Las humanidades como un camino interior

“Cursos de relleno”, esa es la creencia de algunos. “Cursos de cultura general”, esa es la creencia de otros. “Suplemento de las deficiencias de la educación básica”, quizás la aseveración más condescendiente ¿Qué son las humanidades? No es fácil definirlas. Quizás porque son un camino. ¿Hacia dónde? Pensemos.

Las humanidades siguen en pie contra viento y marea. Ya desde el siglo XIX, durante el apogeo del positivismo, se decretaba su muerte en manos de sus “hermanas”, las ciencias naturales y las nacientes ciencias sociales. Se asumía que las ciencias basadas en hechos y en datos empíricos socavarían la credibilidad de los saberes provenientes de la interpretación. La carencia de un método de verificación fáctica, hacia que las humanidades se presentasen como un conocimiento endeble y poco confiable.

Tras el “embrujo” positivista, las humanidades lograron establecerse en una serie de disciplinas universitarias con el cambio del siglo. Amparadas en el amplio rotulo de “ciencias humanas” o de “letras”, sobrevivieron en la filosofía, la literatura, la historia, la historia del arte y en la filología. Y tras la primera postguerra mundial, fortalecidas por su “alianza” con las ciencias sociales en su dimensión critica, adquirieron un nuevo impulso metodológico. Sin embargo, tras la segunda postguerra mundial, su coalición con las ciencias sociales llegó a su fin. Las versiones más reduccionistas del materialismo histórico y del funcionalismo estructural acusaron a las “letras” de ser una pieza de museo del mundo “burgués” o ser un artificio renacentista fuera de tiempo.

Luego de aquel segundo ataque, lejos de asustarse y de aceptar estoicamente su extinción, las humanidades viraron hacia la “madre” filosofía. Y se reasentaron sobre las renovadas bases de la hermenéutica filosófica, los estudios críticos y sobre las nuevas formas de hacer historia, especialmente la conceptual e intelectual. Desde ahí han estado resistiendo diversos embates que, de tiempo en tiempo, anuncian su inminente desaparición.

Sin embargo, ¿por qué no desaparecen las humanidades a pesar de los tétricos pronósticos en su contra? Por un lado, el esfuerzo y la pasión de los humanistas hace que no se desaparezcan. Hay una tradición de saberes acumulados que vienen de mucho a tiempo atrás, que se originaron en la Grecia antigua y que gracias a la persistencia crítica se mantienen. Pero la razón más importante es la siguiente: los seres humanos no hemos desaparecido. Es decir, mientras existan humanos, necesitaremos formas de representarnos intelectualmente, sentimentalmente y sensorialmente.

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"Mientras nos siga asombrado lo que hemos hecho y hacemos, las humanidades, bajo el ropaje que sea, seguirán existiendo". | Fuente: Freeimages

Tradicionalmente el abordaje académico a la condición humana correspondió a las humanidades. Y es probable que ello no cambie en un tiempo. Pero la experiencia nos ha enseñado que también podemos acercarnos a la representación crítica y afectiva de nuestra naturaleza, desde las ciencias, desde las prácticas artísticas y desde otras manifestaciones de la cultura. Es decir, podemos desarrollar varias maneras de aproximarnos a lo que somos de muchas formas ¿Por qué? Porque las humanidades son un camino. Una vía en cuyo tránsito podemos interiorizar los que somos como género humano: realidades temporales, plurales, creadoras y afectivas.

Así, mientras nos siga asombrado lo que hemos hecho y hacemos, las humanidades, bajo el ropaje que sea, seguirán existiendo. Necesitamos un espejo en donde nos podemos observar imitativamente o con imaginación. Por ello, si nos preguntan, ¿qué son las humanidades? La respuesta sería: humanidades eres tú.

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