Carpas levantadas en la explanada del estacionamiento del Hospital EsSalud II de Talara. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Enrique Coello

Diana Macalupú Cruz pasó siete días con pacientes COVID-19 en una de las carpas levantadas en el estacionamiento del hospital de EsSalud II de Talara. Acompañó a su padre, un hombre de 78 años diagnosticado con la enfermedad. Entre el 12 y 19 de mayo durmió sentada al lado de su familiar, corrió de un lado a otro de la ciudad buscando medicinas y oxígeno y cuenta que vio a personas morir entre ahogos y sin fuerzas para respirar.

La noche que llegaron, un médico le dijo que tenía una hora para conseguir oxígeno o su padre moriría. Entre las carpas y los pasillos que dan a la explanada, otras 60 personas luchaban por sus vidas, conectadas a balones o esperando por ellos. No había camas y el padre de Diana esperó sentado en una silla de plástico y respirando con dificultad, mientras su hija recorría Talara buscando el oxígeno medicinal. La brisa helada del mar que revienta olas a unos cien metros del centro de salud impregnaba de humedad todo el ambiente.

Diana Macalupú dijo a RPP Noticias que esa misma madrugada murieron personas por falta de oxígeno; porque no había o porque se acababa y los parientes ya no podían conseguir más. Otros llegaban muy graves o cadáveres. Estas escenas se iban a repetir otros días.

“Compañeros de carpa de mi papá murieron, lo habitual era porque ya no había dinero para el oxígeno, era muy caro.  Teníamos la suerte de que mi papá consumía 3 a 4 litros (metros cúbicos) pero había pacientes que consumían 10 a 12, entonces no les duraba un día, solo horas y era más costoso. Cuando lograban conseguir dinero y venían con el oxígeno ya encontraban a su pariente muerto”, relata.

Para llenar el balón vacío que le dio el hospital, Diana pagaba cada día 500 soles, 50 por cada metro cúbico de los 10 que requería para asegurar la vida de su padre por las siguientes 24 horas. Cuenta que solo una vez logró obtener uno de los balones que llegaban por cuenta de EsSalud y que nunca eran suficientes. “Llegaban y para la gente era como si fuera comida, todos los días era abalanzarse sobre el oxígeno; si alcanzabas, bien, si no, ve y compra”. 

El hospital de EsSalud de Talara debe recargar balones de oxígeno todos los días.
El hospital de EsSalud de Talara debe recargar balones de oxígeno todos los días. | Fuente: MPT

“Hemos convivido entre vivos y muertos”

La atención a pacientes con la COVID-19 en el hospital EsSalud II de Talara, el único en esta provincia piurana de 144 150 habitantes (Censo 2017), se desbordó hace semanas. Hasta el último jueves, albergaba a 83 personas con el nuevo coronavirus. Familiares de los pacientes han armado carpas improvisadas con telas y frazadas, donde los enfermos pasan las noches en sillas o en colchones. El personal de salud también es limitado, con 7 médicos, 5 enfermeras y 6 técnicos de enfermería atendiendo

Diana relató que los cadáveres se quedaban por varias horas -y al menos una vez por tres días- en las carpas sin ser recogidos. “Cuando empezaban a hincharse los cuerpos, nosotros mismos jalábamos las camillas y las poníamos al final. Hemos convivido entre vivos y muertos en esos toldos”, contó.

Sin embargo, afirmó que ahora lo que no la deja dormir es el recuerdo de los pacientes pidiendo oxígeno con desesperación antes de morir y el llanto desesperado de sus familiares. “Es un trauma muy grande”, dice.

Según el reporte oficial del Minsa, hasta el sábado en la ciudad de Talara (distrito de Pariñas) murieron 17 personas con el nuevo coronavirus; 24 en toda la provincia, 2 en Máncora, 2 en La Brea, 2 en Los Órganos y 1 en El Alto. 

Fallecimientos

La municipalidad provincial dijo a RPP Noticias que a la fecha se enterraron 141 cadáveres en un área separada para casos COVID-19 en el cementerio municipal de La Inmaculada. En todos los casos, las empresas aseguradoras o funerarias entregan un documento que certifica el fallecimiento por causa probable o confirmada de la enfermedad. Hacia finales de abril, cuando se reportó el primer fallecido con el nuevo coronavirus en Talara, la municipalidad aprobó construir 45 fosas, proyectándose al peor escenario posible, pero este cálculo fue rebasado. “En promedio llegaban cuatro fallecidos diarios, pero hemos tenido noches oscurísimas con 10 muertos”, dijo un funcionario municipal.

