Augusto Pasapera Abad (54) está recluido en una prisión de Piura mientras duren las investigaciones en su contra por presuntamente haber abusado sexualmente de su hija de 14 años, quien dio a luz a un bebé. En esta denuncia también son investigados el primo y el hermanastro de la víctima. Este caso se suma a las indignantes cifras de violencia sexual en el país que tiene rostro de mujer y de niñez.

Pese a que el daño sufrido es irreparable, el uso de la cámara Gesell permite que la persona abusada pueda obtener justicia sin ser revictimizada. La cámara Gesell es un ambiente administrado por el Instituto de Medicina Legal (IML) del Ministerio Público y dividido en dos espacios. Uno es solamente para la entrevista con el menor y la otra es donde estarán presentes los fiscales, abogados y padres. Ambos ambientes estarán separados por una pared de vidrio espejado.

La implementación de las cámaras Gesell no ha ido de la mano con la demanda por los casos. La primera cámara se inauguró en el año 2008 y once años después, solo hay 75 cámaras en todo el Perú. De este número, 12 están inoperativas por falta de equipamiento o personal, según información de la Fiscalía a la que accedimos por medio de una solicitud de Acceso a la Información. El costo de cada cámara Gesell es de S/. 97.886,31. En ese presupuesto no está contemplado el costo del personal, como psicólogos, asistentes administrativos y digitadores.

Pese a que en los últimos años se han inaugurado cámaras Gesell, la oferta todavía no satisface la demanda de casos. | Fuente: Fiscalia | Fotógrafo:

El paso a paso dentro de la cámara

“Una cámara Gesell es el ambiente adecuado que permite que un menor de edad pueda ser entrevistado por un psicólogo especialista y que cuente su experiencia de un hecho de violencia, ya sea física, sexual, psicológica”, señala la fiscal Katharine Borrero, de la Fiscalía Provincial Transitoria Especializada en Violencia contra la Mujer y los Integrantes del Grupo Familiar de Lima.

En la sala de entrevista solo estarán el psicólogo y el menor donde conversarán sobre su caso, que previamente el profesional médico ya estudió. “Los espectadores ven a través del vidrio al psicólogo y menor de edad y se van haciendo las preguntas. Primero para llegar a formar con el declarante una relación de asertividad para que, a través de la empatía, pueda contar su historia. Esa entrevista única tiene la naturaleza de ser irrepetible, por eso se graba”, indica la fiscal.

El Ministerio Público tiene dos protocolos para este tipo de entrevistas a menores. Una es la Guía de Procedimientos de Entrevista Única a Víctimas dado en el marco de la ley N.º 30364 para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar. Otro es el protocolo SATAC, elaborado por Corner House, una ONG dedicada a la protección infantil con sede en Estados Unidos.

Durante la entrevista, el psicólogo deberá lograr que el niño exprese “cómo sucedieron los hechos”. “La hora y la descripción del lugar, identificar al supuesto agresor, no solamente de nombre, sino también su descripción física, establecer el vínculo con el supuesto agresor, determinar la frecuencia, intensidad y desde cuándo vienen sucediendo los hechos, precisar la existencia de otras víctimas e indagar las motivaciones que exista en la denuncia”, detalló la fiscal.

En la segunda parte de la entrevista, el psicólogo recibirá, a través de un pequeño teléfono, las preguntas que tienen los fiscales y los abogados. “Escuchará las preguntas y las convertirá en una entrevista para que el niño no se sienta interrogado, sino que sea una conversación”, indicó la magistrada. El testimonio será grabado en audio y, además, transcrito en un acta. El testimonio de cámara Gesell tendrá el valor de una prueba preconstituida, afirmó Borrero.

Los fiscales Pedro Chávarry y Pablo Sánchez durante la inauguración de una cámara Gesell | Fuente: Fiscalia | Fotógrafo:

El reto: miles de casos y pocas cámaras

Con las 63 cámaras Gesell actualmente operativas se atienden los miles de casos que se reportan al año de violencia sexual contra niños y adolescentes. Según el Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público, en el 2018 se registraron 28.067 denuncias por abuso sexual, mientras que, entre enero y febrero 2019 hubo 4.927. Ocho de cada diez víctimas eran menores de edad.

El estudio también estableció que 8 de cada 10 de estos eran personas conocidas por la víctima, es decir, los presuntos agresores sexuales tenían ‘rostro conocido’, como vecinos o familiares. Además, se determinó que un 60,9% de los hombres denunciados tenía entre 18 y 34 años.

El tener pocas cámaras para cada vez más casos denunciados origina deficiencias en el acceso a justicia. “Se genera una sobrecarga que hace que el tiempo para las citas en las cámaras Gesell sean muy largos, de uno hasta tres meses”, señala Matilde Cobeñas, adjunta para la Niñez y Adolescencia de la Defensoría del Pueblo.

La funcionaria señala que las víctimas de zonas rurales también se enfrentan a las barreras geográficas o incluso lingüísticas para acudir a las citas programadas. El tema del personal tiene sus propios desafíos: “Al haber pocos psicólogos, entonces hay menos entrevistas y ya no se puede cubrir toda la demanda, porque mientras menos personal tengas quedan más citas que se postergan o que se programan a largo tiempo”.

Al día, los psicólogos pueden realizar entre una y tres entrevistas, según contaron los profesionales a la Defensoría. “No hay un estándar y esto se comprende en tanto que cada caso es complejo”, consideró Cobeñas.

En marzo de 2019, fue aprobada y publicada la Ley N.º 30920 que declara de interés público y de prioridad nacional la implementación progresiva de cámaras Gesell. Para la funcionaria, esto “demuestra que el Estado está reconociendo que hay una deficiencia que es necesaria superar”.

En el Perú, hay 63 cámaras Gesell. | Fuente: RPP Composición

Una cámara que no revictimiza

Brenda Álvarez, abogada de la ONG Promsex, indicó que la importancia de las cámaras Gesell radica en que garantizan la no revictimización; es decir, el evitar tener que contar una y otra vez una historia de violencia.

“Antes de la cámara Gesell, y seguramente todavía ocurre en algunos distritos judiciales en los que no se implementa, los niños y las niñas tienen que pasar por las preguntas de Fiscalía, por las preguntas de la Policía Nacional, por las preguntas judiciales”, señaló Álvarez.

Los lugares donde brindaban su testimonio no eran los adecuados, como, por ejemplo, una comisaría. “El niño o la niña tenía que narrar los hechos delante de 15 personas, con mucha bulla. Y muchas veces quien te pregunta es un policía o una policía, que no tiene necesariamente las capacidades para la realización de entrevistas y sobre todo en entrevistas que tienen que ver con la violencia sexual”, indicó.

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