Hoy inicia la cuarentena focalizada.
Hoy inicia la cuarentena focalizada. | Fuente: Foto: Andina

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Hoy comienza una nueva etapa en la lucha contra el coronavirus, lo que no quiere decir que tengamos asegurada una victoria de la salud a corto plazo. Algunos indicadores vienen registrando progresos y el sistema hospitalario ha ampliado su cobertura, multiplicando las camas UCI. Pero el fin de la cuarentena puede conducir a menos distancia social y en consecuencia a un alza de la tasa de contagios. El éxito no depende del gobierno, depende de nosotros, los ciudadanos. Podemos respetar las reglas sanitarias o bien persistir en el descuido, en particular en el transporte público, los mercados y las colas. Puesto que el virus se contagia de persona a persona, la única garantía de victoria es mantenernos distanciados unos de otros y cubrir la boca, la nariz y los ojos. Si se ha logrado bajar las cifras en Lima, Callao, Piura y Loreto, no hay ninguna razón para que no suceda lo mismo en las siete regiones en las que se mantiene la cuarentena hasta fin de julio: Ancash, Ica, Arequipa, Junín, Huánuco, Madre de Dios y San Martín. En las otras 19 regiones, se mantienen las restricciones para las poblaciones vulnerables (niños y tercera edad) y las actividades que generan aglomeraciones. El gobierno ha intentado, por ahora sin éxito, introducir el concepto de “Nueva convivencia”, para no designar como “normalidad” la manera como vivíamos antes: extrema desigualdad, informalidad laboral, hacinamiento, falta de agua, caos en el transporte, malos servicios públicos.

Al fin de su conferencia de prensa, el presidente Vizcarra exhortó al Congreso a no multiplicar las interpelaciones a ministros sin tomar en cuenta que la prioridad del momento es salvar vidas y reactivar la economía. Citó los casos de los ministros Alva y Zamora. Hay, desde luego, muchos temas que deben ser investigados, pero hubiéramos podido esperar del Congreso que intente coordinar su agenda con la urgencia sanitaria y económica. En vez de eso ha impuesto medidas sin consultas técnicas, como el caso notorio de la congelación de las deudas bancarias. Lo peor que podría sucedernos es que en plena pandemia y pese a la gravedad de la caída económica se desestabilice el sistema financiero. Lo mismo puede decirse de la iniciativa para autorizar el retiro de fondos del sistema público de jubilaciones, la ONP. Los que desean interpelarla, recordarán sin duda lo que la ministra Alva declaró ayer: “No es posible devolver dinero que no existe”.

Al parecer, una de las transformaciones de fondo que dejará la pandemia puede tener que ver con la arquitectura, es decir el diseño de las construcciones en las que vivimos, trabajamos e interactuamos. Un ensayo de Kim Tingley publicado en el New York Times recoge experiencias de grupos sociales diferentes y concluye que “el riesgo de infección puede ser usado para justificar nuevas versiones de prácticas discriminatorias en la construcción”. Quizás esas formas de discriminación sean la prioridad en sociedades desarrolladas: en el Perú la discriminación más notoria es la que divide a los tienen de los que no tienen acceso al agua potable en sus viviendas.

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