La capital de Chile despertó este lunes "en calma", en la primera jornada laboral desde que se radicalizaran las protestas sociales, con sólo una línea de metro abierta y servicios de autobuses subsidiarios para tratar de que los ciudadanos acudan a sus trabajos con normalidad.

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"Ha sido un despertar lento de la ciudad, en calma, en paz, lo que nos tiene muy tranquilos pero al mismo tiempo estamos muy alertas para solucionar cualquier inconveniente que pudieran provocar algunos desadaptados",  dijo el general de división Javier Iturriaga, encargado de la seguridad en Región Metropolitana.

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A las 6:00 hora local de hoy (hora local) se levantó el toque de queda que rigió durante toda la madrugada y parte de la tarde y la noche del domingo.

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Grupos violentos han radicalizado una protesta social contra la desigualdad, que se ha cobrado hasta el momento diez muertos y que han sembrado de terror las calles de cada vez más lugares del país, con barricadas, incendios y saqueos. 

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El número de fallecidos en estas revueltas sin precedentes desde el retorno a la democracia en 1990, aumentó a once, al sumar las ocho personas que murieron el domingo, en su mayoría en medio de los múltiples saqueos e incendios que estallaron en varios puntos de Santiago.

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En algunos supermercados, las personas hacían largas filas a la espera de que abrieran sus puertas para abastecerse de víveres. En las gasolineras se observaban también enormes hileras de vehículos para cargar combustible.

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La estación La Moneda, a pocos metros de la casa de gobierno -en pleno centro de Santiago- abrió sus puertas pasadas las 07:00 a.m. (hora local), permitiendo el ingreso de decenas de personas que esperaban impacientes poder tomar un tren. Varios soldados resguardaban los ingresos, según constató un periodista de la AFP.

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En el centro de Santiago se observa gran presencia de militares y policías. Algunas tiendas -las más pequeñas- abrieron parcialmente sus puertas, pero los grandes locales comerciales, la mayoría de los supermercados y centros comerciales iban a permanecer cerrados o abrir parcialmente.

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Los vecinos, en alianza con fuerzas de orden, realizaron rondas de vigilancia junto a policías y militares que les permitieron salir a las calles pese al toque de queda.

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Con dos noches consecutivas de toque de queda tras ser decretado el estado de emergencia en varias ciudades de Chile y cuando cundían los saqueos y pillajes en todo el país, vecinos se organizaron para evitar ataques a sus hogares.

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Negocios vandalizados en el centro de Santiago

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Negocios vandalizados en el centro de Santiago

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Los helicópteros militares sobrevolando las calles desiertas de Santiago durante el toque de queda y las Fuerzas Armadas resguardando los supermercados son estampas de estos días en Chile que evocan a los chilenos los años más oscuros de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

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El tráfico transitaba lento por algunas arterias, pero sin complicaciones excesivas.

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Después de que el servicio de metro permaneciese cerrado desde el viernes, esta jornada abrió una de sus líneas, y se habilitaron servicios especiales de autobueses para facilitar en la medida de los posible que los santiaguinos puedan llegar a sus puestos de trabajo.

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Desde primera hora de la mañana se pudo ver a amplios grupos de gente esperando la apertura de algunas paradas de metro y apostada en los paraderos de autobuses.

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Para evitar mayores aglomeraciones ante un transporte público bajo mínimos, se suspendieron en las clases en los colegios y muchas universidades.

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Si el detonante del conflicto fue el aumento de la tarifa del metro, las protestas se hicieron eco de otras reivindicaciones en una sociedad que incuba desde hace años descontento con un modelo económico cuyo acceso a la salud y a la educación es prácticamente privado, con una alta desigualdad social, bajas pensiones y alza de los servicios básicos.

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Con la luz de un nuevo día y el final del toque de queda, Santiago trataba a marchas forzadas de recuperar una supuesta normalidad, aunque la presencia de militares en las estaciones de la línea 1 del metro, la única en marcha, evidenciaba que este era un lunes diferente.

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Después de dos días con los supermercados cerrados ante los saqueos masivos, la principal preocupación de muchos ciudadanos era comprar comida y enseres básicos, o poner gasolina en sus vehículos.

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