Joe y Fiorella se preparan para demostrar su talento. | Fuente: RPP Noticias

Fue como buscar una aguja en un pajar y, lo peor aún, a cientos de kilómetros de distancia de su natal Lima. Solo la necesidad hizo que el ingenio apareciera como por arte de magia. 

Joe Huamaní Malca es un estudiante de ingeniería informática, y aunque le fascina las computadoras, su corazón late por la marinera. Se le escarapela el cuerpo cuando escucha "Coraje cholo" y "Con pañuelos al aire". Su pasión por este baile nacional es difícil explicarlo con palabras. Este frenesí lo vive desde niño. 

"Yo practicaba todos los deportes hasta que un día terminé con una lesión en la rodilla izquierda, lo cual me apartó durante varios meses no solo de las canchas sino también de las pistas de baile. Ahora, ya recuperado, me concentro solo a la marinera que es lo que más me apasiona", confiesa a RPP Noticias

Cuando supo que en Trujillo, en el norte del Perú, se organizaba otra edición del concurso nacional, no dudó en alistar su mochila y comprar su pasaje. Ya había ahorrado lo suficiente y no escatimó en gastos. Todo lo tenía listo hasta que recibió una mala noticia. Su pareja de baile quedó indispuesta por un asunto laboral y era imposible acompañarlo. Solo y triste, decidió emprender el reto y enrumbó a tierras norteñas con la esperanza de encontrar a su otra mitad.

Al arribar a la Capital de la Marinera, Joe Huamani inició la dificil tarea a contrarreloj. Acudió a los ensayos en el Club Libertad, institución organizadora del certamen. Se acercó a ciertas muchachas, preguntó, ofreció su talento, pero ninguna respuesta fue alentadora. Pasaban las horas, los días, y las fuerzas parecían esfumarse en medio del sofocante calor de verano.

 

Gracias a su persistencia, alcanzó su objetivo. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Cortesía

A medida que se aproximaba la fecha de las inscripciones de las parejas de baile y mientras la presión de no encontrar una luz al fondo del túnel ejercía sobre él, una idea inusual le cayó del cielo. "Pegué un cártel en mi mochila y mi sombrero con el siguiente mensaje 'busco pareja, categoría adulto, marinera' y consigné mi número de celular. Tuve que llamar la atención", declara.

El destino lo condujo este último domingo hacia el centro comercial Real Plaza, donde decenas de parejas ponían a prueba el garbo, coqueteo y la elegancia durante seis horas consecutivas en el denominado "Maratón de Marinera". Entre pañuelos y piezas musicales, una joven captó su atención. Fiorella Castro, estudiante universitaria, como él, pero de la carrera de medicina. Ambos entablaron amistad y empezaron a tejer el sueño de lucir sus dotes en el certamen, cuyas eliminatorias ya iniciaron.

"Telefoneé a mis familiares para darles la buena noticia. Ellos ahora están más tranquilos. Ahora queda esforzarnos bastante porque hay mucha competencia", confiesa aliviado, como si el alma se le hubiera venido al cuerpo. Sin duda, su perseverencia es un ejemplo de vida.

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