Según datos de la OMS, aproximadamente 1.000 millones de personas en el mundo padecen anemia ferropénica | Fuente: Shutterstock

La anemia es una de las principales causas de muerte neonatal e infantil en el Perú. De acuerdo con las cifras oficiales, en nuestro país, 1 de cada 2 niños menores de tres años padece esta enfermedad y solo en la capital se concentra el 30% de estos casos. Se trata de una disminución de la hemoglobina en la sangre, siendo la deficiencia de hierro en la alimentación la causa más recurrente.

La situación nacional respecto a la anemia es severa, ya que con el 43,5% de niños afectados, hemos superado el porcentaje que la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica como mínimo para ser considerado un problema de salud pública. De esta manera, ha sido importante detectar que los principales factores que pueden llevar a las niñas y niños a tener anemia son una pobre alimentación en hierro y tener una madre anémica durante la gestación.

Es necesario recordar que el hierro es esencial durante los primeros años para facilitar la conectividad neuronal. El Ministerio de Salud (Minsa) indica que en los tres primeros años de vida el cerebro se desarrolla más rápido y consolida su estructura básica al generar hasta 700 conexiones neuronales por segundo, formando así los circuitos de aprendizaje básicos. Por ello, su déficit tiene consecuencias negativas en desarrollo cognitivo y motor del niño.

¿Cómo prevenir la anemia durante la primera infancia?

Considerando que el 80% del cerebro de un bebé se forma antes de los 3 años, es necesario que, durante los primeros años de vida –específicamente desde el embarazo hasta los 3 años– se le brinde una atención especial en la nutrición y estimulación del infante para que su cerebro se desarrolle correctamente. Existen periodos claves en el desarrollo alimenticio de un bebé en los que se puede prevenir la anemia:

Durante la gestación

Una mujer gestante con anemia tiene altas probabilidades de dar a luz a un bebé prematuro, con bajo peso al nacer y con riesgo de muerte neonatal. Asimismo, esta condición pone en peligro su propia vida, ya que un bajo nivel de hemoglobina está vinculado a las altas tasas de mortalidad materna.

A lo largo de los nueve meses de embarazo, la madre debe preocuparse por su alimentación e incorporar a su dieta diaria alimentos de origen animal conocidos por su alta concentración de hierro como carnes rojas, pescado oscuros (anchoveta, machete, jurel y bonito) y vísceras de color oscuro como sangrecita, hígado y bazo, además alimentos ricos en ácido fólico (verduras de hoja verde oscuro como las espinacas, los espárragos verdes, el brócoli, las acelgas o la lechuga) y alimentos ricos en vitamina C (frutas: aguaymantos, naranjas, pomelos/toronjas. pimientos rojos y verdes y kiwi; otras frutas y verduras, como brócoli, fresas, melón, papas horneadas y tomates).

Además, es necesario que desde las 14 semanas de embarazo hasta los 30 días después del parto, la madre reciba un tratamiento preventivo a través del consumo de ácido fólico y sulfato ferroso.

El 75% de casos de anemia en países subdesarrollados se debe a una mala nutrición y a la falta de diagnóstico durante el embarazo. | Fuente: Shutterstock

Durante la lactancia materna

En el momento del parto, se recomienda que el corte tardío del cordón umbilical sea a los 2 o 3 minutos después del nacimiento y que el inicio de la lactancia materna ocurra dentro de la primera hora de nacimiento, para que el neonato pueda consumir el calostro: primera secreción de la glándula mamaria, que dura entre 2 a 3 días después del nacimiento, cuya composición es de inmunoglobulinas, sustancia inmureguladoras y enzimas (encargadas de cubrir la parte interna del aparato digestivo del niño, impidiendo que se adhieran bacterias, virus, parásitos y otros gérmenes que impiden el aprovechamiento de los nutrientes de la leche materna).     

La leche materna cuenta con los nutrientes necesarios que requiere un recién nacido para proteger su sistema inmunológico, por lo que es ideal que sea de manera exclusiva hasta los 6 meses y prolongada hasta los 2 años.

Durante la alimentación complementaria

Se recomienda que, tras los seis meses de lactancia, no se abandone la lactancia materna, sino que se complemente con otros alimentos como frutas, verduras, y huevos. Asimismo, como en esta etapa los niños y niñas ya tienen el aparato digestivo maduro, empieza a aparecer la dentadura y pueden manipular mejor la lengua, estos alimentos pueden presentarse en forma de papillas espesas (aplastadas con el tenedor nunca licuadas).

Es importante recordar que el cuerpo obtiene hierro a través de alimentos específicos, de manera que esta alimentación complementaria debe incorporar a la dieta diaria alimentos de origen animal como sangrecita, bazo, hígado, carnes rojas y pescado.

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