El concejo provincial también ha reportado un exceso de muertes respecto al número habitual de registros. En mayo se asentaron 260 actas de defunción, 13 veces más que el promedio mensual de 20 fallecimientos, según dijo el alcalde José Vitonera en una reunión con el presidente del Consejo de Ministros, Vicente Zeballos, el domingo antepasado.

Como sucede en otras partes del país, en Talara los casos sospechosos no se confirman por falta de pruebas para el diagnóstico. El médico Hugo Albán, director del Centro de Salud II “Carlos Vivanco Mauricio”, dijo a RPP que no pudo tomar pruebas a 10 personas que murieron con síntomas de la enfermedad constatadas en su establecimiento. No tenía pruebas rápidas ni moleculares, estás últimas necesarias para confirmar casos después del fallecimiento. El médico explicó que el sistema ‘notiweb’ del Minsa solo acepta los confirmados para sus reportes diarios. “Igual, todos los fallecimientos entran a otro sistema que reflejará las principales causas de muerte en un período”, agregó Albán.

RPP también consultó al Hospital de EsSalud sobre la cantidad de muertos con el nuevo coronavirus en sus instalaciones, sin obtener respuesta.

Dos funerarias de Talara, San Judas Tadeo y Santa Fe, dijeron a este medio que solo en mayo llevaron 72 cadáveres al área COVID-19 del cementerio La Inmaculada, muchos de ellos levantados en el centro de salud del seguro social. 

Sin médicos ni camas

Ante la falta de capacidad hospitalaria en la ciudad, muchos talareños convalecen o mueren en sus casas con síntomas de la enfermedad.  María Chunga, una vecina del popular barrio de pescadores de San Pedro, al norte del distrito, contó a RPP que en las últimas semanas fallecieron en su zona varias personas, entre familiares y conocidos.   “Parece increíble, a veces en un sector mueren cinco vecinos en una sola calle, en otros tres o dos.  A veces están enterrando a uno y ahí no más avisan que muere el otro vecino, así están, es bien doloroso”, dijo. 

El último jueves, cuando declaró a este medio, dijo que el día anterior habían muerto dos vecinos suyos. Uno en EsSalud tras luchar 20 días por su vida y el otro en su casa, un pescador que recayó tras volver al mar por necesidad cuando sintió un poco de mejoría. Ella también tiene a su esposo enfermo, a quien cuida en casa. No lo internó porque vio el hospital colapsado. Las medicinas, escasas en la ciudad, se las mandan familiares desde Bagua (Amazonas) y no ha tenido necesidad de buscar oxígeno. Sin haber sido sometido a una prueba de descarte, el esposo de María no aparece en las cifras oficiales.

Funcionarios y personal médico del Centro de Salud de Talara coordinan acciones a un lado de la plataforma donde se instalará un isotanque. La infraestructura permitirá llevar oxígeno por tuberías a las camas de los pacientes.
Funcionarios y personal médico del Centro de Salud de Talara coordinan acciones a un lado de la plataforma donde se instalará un isotanque. La infraestructura permitirá llevar oxígeno por tuberías a las camas de los pacientes. | Fuente: MPT

A más de 80 días del estado de emergencia por la pandemia, Talara aún debe esperar por más camas para sus enfermos. Albán dijo a RPP que el centro de salud proyecta habilitar unas 40 para pacientes COVID-19, pero reconoció que aún no están preparados para dar servicio de hospitalización. Indicó que la principal dificultad es conseguir profesionales de la salud que se sumen al equipo, el mismo que ya está reducido en 65% por bajas debido a la pandemia (comorbilidad, enfermedades activas, cuarentena por contacto y un fallecimiento). El consejero regional por Talara, Yaser Arámbulo, dijo la última semana que “hasta ahora no se puede resolver” el tema de recursos humanos pese a que se realizaron varias convocatorias. “La gente también se muere porque no hay quien los atienda”, dijo.

PetroPerú, por su parte, anunció la donación de un hospital modular con 45 camas para pacientes graves y moderados con la COVID-19 a instalarse en la explanada del estacionamiento de EsSalud, pero recién entrará en funcionamiento a fines de julio.

Mientras tanto, los pacientes continuarán lidiando su pugna diaria por medicinas, oxígeno y atención médica oportuna.   

El padre de Diana fue enviado a su casa el 19 de mayo, aunque aún no superó la enfermedad. Un paciente más grave ocupa su lugar, pero él sigue conectado a un balón de oxígeno. Todos los días, su familia debe conseguir el dinero para mantenerlo con vida. Sigue pagando 500 soles por llenar el tanque, y ahora alquila el balón por 1 000 soles mensuales y el manómetro por 400. También gasta en medicamentos y en un médico particular que cobra 130 soles por consulta.  “Estamos endeudados, mi hermana hizo un préstamo. Ahorita no tenemos para mañana si se acaba el oxígeno, todos los días son así”, dice.