Martes
Las misiones de estos países buscan complementar un mapa climático del planeta e intentar descubrir vida en ellas. | Fuente: Composición

Este 18 de febrero, el mundo fue testigo del exitoso amartizaje del Perseverance, el sofisticado rover que explorará la superficie de Marte en búsqueda de vida microbiana pasada o actual, así como para una serie de experimentos en pro de la futura colonización humana en el planeta. Esta llegada ha cerrado una primera etapa en la que no solo Estados Unidos ha mostrado interés, sino que ha involucrado a China y Emiratos Árabes Unidos en el programa, todos en mismo mes.

Desde julio del 2020, estas tres naciones iniciaron una nueva etapa de exploración espacial con tres sondas enviadas al Planeta Rojo: Hope (EAU) para investigar sobre el clima del astro y Tianwen-1 (China) y Perseverance (EE. UU.) para la búsqueda de vida extraterrestre. Pero ¿pór qué todas al mismo tiempo?

La salida tuvo una razón más allá de la geopolítca

Julio fue el mes escogido por las agencias de estos países para el lanzamiento de sus equipos y no fue casualidad, sino que responde a un plan estratégico moldeado por la NASA y adaptada por el resto de instituciones.

La agencia norteamericana programó su lanzamiento para estas fechas (el primer día previsto fue el 14) porque la misión fue diseñada “para lanzarse en un momento en que la Tierra y Marte están en en buenas posiciones relativas en sus órbitas, lo cual es ventajoso para las naves espaciales que viajan y aterrizan en el planeta”.

Según explica la NASA en su apartado especial sobre el proyecto, “esta posición favorable de los planetas significa que se necesita menos energía de lanzamiento para llegar al Planeta Rojo en comparación con otros momentos en que la Tierra y Marte están en diferentes posiciones en sus órbitas alrededor del sol”.

Las oportunidades de lanzamiento surgen solo cada 26 meses debido a la oposición en el perihelio entre ambos planetas, por lo que, si Perseverance no hubiese sido lanzado a Marte en dicho verano, el proyecto tendría que haber esperado hasta septiembre de 2022 para volver a intentarlo, lo que afectaría los objetivos a largo plazo del Programa de Exploración de Marte de la NASA y aumentaría el riesgo general de la misión.

El modelo de órbitas planetarias, el cual es similar a una pista y que mantiene datos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, por su sigla en idioma inglés), explica por qué esto es así. Ambos planetas son como corredores y la Tierra está del lado de adentro y Marte, del lado de afuera. Cada 26 meses, nuestro planeta alcanza a Marte, que es más lento, y le saca ventaja. La oposición se produce justo cuando la Tierra toma la delantera.

Como las órbitas planetarias son elípticas, no todas las distancias en las oposiciones son iguales. En el año 2003, Marte experimentó su máximo acercamiento a la Tierra en 50.000 años, en lo que fue una aparición que hipnotizó a los observadores del cielo de todo el mundo. En promedio, Marte está a 225 millones de kilómetros de distancia, según la NASA; la distancia máxima entre ambos planetas es de 402,3 millones de kilómetros.

Días de diferencia

Con todos los países siguiendo una misma ventana de lanzamiento, iban a mantener una similar de llegada.

Emiratos Árabes Unidos fue la primera en llegar a la órbita marciana con Hope, quien ya envió sus primeras imágenes desde allí, el pasado 9 de febrero. Sin embargo, también tuvo una razón extra para calcular su llegada a órbita. En este mes, el país celebra el Jubileo de Oro (50 aniversario), en el que se marca y se homenajea la unión de los siete emiratos que lo conforman, el cual inició en 1971 y se consolidó con el anexo final de Ras al-Jaima en febrero de 1972.

China fue la segunda en llegar solo un día después, el 10 de marzo, con la misión Tianwen-1. Ella orbitará el planeta hasta mayo, cuando su rover descienda a la superficie y también inicie la exploración in-situ.

Una semana después, este jueves 18 de febrero, Perseverance, de Estados Unidos, amartizó en el cráter Jezero. Este lugar albergaba un profundo lago de 50 kilómetros de ancho hace 3.5 mil millones de años y saber más de su agua es vital en la búsqueda de microorganismos.

Pese a sus diferencias políticas, todas tienen un misión en común: complementar un mapa general del clima y la geología del planeta para dar inicio a la nueva carrera espacial en el Planeta Rojo.

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