Columnista invitado | ¿Por qué existe el racismo y cómo podemos cambiar?

El racismo es uno de los peores males que existen en nuestra sociedad. No solo impacta a nivel psicológico, sino que, también, puede llevar a la muerte de personas. Un ejemplo de ello es el fallecimiento del estadounidense George Floyd a causa del abuso policial.

Redacción

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Por Sebastián Velásquez
Psicólogo clínico, escritor de psicología y neurociencia, y editor

George Floyd no pidió ser el símbolo de la lucha en contra del racismo. George Floyd no pidió que hablaran de él en las noticias. George Floyd no pidió que gritaran su nombre en todas las esquinas de Estados Unidos. George Floyd no pidió que las redes sociales se llenaran de campañas sobre la discriminación. George Floyd no pidió nada de eso. ¿Por qué obtuvo no solo indiferencia, sino violencia, humillación opresión? ¿Por qué tuvo que soportar el peso entero de un hombre sobre su cuello? ¿Qué hizo George Floyd para ser condenado y ultrajado en plena calle frente a múltiples testigos? No hizo nada más que nacer en un mundo atacado por el racismo, en un mundo dividido en grupos con privilegios y grupos minados por desventajas, en un mundo que gritará su nombre por un breve lapso y, luego, lo olvidará.

Empiezo así esta columna para llamar la atención de todos ustedes. He venido escribiendo sobre bienestar, pero no puedo obviar un tema que nos compete a todos: no existe el bienestar individual sin el bienestar colectivo en una sociedad. No vivimos en pequeñas islas; todos formamos parte de una unidad. Y debemos actuar en consecuencia. El tono de este artículo es serio, porque se trata del tema más grave que puede existir: la vida de millones de personas. Porque George Floyd ha muerto hace unos días, pero, así como él, padecen por la misma causa ciudadanos de todo el mundo y, también, del Perú. El motivo, lamentablemente, no es visible: no es un virus ni una bacteria. No lo podemos atacar con medidas de salud. Porque se trata del racismo, esa práctica que hemos realizado (o que seguimos realizando) de discriminar a las personas por ser de una determinada raza1.

¿Por qué somos o hemos sido racistas?

Este es un tema muy complejo, pero trataré de explicar los puntos clave. Si está pensando que somos racistas, porque así nacemos, está equivocado. Si cree que somos racistas, porque de forma natural reaccionamos a personas de otras razas, también está equivocado. Somos racistas simple y llanamente, porque lo hemos aprendido. «Nunca me han enseñado a ser racista» —me comentó alguna vez un compañero de estudios. Pues sí nos lo han enseñado: desde pequeños, y posiblemente sin querer, nos han llenado de prejuicios sobre las personas de distintas razas, y nos han enseñado que burlarse o cuidarse de algunos grupos solo por su raza es completamente normal. ¿Cómo lo han hecho? A través de comentarios, chistes, bromas y con el ejemplo.

Verán: nuestros cerebros no están programados para reaccionar con temor o ira ante personas de otras razas. Así no nacemos. Es el aprendizaje que hemos tenido, los estereotipos y prejuicios que nos han enseñado, los que generan que nuestro cerebro se sienta amenazado y responda. Sucede así: lo que nos han dicho, aunque no lo tengamos presente, activa nuestro centro cerebral del temor, la famosa amígdala, y nos predispone para defendernos, en este caso, de personas de distintas razas2,3. Es como si nos hubieran dicho tantas veces que las personas con ciertas características son peligrosas o inferiores, que nuestro cerebro solo reacciona.

¿Qué podemos hacer para cambiar?

