Gobiernos regionales: 13 de 25 regiones han gastado menos de la mitad de sus fondos en inversión pública en lo que va de 2022

Luego de las Elecciones Regionales y Municipales 2022, los municipios y Gobiernos Regionales deberán entregar el mando a las nuevas autoridades electas. Especialistas analizan el gasto ejecutado por las autoridades en lo que va del año, es decir, cómo dejan su gestión.

Ejecución Presupuestal 2022
Los gobiernos regionales y locales han ejecutado menos de la mitad de su presupuesto para obras en lo que va del año. | Fuente: Andina

A menos de dos meses de cerrar el año y culminar sus gestiones, diversos gobiernos regionales y locales han ejecutado mucho menos del 50% de su presupuesto anual destinado a la inversión pública.

Cada administración cuenta con un presupuesto total que incluye gastos en salarios, alquiler de edificios, pago de servicios, bienes, entre otros. Una parte de este presupuesto está destinado exclusivamente a proyectos de inversión pública. “Es decir [ese presupuesto está destinado] a la provisión de activos que permitan un mayor desarrollo para cada localidad”, explica Fernando Gonzales, economista senior del Instituto Peruano de Economía (IPE). Este presupuesto puede gastarse en construcción de infraestructura de carreteras, obras de agua y saneamiento, compra de maquinarias, reparaciones al capital productivo, entre otros.

Gonzales considera que es importante ejecutar estos fondos de inversión ya que generan bienestar para las poblaciones. “Una adecuada ejecución del presupuesto público significa que el gobierno aprovecha los recursos disponibles para el cierre de las brechas sociales en beneficio de los peruanos. Esto se da, por ejemplo, mediante el incremento de cobertura de servicios básicos en las viviendas y la provisión de servicios de salud y educación”, refiere.

A la fecha, este año 13 de los 25 gobiernos regionales han gastado menos de la mitad de sus fondos destinados a obras públicas. Según el portal de Transparencia Económica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) las regiones que menos obras han ejecutado son Huánuco (16,5% del presupuesto), Cajamarca (30,1%) y Áncash (30,4%). Cabe mencionar que, según datos del INEI, Huánuco y Cajamarca forman parte de las regiones más afectadas por la pobreza en el país, condición que impacta al 40% de sus poblaciones. En el otro extremo se encuentra Apurímac, que ya lleva ejecutado el 63,4% de su presupuesto este 2022.

¿Por qué no se ejecuta más? 

La ejecución de proyectos es aún más baja en los gobiernos locales. En conjunto, a nivel nacional, los municipios no han invertido más del 45% de sus presupuestos. En Pasco, uno de los departamentos con más bajo índice de gasto, encontramos municipios distritales donde la ejecución, a esta fecha, no alcanza ni el 10% como Vilcabamba (3,6%) y Chontabamba (9,6%).

En Lima Metropolitana también encontramos jurisdicciones con baja inversión pública. Los distritos que menos han invertido en obras en lo que va del año son La Molina (19,4%), Miraflores (20,6%) y Pachacamac (22,7%). “La baja tasa de ejecución de inversión pública evidencia los problemas de gestión en los diferentes niveles de gobierno, aunque con mayor notoriedad en los gobiernos regionales y municipalidades”, refiere Gonzales.

Son distintas las causas para explicar la ausencia de una ejecución más avanzada. José Koechlin, coordinador del Instituto de Ética y Desarrollo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), prioriza dos razones. “La primera causa tiene que ver con la ineficiencia de las autoridades, la falta de voluntad política, la falta de contratación de un personal adecuado que pueda ejecutar los proyectos”, refiere.

La segunda tendría que ver con las trabas burocráticas que impiden un gasto rápido del presupuesto. “Cuando un gobierno regional o un alcalde tiene que ejecutar un proyecto, se ve desbordado por la cantidad de requisitos y una serie de papeleo que hay que cumplir, lo cual retrasa hasta ocho o nueve meses una obra y, entonces, las autoridades terminan desanimándose en la ejecución porque no les reditúa beneficios políticos”, sostiene.

Además de estas razones estructurales, Carlos Casas, profesor principal de Economía de la Universidad del Pacífico, agrega una causa ligada a problemáticas propias del ejercicio del poder. “Todos los destapes que hay por corrupción, terminan por dilatar los procesos. Los funcionarios empiezan a tener miedo de firmar algo porque no saben en qué entorno se están desenvolviendo”, señala.

El año pasado los gobiernos regionales llegaron a ejecutar el 70% de sus presupuestos de inversión pública, mientras que los gobiernos locales llegaron al 62%. Pese a que ya entramos en el penúltimo mes del año, para los especialistas aún es posible alcanzar porcentajes similares, debido a que el gasto suele intensificarse en los últimos meses.

Casas describe este fenómeno como una “alta ciclicidad” ya que durante la primera mitad del año el gasto de inversión se ejecuta poco y el grueso se concentra en el último trimestre. “Hubo años donde en diciembre se ha ejecutado el 40% del gasto de inversión. Eso es contraproducente porque si se gasta de manera muy rápida, hay espacio, en el mejor de los casos, para la ineficiencia; y en el peor, para la corrupción. Debería haber una ejecución más estable a lo largo del año”, indica.

¿A dónde se va lo que no se ejecuta?

¿Qué pasa con el presupuesto que no se ejecuta? Los recursos provenientes del Gobierno Nacional que no se utilicen deben retornar al erario nacional. A nivel general (contando todos los niveles de gobierno), la inversión pública realizada en lo que va del año bordea los S./ 33 mil millones de soles, lo cual representa un 51% de avance. Es decir, más de S/.30 mil millones esperan ser ejecutados en estos dos meses para no ser devueltos.

Koechlin señala que una baja ejecución en una jurisdicción podría impactar en los futuros presupuestos de cada localidad. “Es gravísimo porque no solamente se devuelve dinero que podría haber sido invertido eficientemente en la región, sino que se devuelve dinero en un lugar donde se necesita. A todas luces una cosa contraproducente que empeora la situación de pobreza y necesidad”.