La herida de la desigualdad se agrava en Lima: ¿Cómo se profundizará este problema en la poscuarentena?

Lima es una ciudad de contrastes y la pandemia del coronavirus solo ha desnudado aún más esas desigualdades. En algunos espacios de Lima, la idea de la "ciudad de los 15 minutos" suena con fuerza, en otros solo se piensa en la subsistencia. RPP Noticias recoge las reflexiones de especialistas sobre cómo concebir la ciudad poscuarentena.

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Las desigualdades en Lima se agravarán tras la pandemia. | Fuente: AFP/Municipalidad de San Borja

La crisis sanitaria ocasionada por la pandemia del nuevo coronavirus ha desnudado las carencias estructurales en el Perú. Una de las aristas en torno a ese debate es la enorme desigualdad que existe en Lima y que se agravará, según los especialistas, en la poscuarentena. El teletrabajo es una posibilidad para unos pocos, mientras que el grueso de la población sale a las calles porque subsiste del día a día.

En este artículo buscamos reflexionar sobre las dinámicas sociales en la ciudad poscuarentena: ¿En qué medida aumentará la desigualdad en el espacio público? ¿Es viable replicar el modelo de la “ciudad de los 15 minutos”? ¿Cómo gestionar las aglomeraciones del comercio ambulatorio?

El sociólogo y especialista en fenómenos urbanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Manuel Dammert-Guardia, enumeró las tres razones por las que Lima ya era una ciudad desigual: a) acceso a vivienda y suelo, b) equipamiento e infraestructura diferenciada y c) su estructura institucional.

Por acceso desigual a vivienda y suelo se entiende a que si una familia no tiene capacidad de ahorro o de acceso a un crédito (Fondo MiVivienda o banca privada), sus posibilidades de vivienda “se reducen a zonas alejadas, con pocos servicios y altas desventajas sociales”, apunta el sociólogo. 

La infraestructura y equipamiento también son diferenciados. Según un informe sobre los barrios urbano-marginales, elaborado por el Ministerio de Vivienda, en Lima Metropolitana, un 33.6% de dichos barrios encuestados dispone de parques. Sin embargo, solo el 4.6% es calificado como bueno. “Tienes que, en Lima, la inversión se ha concentrado en ciertos espacios, el equipamiento de buena calidad en ciertos lugares. Entonces, la experiencia como ciudadanos del espacio público es muy diferenciada”, indicó el especialista.

El modelo administrativo de la ciudad 

La estructura institucional está referida a cómo está organizada y administrada la capital del país, en la que su gran característica es la fragmentación: un gobierno metropolitano con 43 municipios distritales. Cada municipio se financia tanto de trasferencias del Gobierno Central [Fondo de Compensación Municipal] y de lo que pueden generar por ingresos propios.

“Por ejemplo, el presupuesto per cápita de un distrito como San Isidro está en 4 mil soles, y el presupuesto per cápita de San Juan de Lurigancho está en menos de 500 soles. La Municipalidad de Lima tiene alrededor de 300 soles per cápita. Eso te refleja la estructura institucional de desigualdad, en el sentido de las capacidades de inversión y de gestión sobre el territorio son muy distintas entre las diferentes partes de lo que es Lima”, explica Dammert-Guardia.

Para el especialista, este modelo administrativo de la ciudad aumenta la desigualdad y no es adecuado en momentos de enfrentar una crisis, como la actual. “Obviamente en un distrito de mayor formalidad y mayor pago de predial, como San Isidro o Miraflores, tiene mayor de capacidad de recursos propios. Eso se traduce directamente en la capacidad de enfrentar la crisis, como la posibilidad de desplegar políticas a nivel local en relación con su población vulnerable: adultos mayores. […] Cada distrito juega su propio juego, con sus propios recursos y generando diferencias e inequidades entre ellos”.

En este punto también hace hincapié la urbanista Lucia Nogales, coordinadora general de la iniciativa ciudadana Ocupa tu Calle, quien señala que la distribución de impuestos en la ciudad es poco equitativa, ya que una gran parte del porcentaje de los impuestos que pagan los vecinos y empresas va al distrito, a diferencia de lo que se recauda para Lima Metropolitana.

“La mayoría de impuestos se van al distrito y muy pocos impuestos se van a la Municipalidad Metropolitana y eso incrementa la fragmentación. No es justo, porque hay cosas que funcionan a nivel metropolitano. Por ejemplo, el centro financiero de San Isidro, que en realidad es un centro financiero metropolitano. No podemos estar hablando de San Isidro como si fuera una ciudad independiente. El Metropolitano tiene una línea expresa directa desde Naranjal a Canaval y Moreyra ¿Por qué? Porque hay un montón de gente que viaja desde Naranjal para trabajar en San Isidro. Entonces, no tiene sentido que todos los impuestos que se genera, que todo ese trabajo que genera la población no exclusiva de San Isidro, se quede en San Isidro”, indicó.

En esa línea, Nogales considera que se debe modificar la proporción de impuestos que va a Lima Metropolitana, especialmente ahora que se vive una crisis. “Así, la bolsa de la Metropolitana que se supone que es para todos se llena más, que solo llenarse las bolsas de cada distrito. Y como tenemos esta diferencia entre distritos, obviamente si los impuestos de la gente de San Isidro se quedan en San Isidro, al final la distribución de recursos no se puede dar y es difícil eliminar las desigualdades”, señala.

