El Perú tiene una de las tasas más altas de familias que se oponen a la donación de órganos (63.6%). | Fuente: EsSalud

Las tasas de donación de órganos y tejidos en nuestro país aún son muy bajas. El año pasado solo el 11% de los pacientes en lista de espera pudo tener la oportunidad del trasplante.

Una de las principales causas es la negativa de la familia de respetar la voluntad del paciente. De hecho, cifras internacionales indican que el Perú tiene una de las tasas más altas de familias que se oponen a la donación de órganos (63.6%).

Otra de las razones por las que no se concretan las donaciones son las falsas creencias y mitos que se manejan alrededor del tema. Estos generan dudas y temores que finalmente hacen dar un paso atrás en la decisión final. A continuación, revisamos los principales mitos y verdades:

Mito 1: “Si soy donante mis órganos pueden ser traficados para uso clandestino".

Las personas suelen pensar que al tener el “SÍ” en su DNI, están aceptando automáticamente que sus órganos sean extraídos en cualquier momento y esto puede ser usado clandestinamente para el tráfico. La realidad es que los órganos solo se preservan entre 2 y 8 horas fuera del cuerpo humano. Además, se pasan diversas pruebas para buscar la compatibilidad con el receptor.

Es ilegal comprar o vender partes del cuerpo en el Perú. Varias leyendas urbanas han circulado en los medios de comunicación durante años; sin embargo, según EsSalud, no ha habido un solo caso documentado.

También es importante saber dos cosas: primero, se requiere de un equipo multidisciplinario de especialistas para la extracción y el posterior trasplante. Segundo, de acuerdo con EsSalud, la lista de donantes y receptores es tratada de manera confidencial. Cada intervención quirúrgica se reporta y se mantiene un archivo del paciente en el hospital.

Mito 2: “El cuerpo de mi familiar quedará irreconocible después del trasplante”.

Cuando se trata de donantes cadavéricos con muerte cerebral, las personas aún muestran temor a que su familiar sea manipulado de mala manera y quede en malas condiciones físicas después de la cirugía de extracción de órganos y tejidos.

Esto es totalmente falso. EsSalud indica que los especialistas encargados de realizar la operación de trasplante se comprometen a que el cuerpo del donante quede en buenas condiciones físicas, mostrando siempre respeto por él y su familia.

Mito 3: “Si mi cuerpo no está completo, no iré al cielo”.

Basadas en sus creencias religiosas, muchas personas consideran que es mejor mantenerse “completas” para asegurar el descanso eterno. Lo cierto es que hay religiones que no aprueban la recepción de trasplantes; sin embargo, ninguna prohíbe la donación de órganos y tejidos.

Al contrario, las religiones suelen valorar este acto porque lo consideran una muestra desinteresada de amor al prójimo. En el caso de la religión católica, el Papa Francisco y San Juan Pablo II calificaban la donación de órganos como “un auténtico acto de amor” que demuestra la generosidad de los fieles.

Mito 4: “Si los doctores saben que soy donante, no harán todo lo necesario para salvarme”.

Esto es falso, ya que los médicos hacen un juramento hipocrático que los compromete a salvar la vida de la personas y a tratarlas con dignidad y respeto. Sea cual sea el diagnóstico, el personal médico tiene siempre la obligación de actuar profesionalmente y bajo los lineamientos de cada establecimiento de salud.

Otro punto que rompe este mito es que para ser donante cadavérico, uno de los requisitos es la muerte encefálica (llamada comúnmente cerebral) del paciente, además de la firma de la autorización y la declaración jurada de la persona.

Mito 5: “Es posible que mi familiar despierte de la muerte cerebral”.

Es comprensible que los familiares mantengan la esperanza de un cambio en la situación del paciente. Sin embargo, el diagnóstico de muerte encefálica implica que las funciones cerebrales se han detenido de manera irreversible porque el cerebro ya no recibe sangre ni oxígeno.

Usualmente se utiliza un ventilador artificial que respira por la persona. Cabe destacar que la muerte cerebral no es un estado de coma ni un estado vegetativo, por lo que el estado final es de muerte definitiva.

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