Lula da Silva | Fuente: AFP

Mientras en el Perú algunos políticos fomentan las dudas sobre la imparcialidad de la Justicia, en el Brasil el expresidente Lula da Silva acaba de recibir una segunda condena de 12 años de cárcel. Importa recordar la importancia que hace unos años tuvo Lula dentro de su país y fuera de él. Primer obrero que llegaba a la presidencia de un país sudamericano, Lula supo llevar a la práctica una política económica que logró a la vez crecimiento y redistribución.

Su política de Hambre Cero fue elogiada por el Banco Mundial y Brasil se integró al llamado grupo de BRICS, junto a Rusia, India, China y Sudáfrica. Cosa poco frecuente en la política, Lula fue capaz de promover a una sucesora, Dilma Rouseff, quien fue elegida, como él,  dos veces Presidenta, aunque fue destituida durante su segundo mandato.

La organización política fundada por el sindicalista de Sao Paulo, el Partido de los Trabajadores, llegó a la segunda vuelta en las elecciones del año pasado, lo que habla de la vigencia de su implantación. Pese a su fuerza política y a la multiplicación de recursos judiciales, Lula ha sido condenado y purga condena, en espera de recibir sentencias en otras causas que tienen en común el mismo origen: el enceguecimiento que causa el poder, la facilidad con que los poderosos caen en la tentación del dinero fácil, primero para financiar sus campañas y luego para su uso personal.

El exgeneral en su laberinto

 Pocas cosas son más deseables para nuestro país que contar con una Justicia que sea respetada por su imparcialidad y su profesionalismo. Desdichadamente, la corrupción del poder judicial, la fuga de algunos justiciables y el retraso de muchas causas, mantienen un clima de desconfianza. El caso del congresista Edwin Donayre no puede sino reforzar el descrédito de las instituciones.

Trece años después de los hechos (robo de gasolina al Ejército) y tres meses después de una sentencia de cárcel, Donayre, blindado por los fujimoristas de la Comisión de Levantamiento de Inmunidades, sigue fungiendo de legislador, mientras que otros de los condenados de su caso están en prisión. Peor aún, cuenta con el respaldo de otro Oficial General miembro del Congreso, el Almirante Tubino, quien afirma en twiter que “los rojos quieren ver preso a Donayre porque fue militar”.

La obsesión cromática conduce justamente a despreciar la Justicia y relativizar sus sentencias, como si ellas debieran ser consideradas “de acuerdo al color del cristal con el que se les mira”.

Motos en Miraflores

La municipalidad de Miraflores ha vuelto a poner en agenda un dispositivo destinado a reducir la delincuencia: la prohibición de que dos varones se desplacen en una moto. La idea fue implementada en Colombia con buenos resultados, antes de ser recogida en un Decreto Legislativo de 2015. Pero nunca se publicó el reglamento que hubiera podido adaptar su aplicación a las condiciones diversas de nuestro territorio.

Naturalmente, es una iniciativa que dará lugar a polémicas, puesto que se trata de un caso clásico de conflicto entre la seguridad y la libertad. Lo sabio es buscar siempre respetar ambos valores, asumiendo que sus prioridades oscilan de acuerdo a las circunstancias. En el caso de algunos distritos de Lima y otras grandes ciudades, es evidente la ventaja que la moto ofrece a sicarios y delincuentes, que gracias a ella pueden actuar y huir con facilidad.

Pero lo sabio es prever casos particulares y garantizar excepciones para quienes, por ejemplo, usan la moto para transportar a hijos, padres o colegas. Lo cierto es que es bueno que las nuevas autoridades locales asuman responsabilidades y contribuyan a hacer frente a un flagelo, que afecta sobre todo a los barrios con menos recursos, donde hay menos serenos y peor iluminación.

Las cosas como son

¿Qué opinas?