The Rolling Stones en las grabaciones del
The Rolling Stones en las grabaciones del "Exile On Main Street" | Fuente: AFP

Hablar de The Rolling Stones, la banda más grande y longeva del rock, siempre es palabras mayores. No solo por sus 60 años de actividad, sino por cada historia que significan sus decenas de álbumes, muchos icónicos en la historia musical. Uno de ellos, el “Exile On Main Street”, cumple 50 años esta semana. Amado y odiado a partes iguales, hoy es considerado una pieza clave de la discografía Stone y, por algunos, su mejor trabajo.

Pero el álbum, como muchos otros de "sus majestades satánicas", no solo es digno de recordar por su calidad artística sino por su leyenda.

Exilio francés

¿Cómo los Stones trabajaron el álbum más extenso de su carrera a la fecha? La historia comienza con su anterior mánager, Allen Klein. Su representante desde 1965, había logrado quedarse con los derechos de las canciones de Jagger y compañía luego de ser despedido de su puesto. Como regalo, les había dejado una deuda millonaria con el fisco por estar evadiendo impuestos, a espaldas de la banda, desde 1967. El resultado: los Stones estaban al borde de la quiebra.

Así las cosas, por consejo de un jefe de la Hacienda de Reino Unido, la banda decidió que tenía que mudarse de Inglaterra para ahorrar en tributos y poder pagar la deuda. El destino: Francia. Así que los Stones, en ese tiempo conformados por Mick Jagger, Keith Richards, Bill Wyman, Charlie Watts y Mick Taylor, se mudaron al país galo y comenzaron a buscar un lugar barato para usar como estudio. Lo que encontraron fue la Mansión Nellcotte, un centro de torturas de la ocupación Nazi.

El lugar tenía dos plantas, muchas habitaciones, una terraza con vista al mar y un amplio sótano que les serviría de estudio. También tenía una humedad persistente, 20 años de abandono y falta de mantenimiento, y no tenía luz eléctrica. Sin embargo, costaba el equivalente a 100 euros al mes. No había más que discutir: lo alquilaron por 36 meses.

Resuelto el problema del fuido eléctrico, gracias a una instalación clandestina que hizo el saxofonista Bobby Keys desde un poste de luz, empezaron las grabaciones. Y también el caos.

Richards al mando

El dicho “mi casa, mis reglas”, parece aplicarse a esta historia. La mansión fue alquilada por Keith Richards, por lo tanto, las normas de grabación las puso él y todos tuvieron que acomodarse a sus demenciales horarios producto de la gran cantidad de drogas que el guitarrista consumía. El grupo debía grabar entre las 8 de la noche y las tres de la madrugada, según relata Robert Greenfield en su libro “Making Exile On Main Street.”

Sus compañeros de banda no estaban precisamente felices con esta situación. Bill Wyman prefirió participar lo menos posible en la grabación, al igual que Mick Taylor, quien confesó que no le gustaba el ambiente del lugar. Watts tenía que viajar casi 7 horas desde la casa que había rentado, y Jagger aprovechaba cada oportunidad para escaparse a París a ver a su esposa de ese entonces, Bianca, quien se encontraba embarazada. Por eso, casi nunca la banda estaba completa en las grabaciones.

Sumado a eso, el lugar era un manicomio. No solo por las constantes fallas de la electricidad ni por los cables que atravesaban toda la casa sin orden, sino por la gran cantidad de personas que llegaban a la mansión, entre artistas, novias, aduladores y vendedores de drogas. La mansión en ruinas llegó a hospedar hasta a 70 personas por día.

“Raro era el día en el que no había más de cuarenta personas a la mesa a la hora del almuerzo, y lo curioso es que eran diferentes cada día. Te levantabas en la mañana, bajabas a desayunar y podrías encontrarte a Anita fumándose un porro sentada en la escalera y a su lado Keith ensayando con la acústica”, recordaba Mick Taylor en una entrevista en 1995.

Pero también llegaron músicos legendarios a contribuir a la grabación como Ian Stewart, Billy Preston, Gram Parsons o Jim Price, aunque casi no los recuerdan debido al estado general de enajenación.

“Hubo mucha gente que vino a visitarme que no recuerdo, por la razón que sea […] No recuerdo que vinieran John Lennon y Yoko, pero aparentemente lo hicieron” afirmó Mick Taylor sobre esos días.

Pese a todo el caos, que incluyó una explosión por una fuga de gas y un ladrón que, aprovechando la distracción, se robó decenas de guitarras de la colección de Richards, los Stones grabaron más de 30 canciones hasta el día en que Keith le dijo a Mick: “ya está, hemos terminado”, y viajaron a Los Ángeles para mezclar el disco.

Opiniones divididas

El disco doble salió a la venta el 12 de mayo de 1972 y no fue bien recibido por la crítica, que lo calificaba como “mal producido, mal organizado y carente de canciones clave”. Sin embargo, sus fanáticos lo amaron. Solo dos semanas después de su lanzamiento se convirtió en disco de oro en los EE.UU.

Esta divergencia de opiniones también está presente en la banda. De hecho, Jagger pone en tela de juicio “su grandeza” y, en su momento, dijo que no entendía cómo podía gustarle a todo el mundo.

"No estoy muy seguro de cuán grandiosas son las canciones, pero juntas es una buena pieza […] no hay éxitos reales, aparte de Tumbling Dice”, ha recordado el vocalista.

Por otro lado, Richards ha sido más indulgente.

“No empezamos con la intención de hacer un disco doble; simplemente fuimos al sur de Francia para hacer un álbum y cuando terminamos dijimos: queremos sacarlo todo”, recuerda Keith en el libro de 2003, According to the Rolling Stones.

Aunque algunos dicen que la diferencia de opinión es porque a Jagger nunca le hizo mucha gracia que Keith esté al mando de la grabación, lo cierto es que el álbum significó el inicio de una gira de promoción igual de caótica, y también legendaria, iniciada en julio del 72.

Con el paso de los años, el disco ha mejorado mucho sus calificaciones y, actualmente, las críticas coinciden en que el álbum es de lo mejor de la discografía Stone. La revista Rolling Stones lo ha ubicado en el puesto 7 de su lista de “Los 500 mejores álbumes de todos los tiempos”, mientras que la revista Q Magazine lo ubicó en el puesto 42 de “los 100 mejores álbumes de todos los tiempos”.

La leyenda del Exile On Main Street solo confirma que, pese al caos, los Stones siempre supieron brillar a su manera. O hacer del caos parte de ese brillo.