Los hábitos de vida y la propia biología tienden a desajustar el reloj interno, lo que produce el agotamiento físico y mental. | Fuente: Getty Images

Como media, las personas pasan unas 175 000 horas de su vida durmiendo (la tercera parte de su vida), lo que demuestra la importancia del sueño para que el cuerpo y la mente "recargen energía" y se preparen para el día a día. No obstante, debe quedar claro que cualquier momento no es bueno para dormir, ya que de forma natural el organismo tiende a sincronizarse con la luz del día y a repetir cada día el mismo ciclo; sin embargo, los hábitos de vida y la propia biología tienden a desajustar ese reloj, y entonces se produce el agotamiento físico y mental, lo que afecta especialmente a niños y adolescentes en proceso de crecimiento.

Por ello, investigadores de la Universidad Complutense de Madrid realizaron un estudio con 796 personas de entre 12 y 16 años en el que concluyeron que los adolescentes que duermen poco entre semana pero mucho los fines de semana (tres horas más) a modo compensatorio, registran un menor rendimiento académico y cognitivo que aquellos que duermen de manera más regular.

"Los adolescentes, sobre todo las chicas, tienden a dormir más los fines de semana respecto a los días de diario. Eso les provoca un mayor "jet-lag", es decir, que haya un desafase entre las preferencias personales y los horarios impuestos socialmente, lo que provoca un descanso deficiente", explica Juan Francisco Díaz-Morales, profesor de Psicología Diferencial.

El 'jet-lag" se genera cuando el reloj biológico de las personas vespertinas (que tienden a estar más activas en la tarde y la noche) las lleva a acostarse tarde aunque al día siguiente tengan que madrugar, como ocurre con muchos jóvenes que van al instituto y también con adultos vespertinos que tienen horarios matutinos (como la gran mayoría).

Así pues, este fenómeno se asocia con peores notas y un menor rendimiento en las habilidades cognitivas verbales, espaciales, de razonamiento y númericas. Y lo que es más, su efecto es más claro en las chicas que en los chicos Y las horas de sueño perdidas no se recuperan, indica el investigador.

"En las chicas, el "jet-lag" se relaciona con un peor rendimiento en todas las pruebas de habilidades cognitivas (excepto la prueba de fluidez verbal) y con peores notas académicas. Mientras que en los chicos, está más asociado a un peor rendimiento en pruebas de razonamiento inductivo y de aptitud numérica", destaca Díaz-Morales.

Los investigadores proponen varias causas para este fenómeno de desfase. "Hay unos factores biológicos durante la pubertad que marcan esta preferencia por la tarde entre adolescentes. Además, hay otros factores psicológicos y sociales", propone Díaz-Morales.

"En este sentido, los adolescentes que usan con más frecuencia dispositivos como tabletas o celulares por la noche, incluso en la cama, están expuestos a una fuente adicional de luz que hace que su reloj biológico interprete que aún es de día, lo que se traduce en el retraso de inicio del sueño", señala el informe final publicado en Chronobiology International.

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Posted by RPP Noticias on domingo, 4 de octubre de 2015