del sistema nervioso del próximo bebé, que crecerá más sano, más saludable y con mejor calidad cognitiva, refiere. 

Este año la pandemia por coronavirus trajo como consecuencia desconcierto y desorientación en muchas gestantes al suspenderse los servicios de atención materna durante la emergencia sanitaria. El aislamiento, la inmovilización social, los centros de salud colapsados y, sobre todo, gestantes contagiadas con el nuevo coronavirus generaron situaciones complicadas antes y durante el parto.

Superar la enfermedad

Samara Barranzuela vive en Piura y tuvo a su primera hija el 12 octubre del 2020.  Fue una de las afectadas por la COVID-19 y tuvo que mantenerse en cuarentena por orden del médico. Un caso asintomático que felizmente pudo superarse.

“Perdí el olfato, el sabor, me dio fiebre y escalofríos. Me dijeron que tenía el virus y me pusieron en cuarentena. Cuando suspendieron las atenciones (prenatales) recurrí a una ginecóloga particular”, recuerda.

En los meses siguientes, una vez recuperada, reinició sus controles y mantuvo una alimentación a base de frutas, verduras y reforzada con hierro. “En el último mes de embarazo encontraron que tenía baja la hemoglobina y me dieron vitaminas con hierro, lo que fue de gran ayuda”, relata.

Si bien, el embarazo de Samara fue complicado, porque había sido operada anteriormente por sufrir de endometriosis, cuando dio a luz, su bebé nació con 3,500 kg. 

En búsqueda de información

En pandemia los embarazos o los partos se presentaron en medio de sobresaltos de las gestantes, unas por el temor de ser víctimas de la enfermedad y otras por la incertidumbre que vivieron por la paralización de los controles prenatales.

Mariana Carranza, con 37 semanas de gestación, tuvo un bebé que al nacer pesó 3,096 kg. Se enteró que estaba embarazada en febrero y sacó cita en el seguro social, pero no la pudo tener al declararse la emergencia sanitaria.

En medio de la pandemia, su embarazo careció de atención médica, las puertas se le cerraron y no pudo acceder a una adecuada información. Al cerrarse los programas de atención materna, surgieron las preocupaciones sobre lo que podía pasar con su bebé.

Mariana Carranza se informó con amigos médicos y las videoconferencias sobre qué hacer durante su embarazo en la pandemia. | Fuente: Archivo personal

“Cuando me dijeron que no me podían atender recurrí a un particular. Me vi obligada a orientarme con amigos médicos. Me valí de las redes sociales y la videoconferencia. La pasaba mal y necesitaba control médico”, relata.

Los sobresaltos de Mariana se agudizaron mucho más al saber que tenía ‘placenta previa’, complicación que se produce cuando la placenta cubre la abertura en el cuello del útero de la madre y que requiere mucho control por posibles sangrados durante el embarazo.

“A las 33 semanas ingresé por emergencia por un sangrado y recién recibí información. Me llegaron a hospitalizar por una amenaza de parto prematuro. Y con eso del coronavirus todo lo malo pasó por mi mente. Lloraba mucho”, señala. 

En medio de todas contrariedades del embarazo, gracias a la buena alimentación recibida, el bebé nació con un peso adecuado y se encuentra en perfectas condiciones. La calidad de los nutrientes, la dosificación de hierro, vitaminas y una excelente dieta ayudaron a Mariana a cuidar con éxito el nacimiento del niño.

“No tuve una directa orientación médica pero mi madre que es enfermera me ayudó a reforzar mi alimentación. He comido sangrecita, hígado, verduras, menestras y evité todo lo que me podía afectar. Fue la mejor manera de defender mi embarazo”, comenta.

Seguir las recomendaciones

En octubre del año pasado, Almendra Falconi se enteró que estaba embarazada. Cuando se decretó la emergencia sanitaria habían pasado cinco meses. Sus controles médicos los efectuó en una clínica privada y en julio tuvo una niña que pesó 3.465 kg.

Los primeros meses de embarazo fueron felices, junto a su esposo vivieron la fiesta navideña a todo dar celebrando el acontecimiento sin imaginar lo que vendría dos meses después.

Almendra Falconi tenía cinco meses de embarazo cuando decretaron el estado de emergencia por la COVID-19. | Fuente: archivo personal

“Todo iba bien, pero al comenzar el año me preocupe mucho porque me dio salmonella. En la cuarentena la pasé encerrada junto a mi esposo y empezamos a trabajar desde casa”, cuenta. 

En este caso Almendra contó con la asistencia permanente del médico, recibió recomendaciones nutricionales en base al consumo de hierro, ácido fólico y proteínas que le permitieron completar la primera parte del desarrollo infantil temprano que todo bebé debe recibir.

“La única vez que me alarmé fue cuando a las 40 semanas me dijeron que mi bebé tenía el cordón umbilical en el cuellito. Me tuvieron que hacer una cesárea, pero después todo fue bien”, argumenta. 

Apoyo en las videollamadas

Natalia Madariaga confirmó su embarazó en abril, en plena pandemia.  Las ecografías en sus últimos exámenes médicos confirmaron que en diciembre de este año tendrá una niña. Gracias a las videollamadas recibió atención médica ya que no pudo atenderse en ningún lado de manera presencial.

“Mis controles fueron desde casa cada vez que tenía síntomas de vómitos. Desde julio retomé mis controles directos en la clínica. Todo ha ido progresando bien, pero he pasado momentos de temor por los vómitos que se presentaban. Lo mío no es tan común pero felizmente ya fue superado”, señala.

Natalia Madariaga dará a luz en diciembre de este año. Según los exámenes será una niña. | Fuente: Archivo personal

La pandemia del coronavirus no le generó tanta preocupación como sí lo hizo su estado de deshidratación y debilidad nutricional a causa de lo que se conoce como “hiperémesis gravídica”, que se manifiesta con náuseas y vómitos continuos. 

“Sentía mucho malestar y me mantuve en reposo. No soportaba alimentos y todo lo arrojaba. Estuve así hasta los cinco meses, a base de sopas mazamorras y me preocupaba lo que podía pasar con la bebé”, refiere. 

Los médicos le informaron que este tipo de dolencias produce muchos vómitos al día, debilidad, cansancio y mareos que suelen debilitar a la futura madre, pero felizmente sin afectar al feto ni producir malformaciones o alteraciones durante su desarrollo.

“La crisis ya pasó. Volví a la normalidad y tengo asistencia médica directa. Ahora como de todo. Los últimos análisis señalan que no tengo anemia, estoy bien nutrida y hace cinco meses llevo un embarazo estable. Vivía preocupada por la bebé, pero ya me calmé”, relata.

Una buena nutrición desde el embarazo y un buen estado emocional de la madre, garantizarán el nacimiento y crecimiento de un niño o niña saludable. Ahora más que nunca y en tiempos de pandemia, la prevención se hace necesaria en todos los aspectos, sobre todo cuando se trata de traer una nueva vida al mundo.