Con este diagnóstico, ¿es posible replicar el modelo de la ciudad de los 15 minutos en Lima? Se entiende este modelo en el que es posible acceder a un conjunto de servicios en un entorno inmediato, tener garantías de seguridad y que en casos desplazamientos se pueda hacer en bicicleta o caminando. Para Dammert-Guardia, si bien es una política interesante, tiene que ser aplicada de manera diferenciada por niveles de la ciudad.

“El problema es que esa ciudad de los 15 minutos es muy fácil ubicarla en ciertas partes de Lima, pero en otras partes de Lima se requiere otro trabajo, porque en una parte donde no hay seguridad en el entorno, donde existen problemas habitacionales, cuando le digo ‘quédate en el barrio’, le estoy diciendo, confínate a un espacio que ya tiene carencias”, indica.

“Hay que hilar fino, no es una política mala, pero sí es una política que requiere ser precisada en qué entornos se puede aplicar y cómo”, añade.

En Pamplona Alta se organizan para preparar ollas comunes.
En Pamplona Alta se organizan para preparar ollas comunes. | Fuente: AFP o | Fotógrafo: ERNESTO BENAVIDES

El comercio ambulatorio

Ante la extensión de la cuarentena y la imposibilidad de quedarse más tiempo en sus viviendas por falta de ingresos, miles de comerciantes ambulantes han vuelto a salir a las calles. En los últimos días, se han registrado incidentes en La Victoria y otros distritos por la dura fiscalización.

¿Este fenómeno urbano será una de las características de la Lima poscuarentena? Los especialistas consultados para este informe consideran que sí, por la grave crisis económica que se vivirá en la ciudad.

Ricardo Fort, investigador principal de GRADE, señala que se ha vuelto un círculo vicioso ver a la gente desesperada, tratando de vender sus productos y a las autoridades persiguiéndolas. “Se necesita una mirada más integral del problema. No podemos permitir que haya grandes aglomeraciones, pero tampoco podemos simplemente restringirlas. Tenemos que buscar la forma de que esa convivencia con distanciamiento social sea posible en las semanas y meses que vengan”, manifiesta.

Dammert-Guardia recuerda que el comercio informal siempre ha sido la principal estrategia que han tenido las familias peruanas para enfrentar las crisis y esta no es la excepción. “Hay que tomar decisiones y políticas importantes. Una puede ser el diseño urbano, como la modificación del espacio en los mercados o ferias itinerantes. No creo que la mejor política sea perseguir a los comerciantes informales, porque tenemos 40 años persiguiéndolos y tratando de reducir el comercio informal y eso no da resultado. Es seguir repitiendo lo mismo. Pero sí se les puede brindar condiciones, hacer diseño urbano, implementar formas de fiscalización que mejoren las formas de convivencia que se dan en estos espacios”, indica.

Según Nogales, el comercio ambulatorio es parte de la representación cultura de las dinámicas en el Perú y además genera ingresos a las familias. En esa línea, considera que debe ser regularizado y organizado en calles donde no hay comercios ni mercados cercanos para así evitar que la gente realice desplazamientos largos. “Entonces el comercio ambulatorio no solo beneficia a las personas que lo ejercen, sino que puede beneficiar a toda la ciudad por la seguridad ciudadana, pueden ser aliados con pequeños impuestos de mantenimiento. También pueden ayudar a reducir desplazamientos en las ciudades poscuarentena. Se tiene que ver desde ese lado”, manifiesta.

Mirada territorial

Fort señala que en esta etapa poscuarentena la clave será trabajar desde una mirada territorial para enfrentar la crisis. Por ejemplo, los mercados, lugares que se volvieron focos infecciosos del nuevo coronavirus, ante lo cual el Estado abordó dicho problema con pruebas rápidas y cierres temporales. Para Fort, las soluciones no solo deben ser pensadas en el corto plazo, sino también con alternativas innovadoras.

“En los mercados venimos proponiendo que se trabaje con las asociaciones de comerciantes para lograr compras conjuntas en los mercados con los mayoristas para que no tenga que ir cada puesto individual todos los días a comprar. Eso genera aglomeración. También que los mismos consumidores de los mercados puedan tener un sistema que les permita hacer compras por llamada telefónica, por WhatsApp, o por aplicación y que puedan ir simplemente a recoger su canasta o incluir sistemas de delivery”, apuntó.

Fort y Dammert-Guardia coinciden en señalar que las redes de cuidado a nivel barrial, como los comedores populares, ollas comunes o clubes de madres estarán activos en estos tiempos de crisis económica. Sin embargo, el Estado no puede estar ausente, sino que por el contrario debe asistirlos.

“La gente se las sabe arreglar, pero no es suficiente. Es importante trabajar con las juntas vecinales, con los comités locales para ayudar en lo que se necesita, tener protocolos claros y poder avanzar para ayudar a la población, porque ellos son los que más conocen el territorio”, señala Fort.

“Se van a expandir y dar importancia a las redes de cuidado a nivel barrial, pero eso no debe significar que traslademos a esas personas la responsabilidad de su subsistencia. Ellos van a desarrollar formas de enfrentar esta situación, pero lo cierto es que hay que brindar condiciones. Y ahí están los gobiernos locales y las competencias que tienen: vasos de leche, programas sociales, actualización del SISFOH y pueden ayudar para que de manera territorial se fomenten estas estrategias colectivas para hacer frente a esta situación”, indica Dammert-Guardia.