Lima en la gran pantalla: las muchas ciudades que el cine peruano nos ha enseñado a mirar

'La ciudad y los perros', adaptación cinematográfica de la obra de Mario Vargas Llosa, es uno de los títulos fundamentales del cine peruano y una radiografía de una Lima que se resiste al cambio.
'La ciudad y los perros', adaptación cinematográfica de la obra de Mario Vargas Llosa, es uno de los títulos fundamentales del cine peruano y una radiografía de una Lima que se resiste al cambio. | Fuente: Inca Films

Lejos de las postales turísticas, el cine peruano ha retratado a Lima como una ciudad de contrastes, fe, caos y memoria. En su aniversario, repasamos cómo distintas películas han construido —y cuestionado— la identidad de la ciudad.

Esta ciudad está hecha de capas de cemento, nostalgia y películas. El cine peruano ha sido espejo y microscopio de sus calles y gente, una herramienta para entender qué significa vivir bajo su "panza de burro". En el aniversario de Lima, dejamos de lado su imagen idealizada para recorrer la que el cine ha contado: la de los contrastes sociales, la fe inquebrantable y la calle indómita.

“Lima se presenta dividida. Por un lado, están las películas que recorren distritos donde la luz parece envolverlo todo; y por otro, aquellas que recogen el gris del cielo y el caos sonoro con mayor naturalidad”, explica a RPP la crítica de cine Mariale Bernedo, miembro de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI). "La religiosidad está siempre presente, con el Señor de los Milagros casi como un personaje más. Sus habitantes contienen emociones marcadas por ausencias, dolores o anhelos no resueltos, en una ciudad conservadora, reticente al cambio, pero siempre en movimiento”.

El rugido de la calle y el eco de los 80

Si algo define a Lima es su capacidad para ser ruidosa y rebelde. Av. Larco, la película (2017), dirigida por Jorge Carmona, no solo recuperó el espíritu del rock subterráneo limeño, sino que retrató a una Miraflores juvenil que buscaba libertad en medio del clima opresivo heredado de los años ochenta.

Esa rebeldía encuentra un rostro más duro en La ciudad y los perros (1985), de Francisco Lombardi, una radiografía de una Lima jerárquica y violenta que marcó al cine peruano. Lombardi volvería a retratar la capital desde distintos ángulos en Caídos del cielo (1990) y Tinta roja (2000), dos películas clave para entender la Lima de la marginalidad, la prensa sensacionalista y la supervivencia cotidiana.

“El Perú se ha construido con cine urbano”, afirmaba Gustavo Bueno en una entrevista con RPP en 2023. El actor fue parte fundamental de ese retrato cinematográfico de Lima, protagonizando varias de estas obras.

La burbuja rota y los secretos de alcoba

El cine peruano también se atrevió a mirar puertas adentro. Un mundo para Julius (2021), dirigida por Rossana Díaz Costa, nos llevó a la Lima aristocrática de los años 50, donde la desigualdad era parte natural del paisaje doméstico.

Décadas antes, No se lo digas a nadie (1998), nuevamente bajo la dirección de Lombardi, rompió silencios incómodos al retratar la hipocresía de una clase alta limeña que prefería el silencio antes que la aceptación de la diversidad.

Desde otro ángulo, Mistura (2025), de Ricardo de Montreuil, propuso una reconciliación posible a través de la gastronomía. ““El propósito era unir a la gente, que mirara más allá de sus diferencias”, señaló el director a RPP.

Milagros, fe y el realismo de los cerros

No se puede entender Lima sin su dimensión espiritual. Rosa Chumbe (2015), de Jonatan Relayze, ofrece uno de los retratos más crudos y honestos de la ciudad contemporánea: el Centro Histórico, los tragamonedas y la fe en el Señor de los Milagros como último refugio.

Esa misma fe, atravesada por la memoria del conflicto interno, aparece en La teta asustada (2009), de Claudia Llosa, que llevó la cámara a los cerros de Manchay para mostrar una Lima migrante, marcada por heridas que aún no cicatrizan.

Esa Lima también llegó desde las provincias en Gregorio (1984), del Grupo Chaski. Alejandro Legaspi, uno de sus directores, subrayó en entrevista con RPP la vigencia de los temas que aborda la película: la migración, el racismo y la relación entre Lima y las regiones.

“Lima se vuelve una falsa promesa donde la migración provincial pasa a ser parte esencial de su identidad. El Grupo Chaski retrata una ciudad invisibilizada, lejos del espectáculo: barriadas, informalidad y calles congestionadas. Una realidad incómoda, pero necesaria de registrar”, añade el crítico Giancarlo Fernández, también miembro de APRECI.

Nostalgia pop y mitos urbanos

Pero Lima también sabe jugar con sus propias referencias. Los patos y las patas (2025), de Guillermo Castañeda, apeló a la nostalgia, la música de Raúl Romero y la ciencia ficción para revisitar una Lima noventera desde el humor y la imaginación.

Por su parte, Secreto Matusita (2014), dirigida por Dorian Fernández-Moris, llevó al cine uno de los mitos urbanos más conocidos del Centro de Lima, recordando que la ciudad también se construye a partir de leyendas, miedos y relatos que circulan de boca en boca.

Así, en la gran pantalla, Lima nunca es una sola. Es una ciudad hecha de muchas ciudades superpuestas: la visible y la oculta, la que promete y la que resiste. Tal vez por eso, sigue siendo un territorio inagotable para el cine peruano, un espacio donde cada historia vuelve a preguntarnos quiénes somos y cómo habitamos esta ciudad.

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