Columnista invitado | ¿Por qué las personas infringieron las normas sanitarias durante la cuarentena?

Muchos de nosotros hemos visto, en noticias o en redes sociales, cómo algunas personas han incumplido las normas sanitarias durante la cuarentena. Con gran sorpresa e indignación, se les ha señalado de inmorales, poco éticas y desconsideradas. ¿Cuál es la explicación a este comportamiento? ¿Se trata realmente de sujetos que no sienten culpa y actúan sin pensar en los demás? ¿O hay algo más detrás de sus conductas? En esta columna trataremos de descubrir qué nos lleva, algunas veces, a infringir códigos sociales.

Redacción

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Por Sebastián Velásquez

Psicólogo clínico, escritor de psicología y neurociencia, y editor

La pandemia del nuevo coronavirus está dejando muchas fotografías para la posteridad. Escenas de personas incumpliendo con las medidas sanitarias se observan en diversos lugares del mundo. El mínimo de distancia entre personas, el uso correcto de la mascarilla y el pedido de quedarse en casa de ser posible son normas que continúan siendo vulneradas. Y las redes sociales son los medios de comunicación que, de forma inmediata, nos muestran la realidad de la desobediencia. ¿Realmente se trata de personas que, como se suele decir, son poco éticas? ¿Acaso sus estándares morales son muy bajos? ¿O es que existe una mejor explicación a sus conductas? Veamos los siguientes casos.

Caso 1: «Los demás se comportan peor que yo»

Cuando recién empezó la cuarentena, muchas empresas siguieron operando, a pesar de no ser parte del rubro de productos y servicios básicos. Tuve la oportunidad de leer los descargos y las explicaciones de los empleadores, quienes arriesgaban la vida de sus colaboradores, al parecer, sin remordimientos. Para ellos, había empresas que ofrecían peores condiciones laborales: «Nosotros les pagamos su seguro completo, su CTS. Otras empresas los tienen en condiciones inhumanas», señalaban.

| Fuente: Andina

Caso 2: «Las consecuencias no son tan graves»

Desde que inició la cuarentena y, también, ahora, se pueden escuchar las siguientes frases diariamente: «No pasa nada si me reúno en la casa de mis amigos y me quito la mascarilla», «Si me quito la mascarilla un momento para tomar una gaseosa en la calle, no voy a contagiar a nadie», «Están exagerando. Por abrazar una vez a mis amigos, ¿cómo voy a contagiar?». Como si no hubiera real riesgo de contagio, las personas rompen las normas sanitarias impuestas por el gobierno.

¿Cuál es la posible explicación a estas conductas?

Muchos han afirmado que las personas que se comportan de esta manera no tienen ética ni moral. Pero buena parte de los infractores son, el resto del tiempo, ciudadanos que cumplen con las leyes de la sociedad. De hecho, son capaces de diferenciar el bien y el mal, y guían sus conductas mediante códigos sociales, como «no robar» y «no matar». Entonces, ¿por qué se comportan de esta manera? No es que no ellos desconozcan las normativas; lo que sucede es que, para no sentir culpa ni vergüenza (emociones que sentimos cuando realizamos acciones que van en contra de la ética), el cerebro pone en funcionamiento unos mecanismos que disminuyen la intensidad de estas emociones. De hecho, el cerebro detecta las conductas que van en contra de las leyes o de las claves éticas, pero, para evitar sentir emociones negativas, utiliza unas maniobras que se llaman «mecanismos de desconexión moral». Y se llaman así, porque vamos a intentar desconectarnos de nuestras emociones morales (culpa y vergüenza) mediante algunos trucos inconscientes1.

¿Qué mecanismos de desconexión moral se han utilizado en cada caso?

En el caso 1, los empleadores afirmaban que había otras empresas que ofrecían peores condiciones laborales y que ellos, por lo menos, cumplían con pagar el seguro de salud. Este mecanismo se conoce como «comparación ventajosa». ¿Cómo funciona? Para no sentir que estoy haciendo algo poco ético, me comparo con personas que actúan peor que yo1. De esta forma, en «comparación» con otros, ya no me siento tan mal con mis acciones. No sucede lo mismo en el caso 2. Aquí, el mecanismo que se observa es el «desprecio o distorsión de las consecuencias». Con este mecanismo, logramos minimizar los efectos de nuestro comportamiento con el objetivo de no sentirnos mal al llevarlo a cabo1.

¿Qué podemos concluir?

Si bien los mecanismos de desconexión moral se utilizan en la vida diaria, también se han observado en guerras y eventos catastróficos creados por el hombre. Es cierto que están ahí para protegernos y evitar emociones negativas, pero nos pueden llevar a cometer atrocidades sin siquiera sentir culpa o vergüenza. Y lo más inquietante es que estos mecanismos los podemos encontrar en todas las personas, sin excepción. Por ello, los invito a examinarse a sí mismos. ¿Cuántos de nosotros utilizamos estos mecanismos en nuestro día a día? ¿Cuántos de nosotros hemos hecho uso de ellos en esta cuarentena? No tengamos miedo a sentir culpa y vergüenza al descubrir que los empleamos con frecuencia. Estas emociones han sido producto de años de evolución para evitar dañar a otras personas. Así que, con una mano en el pecho, reconozcamos, en nosotros, estos mecanismos. Este será el primer paso para actuar de forma coherente con nuestros principios éticos.


 

Referencias

(1) Bandura, A. (1999). Moral Disengagement in the Perpetration of Inhumanities. Personality and Social Psychology Review, 3(3), 193-209. doi:10.1207/s15327957pspr0303_3

NOTA: “Ni GRUPORPP ni sus directores, representantes o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.

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