Las elecciones congresales se realizan este domingo. | Fuente: Foto: Andina

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Más de veinticuatro millones de peruanos estamos convocados a votar para elegir un nuevo Congreso que legisle, fiscalice y nos represente hasta la víspera de nuestro bicentenario, el 28 de julio del 2021. Toda elección es una reafirmación de la democracia, es decir de la voluntad de vivir como ciudadanos libres, protegidos de las arbitrariedades del poder político y de los abusos de los poderes fácticos. Pese a las imperfecciones, las negligencias y las manipulaciones las elecciones han terminado por abrirse a todas las categorías de la población: las mujeres en 1956, los analfabetos en 1980, los jóvenes a partir de los 18 años, los peruanos establecidos en el extranjero, para los que se han habilitado 3,374 mesas de sufragio en 79 países, que en su conjunto acogen a más de diez por ciento de nuestra población. Con limitaciones y en algunos casos sin entusiasmo, también ha mejorado el marco normativo y la autonomía de la Autoridad Electoral, a veces hasta el extremo del empecinamiento y la violación del sentido común. La ley promueve la democracia interna de los partidos, la participación de las mujeres, el escrutinio de los candidatos y la transparencia del financiamiento de sus campañas.

Pese a todo, nos falta mucho para evitar el caudillismo, el aprovechamiento político y la retórica vacía y por eso muchos ciudadanos se ven ganados por la desconfianza y el desinterés. Pero hay una única manera de garantizar que nuestras instituciones no se pongan al servicio de intereses subalternos y venales: la participación de los electores para emitir un voto informado, es decir fruto del conocimiento de las propuestas políticas y las trayectorias de los candidatos. El Grupo RPP ha hecho su mayor esfuerzo para dar la palabra a representantes de todas las corrientes de opinión, todas las regiones, todas las edades y todas las pertenencias comunitarias. Los únicos requisitos son el amor al Perú, la adhesión a su democracia y el respeto a los adversarios. Al término de la campaña, solo nos queda reiterar nuestro llamamiento a ejercer el derecho al voto, a no ceder a la tentación de la abstención, del voto blanco y nulo, que equivalen a dejar en manos de otros las decisiones sobre asuntos que nos conciernen a todos: la reforma de las instituciones, el uso del presupuesto público, los servicios de educación, salud y saneamiento, la seguridad ciudadana, la lucha contra la corrupción, la liberación de nuestras fuerzas productivas. Las elecciones congresales son consecuencia de una situación política extraordinaria que llevó a la disolución del Congreso elegido el 2016. Pero todos los partidos decidieron participar en ellas, lo que nos ha permitido salir de una grave crisis sin caer en el peor de los escenarios, es decir el recurso a la fuerza para dirimir un enfrentamiento. Todos los partidos se han mostrado capaces de organizarse en poco tiempo y renovar su oferta electoral, combinando personalidades experimentadas con jóvenes inspirados en los mejores logros de sus mayores y, esperamos, decididos a no cometer los mismos errores. La campaña, breve y sin figuras presidenciales, no ha aportado grandes ideas, pero ha terminado por favorecer un clima de moderación y consenso que nos permita el concurso de todos para resolver los problemas que ennegrecen la vida privada y pública. ¿Qué nos dice sobre nosotros mismos el terrible incendio causado en Villa El Salvador por un camión cisterna cuyo conductor transportaba gas bajo el signo de la irresponsabilidad? ¿Qué peor símbolo del cainismo que ver al distrito más rico del Perú, San Isidro, bloqueando el llamado Puente de la Amistad, destinado a que peatones y ciclistas puedan cruzar sobre la quebrada San Martín para llegar a Miraflores?

Nunca ha sido más vigente que hoy una advertencia del filósofo de la Ilustración Voltaire: “La política no debe ser el camino para que hombres sin principios puedan dirigir a hombres sin memoria”.

La respuesta del Perú la conoceremos el domingo.

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