Semana Santa | Los 'palmeros' de Bolívar, una historia de sacrificio y devoción en un rincón de La Libertad

Antes del Domingo de Ramos, 12 "apóstoles" emprenden una larga caminata para conseguir las palmas, planta símbolo de la jornada religiosa. La fe supera al cansancio y a las heridas en los pies.

Los "palmeros" recoerren sierra y selva por devoción. | Fuente: RPP Noticias

En los rincones del Perú, y a más de 3 mil m.s.n.m., la fe también mueve montañas. Bolívar, uno de los pueblos más lejanos en la sierra de La Libertad, se convierte en un Jerusalén durante Semana Santa para conmemorar el paso de Jesucristo en la tierra.

Antes del Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa, doce hombres emprenden a pie una travesía que dura 12 horas de sierra a selva; desde la plaza de armas de Bolívar a Alto Huayabamba (región San Martín) en busca de palmas, la planta que simboliza la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén. Una tradición que lleva más de 100 años.

Antes de iniciar la caminata, provistos de morrales o alforjas, los peregrinos católicos se agencian de raciones de trigo, cancha, agua, cuy y hojas de coca para chacchar, y de machetes para abrirse paso entre la vegetación y protegerse de animales como osos, pumas y tigres.

La 12 "apóstoles", entre jóvenes y adultos mayores, empiezan el recorrido en plena madrugada el lunes anterior al Domingo de Ramos. Van por caminos accidentados con yanques u ojotas y, mayormente, descalzos, a tal punto de que sus pies terminan ensangrentados.

 

Fieles renuevan su fe cada Semana Santa. | Fuente: RPP Noticias

Los devotos hacen su primera parada en la zona llamada "Dos Cruces", a una altura de 4,500 metros sobre el nivel del mar. Se detienen a rezar frentre a pequeñas cruces en rocas huecas y prenden velas para pedir al Todopoderoso su bendición en el viaje. Todos son guiados por el maestro palmero Zacarías Gaspar Dávila, quien lleva más de 15 años en este oficio.

Luego, retoman su marcha, cuidándose de la fauna silvestre hasta la denominada Las Yungas, en el Alto Huayabamba, donde tienen previsto quedarse dos días, tiempo suficiente para cortar los palmeros de 20 kilos cada uno y recargar energías. Con las plantas a la espalda, los peregrinos inician el viaje de retorno a Bolívar.

Tradición y fe

Según el párroco de la iglesia de Bolívar, Emiterio Castañeda Muñoz, este acto de sacrificio renueva la fe en Dios, una tradición con más de 100 años de vigencia en esta localidad, practicada en los distritos de Uchucmarca, Bolívar y Bambamarca.

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