Acciones urgentes para un país en emergencia

Es necesario tomar acciones urgentes e inmediatas para salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Aquí presentamos cinco propuestas de políticas públicas para esta segunda ola.

Alonso Cárdenas

Alonso Cárdenas

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El 2020 fue devastador y doloroso para el Perú, ya que, de acuerdo con diversas fuentes internacionales, fue el país con peor desempeño frente a la pandemia a nivel mundial. Debido a las nuevas variantes del coronavirus, el 2021 tiene todavía tintes más dramáticos y es necesario tomar acciones urgentes e inmediatas para salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Destaco las siguientes cinco propuestas de política:

1.- Distribución masiva de alimentos no perecederos: Han pasado diez meses y el Estado peruano simplemente fue incapaz de otorgar de manera consistente más de dos bonos a sus ciudadanos en situación de mayor vulnerabilidad. Ante esta situación, y dado que el hambre empieza a aparecer dramáticamente, la estrategia debe ser que las FF. AA., en alianza con el sector privado, implementen un plan de distribución masiva de alimentos con valor nutricional en las zonas más vulnerables del país. Yo vengo insistiendo con este tema desde del año pasado. En una economía con 85% de informalidad, es prácticamente imposible resistir un confinamiento si no hay acceso a alimentos. También se debe poner el énfasis en el 47.5% de los hogares del país no tiene un refrigerador. Para agravar el panorama hay 8 millones de ciudadanos que no tienen acceso al saneamiento.

2.- Prohibir el trabajo presencial en el Estado: Ante nuevas variantes altamente contagiosas y mortales, el Estado peruano debe predicar con el ejemplo e inhibir que los servidores públicos vayan a trabajar a los ministerios y otras dependencias. Esta medida tiene dos ventajas significativas, la primera es que reduce la presión al transporte público y retira de circulación a un número significativo de autos privados, aliviando la congestión. La segunda es que muchas entidades públicas son verdaderos focos infecciosos al no tener infraestructura ni las condiciones de ventilación adecuadas. El caso del Ministerio de Vivienda es un ejemplo dramático. Paralelamente, el Estado debe brindar las herramientas necesarias para el teletrabajo, como una buena conexión a internet y laptops. Ha pasado un año y poco se ha avanzado en este aspecto.

El Perú está enfrentando la segunda ola de la COVID-19. | Fuente: Andina

3) Campañas de comunicación claras, sencillas y masivas: Este ha sido uno de los talones de Aquiles del gobierno, sin embargo, se puede revertir la situación sobre dos temas que considero críticos: a) el uso correcto de la mascarilla, y b) el peligro de la automedicación. Sobre el primer aspecto es necesario difundir masivamente que la mascarilla debe cubrir nariz y boca, de lo contrario de nada sirve. Sobre el segundo aspecto, cada vez hay más testimonios de médicos que señalan que los pacientes llegan muy graves por automedicarse. Existe una enorme desinformación y es necesario atacarla.

4) Pruebas, pruebas y más pruebas: una buena noticia es que el gobierno poco a poco va corrigiendo la negligencia fatal de basar la estrategia sanitaria en pruebas serológicas de muy mala calidad. Otra buena noticia es que la prueba molecular peruana ya está lista y que cada vez estamos efectuando más PCR. Sin embargo, todavía estamos lejísimos de otros países de la región como Colombia, Chile o Argentina. Es necesario también acelerar las pruebas antígenas. De acuerdo con la revista Forbes, las pruebas antígenas son mucho más sencillas de realizar y utilizan tecnologías más rápidas que permiten obtener resultados, en algunos casos, en apenas 15 minutos. A su vez tienen un coste muy inferior a las PCR, y no necesita laboratorio ni una instrumentación especial.

5) Cuidemos a nuestros médicos, enfermeras, personal sanitario y a sus familias: Son la diferencia entre la vida y la muerte, un recurso valiosísimo y cada vez más escaso. Por ende, debemos darles todas las facilidades a nuestro alcance. Por ejemplo, una enfermera que trabaja en el Hospital Rebagliati y vive en San Juan de Lurigancho, todos los días, luego de extenuantes jornadas de trabajo de hasta 20 horas, hace un trayecto larguísimo exponiéndose al contagio en el transporte público y a sus familiares. Es necesario diseñar un sistema que nos permita aprovechar los hoteles y hospedajes que hay en el país, hoy vacíos y al borde de la quiebra, para que nuestro personal de salud no haga esos trayectos, y puedan alimentarse y descansar en lugares cerca de su centro laboral. De acuerdo con el INEI (2018), en el Perú actualmente hay 271 445 habitaciones de hospedaje colectivo (hoteles de todas las categorías y afines) que no están siendo aprovechadas.

A manera de conclusión, espero que estas ideas de política contribuyan con el debate público en aras de salvar la mayor cantidad de vidas ante la situación dramática y límite que vive el país.

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