15 fotos de Chile desbordado: soldados en la calle y cacerolas en los barrios mientras Santiago es saqueado

Las calles de Santiago de Chile se han convertido en tierra de nadie a pesar de la presencia de miles de militares desplegados, mientras los estados de emergencia y toques de queda no evitan los saqueos y disturbios en la capital. Así se desarrolló la jornada de protestas este domingo donde en cada barrio los vecinos organizaban cacerolazos.  

Recorrer las calles de la urbe chilena ofrece una imagen entre una aparente normalidad y el caos más desatado, una bipolaridad que se repite en cada barrio de Santiago mientras Carabineros y el Ejército no son capaces de tomar el control de la situación después de tres días de disturbios.

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El Gobierno del presidente Sebastián Piñera decretó el estado de emergencia y toque de queda, sin embargo, las medidas excepcionales no han servido para devolver la normalidad a la ciudad. 

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Manifestantes encapuchados se enfrentaron con efectivos policiales en la céntrica Plaza Italia de Santiago, fuertemente resguardada en una nueva jornada de rabia callejera que no cesa y refleja un extendido malestar social.


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"El pueblo unido jamás será vencido", gritaban a coro los manifestantes, rememorando una consigna que se hizo popular durante las protestas contra la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)

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Desde que se levantó la restricción de las libertades de movimiento a las siete de la mañana del domingo, los ciudadanos de Santiago han tratado de comenzar el día con normalidad.

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  Algunos salieron en familia a montar en bicicleta mientras en la acera de enfrente dueños de supermercados, farmacias o concesionarios de vehículos recogían los destrozos ocurridos en sus locales en la víspera.


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Las filas de vehículos se multiplicaban en las gasolineras para cargar combustible, mientras la gente hacía largas filas en los escasos cajeros automáticos que permanecen operativos para conseguir efectivo y en las pocas tiendas de alimentos abiertas se agolpaban personas hasta agotar las existencias.

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Una dualidad constante en cualquier lugar de Santiago. Mientras unos barren los cascotes y destrozos de la calle para que el tráfico fluya con aparente normalidad, dos calles más allá encapuchados fuerzan las mallas metálicas de los cierres de algunos comercios. 

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Y mientras tanto, los soldados se mueven en las tanquetas de un siniestro a otro sin llegar a parar los desmanes de los que participan en el vandalismo.

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Unos destrozos sobre todo en el transporte público, que podrían reflejarse en la estación del Metro de Santiago Elisa Correa, en el barrio de Puente Alto, al sur de la capital. 

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Ese punto del suburbano ardió durante los disturbios del viernes en la tarde y la noche, y de nuevo en el sábado, y este domingo presente una panorama desolador en sus andenes.

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El estallido de las protestas se produjo en Santiago y se alargan por tres jornadas, pero este sábado y domingo se extendieron a las ciudades de Coquimbo y La Serena en el norte, Valparaíso y Rancagua en el centro, y Concepción en el sur, todas ellas en estado de emergencia bajo el control del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

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Ni los toques de queda en la madrugada del domingo en Santiago, Valparaíso y Concepción han impedido que las fuertes manifestaciones continúen. Aunque muchas son violentas y terminan en enfrentamientos entre policías y manifestantes, incendios y saqueos, otras son multitudinarias, pacíficas y muy ruidosas, de aquellos igual quieren expresar su descontento con las acciones del Gobierno, pero se apartan del vandalismo para expresarse.

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Este domingo en la plaza Ñuñoa de Santiago, miles de personas se agolparon con sus cacerolas en la mano para hacer repicar con sonido metálico su contrariedad.

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"Chile despertó" fue la proclama más repetida entre una multitud que no paró de saltar, cantar y bailar para dejar patentes su rechazo a la desigualdad social.

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