Aumentan los casos de COVID-19 en el país.
Aumentan los casos de COVID-19 en el país. | Fuente: Foto: Minsa

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Alguna vez se recordará con tristeza que ayer, 5 de agosto, fue el día con mayor número de muertos y de contagios desde que se registraron los primeros casos de coronavirus en el Perú. Más de 7,000 infectados y 221 muertos confirman que el virus resiste a todos los esfuerzos y sacrificios que se vienen haciendo para salvar vidas humanas. Es probable que el alza de las cifras epidemiológicas sea consecuencia del fin de la cuarentena general, que ha podido causar una falsa sensación de progreso ante un enemigo que seguimos sin conocer con precisión. Aunque sea la enésima vez, no nos cansaremos de repetir que en gran parte depende de nuestra disciplina el mantener la salud personal y la de nuestras familias. El virus es complejo y hasta ahora indescifrable, pero las medidas para evitarlo son simples: el uso de mascarillas, el cumplimiento de la distancia social y el lavado frecuente de manos. Ser infectado en las actuales circunstancias implica el riesgo de desarrollar síntomas graves sin que la capacidad hospitalaria haya crecido al mismo ritmo que la necesidad. Hemos multiplicado el número de camas de cuidados intensivos y de ventiladores mecánicos, pero en muchas regiones no se cuenta con médicos intensivistas. Al parecer, el Decreto de Urgencia que permitía la contratación de médicos sin colegiatura no se viene aplicando.

Estas circunstancias de emergencia, lejos de aplacar los ardores y la hostilidad política, parecen haberles atizado. Un día después de la denegación de confianza al gabinete Cateriano, el presidente del Congreso ha creído necesario atacar al Jefe de Estado, al que considera “único responsable” de la crisis producida por la caída del gabinete. Manuel Merino negó haber participado en alguna forma de “chantaje” para que Cateriano sacrifique al ministro de Educación. Reconoció sin embargo haberse reunido con el renunciante primer ministro para informarle que algunos de sus ministros no contaban con apoyo suficiente en el Congreso. Merino se expresó también con dureza contra la prensa, a la que acusó de “agredir al Congreso”. Y, por supuesto, se presentó como el garante del carácter democrático de la institución que preside, pero no explicó por qué se negó la confianza a un gabinete que solo tenía veinte días en funciones. Según Merino la exposición de Cateriano no supo convencer. Aún menos convincentes fueron las explicaciones de la congresista Carmen Omonte, miembro de la bancada de APP. Según ella, César Acuña había prometido su respaldo a la gestión de Cateriano, pero no a su voto de investidura. No se entiende, desde luego, cómo podría un primer ministro llevar a cabo su gestión sin recibir el voto de confianza.

Algunos análisis de la sesión culminada la madrugada del martes hacen notar que la mayoría de los que optaron por el “no” representan a las regiones, mientras que Cateriano habría obtenido más votos favorables en Lima y Callao. Es posible que la falta de resultados ante la pandemia y el empobrecimiento general estén acentuando la histórica brecha entre Lima y el interior de nuestro país.

Es tarea de todos obrar para cerrar las brechas y restaurar la confianza en nuestras autoridades. Por eso es altamente irresponsable especular sobre una eventual vacancia del presidente Vizcarra. Quienes se ven tentados por ese tipo de intriga nos acercan al despeñadero. El día de hoy prestará juramento un nuevo gabinete, nombrado, como manda la constitución, por el presidente de la República. Si es una elemental actitud democrática dejarlo actuar antes de juzgarlo, hoy más que nunca debemos desear y facilitar su éxito. Eso es lo que requieren los que padecen la pandemia y los que han perdido sus puestos de trabajo y su confianza.

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