Turbopótamos: Bruno Sánchez, Hernando Suarez, Humberto Campodónico y Sergio Bringas.

Terremoto

Turbopótamos

2019

8.5/10

Por Francisco Melgar Wong


Terremoto, el extended play con el que los Turbopótamos vuelven al ruedo tras ocho años de ausencia, presenta a la banda liderada por Humberto Campodónico a medio camino entre el rock alternativo y el pop contemporáneo. La canción que da título al disco arranca con una guitarra que acentúa el “offbeat” al estilo de los clásicos del ska ─un género que ha estado presente en los Turbo desde sus inicios─ pero que se mueve al vaivén del dembow, el pulso rítmico representativo del reggaetón.

Aquí es preciso hacer una aclaración: a pesar de sus guiños explícitos al género musical más popular del momento, “Terremoto” no es una canción destinada únicamente al “perreo” bajo las luces fosforescentes de una discoteca. Bajo su sinuoso vaivén tropical se encadenan imágenes que dejan entrever un relato de exorcismo personal típico del rock: “Ya sentí que la oscuridad me asumió/Y yo sólo quiero ver/Nunca feliz, siempre/Torcido y matareloj/Que ya sólo siente bien/Cuando está sucio”.

Solamente en un contexto musical como el actual, donde las listas de éxitos son gobernadas por la sexualidad desbordada del reggaetón, las confesiones bipolares de Kanye West y la oscuridad excéntrica y narcótica del trap podría pensarse en “Terremoto” como una canción de pop. Pero eso es lo que es. Y no sonaría fuera de lugar si un DJ se animase a programarla entre canciones de Migos y Bad Bunny.

Esta sonoridad contemporánea persiste en “Infierno”, la segunda pista del disco, que presenta un coro manipulado por medio del autotune. En este caso el cuestionado procesador de audio no está destinado a corregir la entonación vocal de Humberto Campodónico, sino a darle a la canción un acabado sónico que la emparente con la música pop de nuestro tiempo; esto es, con el hip hop, el trap y el reggaetón.

Por otro lado, no olvidemos que la frialdad robótica inherente al autotune ya ha sido explorada con fines expresivos y estéticos por artistas como Kanye West y que esta podría ser la intención que subyace a su uso en “Infierno”, una canción donde la letra nos muestra a un personaje atrapado en una relación tóxica que genera un tipo de adicción ingobernable: “Quiero pensar que te puedo dejar si me encierro contigo y despierto de mis pesadillas, oye/Quiero pensar que te puedo dejar y no es cierto, siempre quiero más”. Con autotune incluido, este coro debe ser uno de los más infecciosamente pegadizos que Campodónico ha escrito a lo largo de su carrera. Lo cual no es poco.

El tercer tema de la placa, “Veloz”, es una balada indie cantada a dúo por Campodónico y Susana Cebrían, la vocalista de Gomas, cuyo aire synth folk recuerda los momentos más plácidos de cantautores estadounidenses como Bill Callahan. Finalmente, la placa se cierra con “Cuchillo”, una suerte de rockabilly futurista donde Campodónico se despacha con unos gritos que reclaman la participación de Yoko Ono o Yamataka Eye.

Paradójicamente, estas dos canciones –cercanas en sonido e intención al indie rock─ no son las más sugerentes del disco. Si se trata de señalar los “highlights” del EP tenemos que volver a “Terremoto” y “Infierno”, las dos canciones donde los Turbopótamos se presentan en total dominio de nuevos poderes musicales con los que difuminan los límites que separan al rock alternativo del pop contemporáneo. Es en estas dos canciones donde los Turbo logran forjar una insólita especie de pop urbano que brilla con la inusual intensidad de lo nuevo.

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