Los tecnólogos y tecnólogas son los ojos de todo médico. Informan los detalles del estado fisiológico y fisiopatológico que afectan diversos sistemas del ser humano. Son ellos los que dicen si estamos mal de los riñones, si nuestro estado inmunológico es sólido, si el sistema respiratorio se encuentra afectado por la tuberculosis o si nuestra composición sanguínea sufrió alteraciones. Son el complemento ideal y sus funciones son clave dentro de una institución médica.

La tecnología médica es fundamental en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades y de sus secuelas. Contribuye con la prevención, promoción y rehabilitación de la salud.

El tecnólogo médico tiene formación universitaria y especializada. Su rol de colaboración es a través de los exámenes destinados al diagnóstico y tratamiento de patologías que afectan al ser humano. Son profesionales médicos que desde el inicio de la cuarentena por el nuevo coronavirus mantienen el deseo de ayudar en primera línea a quien lo necesite.

Son profesionales médicos que desde el inicio de la cuarentena mantienen el deseo de ayudar. | Fuente: Colegio de Tecnólogos del Perú

La función de la tecnología médica

Antiguamente, los pacientes de tuberculosis fueron tratados por síntomas interpretados por el médico. Hoy, la tecnología permite — a través de la tomografía —conocer el estado de manera real en la que se encuentran los pulmones.

En tecnología médica hay seis tipos de especialidades: radiología, laboratorio clínico y anatomía patológica, terapia física y rehabilitación, terapia de lenguaje, terapia ocupacional y optometría. 

Carlos Sánchez Rafael, decano del Colegio Tecnólogo Médico del Perú (CTMP), considera que —  en esta pandemia —  el tecnólogo médico demuestra cómo está comprometido con la sociedad. Se encuentran al frente en primera línea, a pesar de los riesgos que conlleva su trabajo.

Es un orgullo representarlos y agradezco su temple para ser parte de esta lucha, que ha  motivado a los estudiantes que están para recibirse pedir ser enviados a donde se les requiera”, refiere el decano.

En el Perú hay 14 807 tecnólogos médicos, según el registro del Colegio Tecnológico Medico del Perú. A consecuencia de la Covid-19, han fallecido doce de sus miembros y 320 fueron contagiados y van superando la crisis. 

Javier Antenor Orrego tiene 46 años y es tecnólogo médico en radiología hace más de 20 años. Al declararse la emergencia médica, ha tenido que lidiar cara a cara con el virus y lo seguirá haciendo sin vacilar.

Con actitud humanitaria y solidaria, su vida parece transcurrir sobre una cuerda floja. Al término de cada prueba radiológica, no se atreve a pensar cuáles podrían ser las consecuencias. “Muchos pacientes llegan infectados y graves, no hay tiempo para pensar. Al paciente se le debe explorar al detalle, porque el médico clínico espera el mejor de los informes para facilitar su tratamiento”, comenta.

El tecnólogo Orrego refiere que en radiología hay especialidades: radiología neurológica, de cabeza y cuello, odontológica, torácica, cardíaca y abdominal. Gracias a esta tecnología, se puede precisar de qué manera la Covid-19 compromete seriamente la labor vital de los pulmones.

“Para tomar las pruebas  tratamos  directamente con los pacientes. Hablamos con ellos, los cargamos, los ayudamos a caminar. Es un contacto directo. He tratado personas que al día siguiente de una tomografía murieron, pero hay que seguir", señala el tecnólogo Orrego.

Gracias a esta tecnología se puede precisar de qué manera la Covid-19 ha comprometido órganos importantes. | Fuente: Colegio de Tecnólogos del Perú

Volver a la normalidad

Como consecuencia de los contagios por la Covid–19, miles de personas que superaron la crisis infecciosa presentan secuelas respiratorias y requieren tratamiento de un tecnólogo médico, considerado el profesional clave  para retornar a su vida normal.

