Elecciones congresales se registraron si mayores incidentes. | Fuente: Foto: Andina

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Las elecciones son el mejor mecanismo descubierto hasta ahora para devolver la palabra al pueblo, renovar las autoridades, promover nuevas ideas y entrar a un nuevo ciclo de esperanza y realizaciones. Lo primero que hay que destacar a propósito de las elecciones congresales celebradas ayer es que ellas han transcurrido con tranquilidad y participación. Ese hecho positivo contrasta fuertemente con el discurso pesimista sobre nuestro país: las elecciones han sido un gran éxito pese a que fueron organizadas en menos de cuatro meses, sin el arrastre de candidaturas presidenciales, con proliferación de partidos y en un marco judicial extremadamente agitado hasta horas antes del inicio de los comicios, en particular en el Callao. Si la sentencia del Tribunal Constitucional resolvió el problema jurídico de la disolución, el voto popular parece haber resuelto su aspecto político: los partidos que mostraron más radicalismo en definir al presidente como un dictador han sido sancionados en las ánforas y no estarán representados en el próximo Congreso: el APRA, Solidaridad Nacional y Contigo. Fuerza Popular reduce su caudal electoral a menos de una quinta parte de lo que obtuvo el 2016 y se ubica ahora en quinto lugar.

La primera minoría es la de Acción Popular, cuyos dirigentes asistieron anoche juntos a la celebración del partido fundado por Fernando Belaunde en 1956. Sin embargo, su voto total supera por poco el 10%, lo que evidencia una fragmentación acentuada del electorado. Acción Popular confirma una serie de buenos resultados, que se inauguraron con la candidatura de Alfredo Barnechea en las últimas presidenciales y la de Jorge Muñoz en la municipalidad de Lima. Es de desear que Acción Popular consolide su unidad y contribuya a la forja de una agenda de centro que permita reformas, consensos y el restablecimiento de la confianza en las autoridades. Su programa no tiene grandes diferencias con otros centristas como Alianza para el Progreso, el Partido Morado y Somos Perú.

Pero la gran sorpresa de la jornada la dio el FREPAP, un partido fundado en 1989 por un líder religioso, Ezequiel Ataucusi, quien según el antropólogo Juan Ossio dio lugar a una variante del viejo mesianismo andino. Los miembros del FREPAP impresionan por su manera de vestir, sus barbas bíblicas y su voluntad de llevar ética y productividad a los lugares más pobres de nuestro territorio. Mientras otros partidos se lanzaban en grandes discusiones, los frepapistas desarrollaban un programa que priorizaba el acceso a medicamentos genéricos, al transporte digno y la educación en valores, pero sin obsesiones de género. El FREPAP supo hallar un nicho político en un país marcado por una polarización excesiva. Un fenómeno semejante se produjo con el discurso de PODEMOS, sobre todo en Lima. Daniel Urresti logró encarnar las demandas de los que se sienten desprotegidos ante la inseguridad y no vaciló en atravesar la frontera del populismo y la xenofobia. Algo semejante se puede decir de UPP, que pretendió postular a Antauro Humala, preso por el homicidio de cuatro policías.

Todo parece jugar a favor de un congreso de moderación y diálogo, que se diferencie del congreso disuelto. Y que tome nota de la urgencia de unidad para trabajar contra la corrupción y para dar un nuevo dinamismo a nuestra desacelerada economía. Algunas de las tareas impostergables de los nuevos elegidos ya están definidas: aprobar una ley que haga posibles cambios electorales después del 10 de abril, asegurar la reforma de la justicia, elegir jueces constitucionales, revisar sin obstruccionismo los Decretos de Urgencia publicados durante el interregno. Esperemos que los congresistas estén a la altura de sus promesas. Y que al hacerlo desmientan la ironía del canciller alemán Otto von Bismarck: “Nunca se miente más que antes de las elecciones, durante las guerras y después de la cacería”.

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