La multitud bulliciosa de juerguistas borrachos, mesas de póquer abarrotadas e insistentes promotores de clubes nocturnos parecen ser recuerdos lejanos en el Strip (Franja) de Las Vegas, donde se concentran los mundialmente conocidos hoteles y casinos, y que hoy se asemeja más a un pueblo fantasma.

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Bajo el sol abrasador se pueden ver apenas indigentes, guardias con pereza y un pequeño grupo de turistas atónitos.

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Nada parecido a mayo del año pasado, que fue el segundo mes más concurrido en la capital del juego, con casi 3,7 millones de visitantes.

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"Como vivo en Las Vegas nunca vengo al Strip, nunca", dijo tajante Mike Evans, un vendedor de autos de 47 años. "No hay necesidad".

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"Nunca pensé en mi vida que vería Las Vegas cerrar", señaló. "No hay conmoción, bullicio... es como un pueblo fantasma", cuenta un camarero de 30 años. 

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Más allá de esta extraña sensación de calma, el golpe financiero del confinamiento es claro para una ciudad que vive de los juegos de azar, los grandes espectáculos y el turismo, todos sectores golpeados por la pandemia, que además llevó a la restricción de viajes internacionales.

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Las vallas publicitarias están llenas de anuncios de eventos que nunca ocurrieron, que se mezclan con otros anuncios gigantescos en los edificios con el mensaje "Mantente fuerte".

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"Extrañamos el ruido... las grandes vibraciones, la gente, el alimentarse de la felicidad de otras personas", dijo Samantha, una mesera que no quiso dar su apellido

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A partir del sábado, los restaurantes podrán reabrir a media capacidad.

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Los turísticos casinos y clubes nocturnos, así como los bares de estriptis y burdeles legales del estado, permanecerán cerrados, por ahora.

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