El licenciado Santos Chero Pisfil  tiene  54 años y ha cumplido 28 años como tecnólogo medico en terapia física, rehabilitación y fisioterapia cardiorrespiratoria. De él depende la mejor recuperación del paciente

Su labor es optimizar la función respiratoria, haciendo que el trabajo de los músculos respiratorios mejore la movilidad de la caja torácica. “Los pulmones quedan endurecidos y el trabajo de rehabilitación es recuperar su elasticidad, porque un paciente camina da tres pasos y se fatiga”, señala.

Confiesa que vive rodeado de temores por la idea de terminar contagiado por la Covid-19, pero sabe que debe seguir batallando. “Es un virus muy peligroso. Hay colegas que renunciaron a seguir trabajando y decidieron quedarse en casa a pesar que se trabaja protegidos con  doble mascarilla,  casco, anteojos, mandilones y  varios guantes”, comenta.

La licenciada María Esther Huamán tiene 31 años y es tecnóloga médica en terapia ocupacional. Su vida dio un sorpresivo giro al declararse la emergencia de salud pública. Usualmente trataba pacientes afectados por cierta discapacidad como consecuencia de algún accidente de tránsito o por problemas psicológicos, pero hoy se encuentra frente a personas que fueron afectadas por la Covid-19.

“Al comienzo me incomodó, tuve que superar el cambio. Hoy me siento más protegida con todo lo que me pongo encima. Donde siento mucho miedo es al viajar en el micro”, comenta.
La terapia ocupacional se encarga de capacitar a las personas para recuperar su capacidad de valerse por sí mismos, sobre todo en las tareas de aseo y cuidado personal que por la enfermedad se deterioran.

“Analizo el movimiento que realiza  un hospitalizado al momento de levantarse de la cama porque las secuelas son diferentes”, comenta la licenciada Huamán. “Lo más común es el cansancio a la hora de ir al baño, la ansiedad por creer que nuevamente se le puede repetir la falta de aire, eso hay que trabajarlo”, afirma.

El mundo que enfrenta María Esther todos los días no deja de ser altamente peligroso. Mantiene un dialogo abierto y directo con el paciente al momento de orientarlo. “Son ejercicios prácticos y se les reeduca para caminar, vestirse y se les enseña a sentir confianza. Son personas que un día llegaron a una carpa y vieron morir a muchas personas  a su lado”, confiesa.

La licenciada Huamán es madre de una niña de dos años. Trabaja protegida, con todos los protocolos de seguridad, pero todavía siente los temores de un contagio.

 

Miles de personas que superaron la crisis infecciosa presentan secuelas respiratorias y requieren tratamiento. | Fuente: Colegio de Tecnólogos del Perú

La licenciada Gianina Huallpa Palomino es tecnóloga médica en laboratorio clínico y anatomía patológica. Su misión durante la pandemia fue reunir donantes de sangre para abastecer el banco del Hospital de Neoplásicas. La sangre permite que sus  pacientes sigan con vida.

Sin embargo, al declararse la inmovilización social, el abastecimiento de sangre sufrió un colapso, que llevó a buscar con urgencia donantes de sangre.

Teníamos ochenta donantes diarios y con la emergencia se redujo a diez. Fue terrible. El hospital no se podía quedar sin sangre y salimos en campaña para encontrar donantes”, señala.

Gianina Huallpa no midió el peligro y fue en busca de sangre para los pacientes. Todo iba a bien hasta que la Covid-19 la atrapó. Se empezó a sentir mal y fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos. Los médicos que la trataron recurrieron al coma inducido.

Fue sedada, para reducir su consumo de oxígeno, y la entubaron. “Es un mal que no le deseo a nadie. Felizmente me recuperé”, comenta. Actualmente, sigue trabajando en el banco de sangre del hospital de Neoplásicas. Cuando le preguntan por qué volvió, dice: “porque los pacientes con cáncer me necesitan”.