En mi primera clase de universidad, allá por el 2007, el profesor del curso de Comprensión y Producción de Lenguaje 1, popularmente conocido como «Lengua», preguntó a toda la clase: «¿Quién de aquí es racista?». Con temor, tres personas levantamos la mano. Aunque pensamos que nos echarían de la clase, Moisés, como se llama, nos felicitó por ser capaces de cuestionar nuestro propio comportamiento y de darnos cuenta de esas conductas racistas que tenemos y que pasan desapercibidas. Ese es el primer paso para cambiar: reconocer qué decimos y hacemos cuando nos referimos a personas de otras razas. El segundo paso es preguntarnos de dónde vienen estas conductas, en dónde las hemos aprendido. Si queremos ir más allá, podemos profundizar aún más: a veces, cuando somos racistas, nos estamos defendiendo de algo. ¿Cuántas veces hemos sido racistas para sentirnos superiores, para vengarnos por haber sido discriminados por otros?4 El tercer paso es darnos cuenta de que todo eso que nos han dicho está completamente mal, porque no hay razas superiores e inferiores —de hecho, no existen las razas humanas, porque todos compartimos el mismo código genético como especie5—, así como tampoco hay rasgos físicos, costumbres o idiomas ridículos. El cuarto paso es asumir un compromiso de reparación: pensemos a quién le hemos hecho daño con nuestra actitud racista y hagamos algo para enmendarlo.

¿Cómo saber que estamos siendo racistas?

Aquí, en el Perú, discriminamos por raza, clase social y lugar de procedencia. Pero lo que sucede ahora con el racismo es que no suele ser directo, es decir, no muchas personas son abiertamente racistas. Sabemos que está mal serlo, así que la mayoría no afirma que hay razas superiores e inferiores. Lo que sí vemos es un racismo más encubierto6. Cuando nos burlamos de los rasgos faciales o físicos de una persona por su raza; cuando hacemos chistes sobre la forma de hablar de algunas culturas; cuando despreciamos la vestimenta o las costumbres de otros lugares; cuando nos reímos de programas de televisión que caricaturizan razas; o cuando tratamos mal a una persona por ser afroperuano, por ejemplo; estamos siendo racistas. Veo en las redes sociales que muchas personas dicen: «Pero es un chiste. No hay nada malo en ello. Son muy sensibles». El problema es que es un chiste que se burla de otra persona por una razón que ha causado mucho sufrimiento, desigualdad y muerte: su raza. Es, además, un chiste que condena formas físicas, idiomas, costumbres y vestimentas por considerarlas inferiores. Hay que ser claros en esto: si nos causa risa el castellano andino de las personas que han emigrado de la sierra hacia la capital o el pelo crespo de las personas afroperuanas es porque, justamente, nos parecen características ridículas. Y si nos parecen rasgos ridículos es, obviamente, porque, de alguna u otra manera, hemos aprendido que son inferiores. Eso es precisamente el racismo.

Pero podemos cambiar y es esa nuestra responsabilidad.

 

Referencias

(1) Shouhayib, J. (diciembre, 2015). Racism in psychology. What can psychology tell us about racism? American Psychological Association. Recuperado de https://www.apa.org/pi/about/newsletter/2015/12/racism-psychology

(2) Kubota, J. T., Banaji, M. R., & Phelps, E. A. (2014). The neuroscience of race. Nature Neuroscience, 15(7), 940-948. doi:10.1038/nn.3136

(3) Mattan, B. D., Wei, K. Y., Cloutier, J., & Kubota, J. T. (2018). The social neuroscience of race-based and status-based prejudice. Current Opinion in Psychology, 24, 27-34. Recuperado de https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2018.04.010

(4) Bruce, J. (2019). Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y Racismo. Lima: Taurus.

(5) Kolbert, E. (abril, 2018). There’s No Scientific Basis for Race—It's a Made-Up Label. National Geographic. Recuperado de https://www.nationalgeographic.com/magazine/2018/04/race-genetics-science-africa/

(6) Clair, M., & Denis, J. S. (2015). Racism, Sociology of. En N. J. Smelser & P. B. Baltes (Eds.), International Encyclopedia of the Social and Behavioral Science (pp. 12720-12723). Oxford: Pergamon.

Cuando nos burlamos de los rasgos faciales o físicos de una persona por su raza; cuando hacemos chistes sobre la forma de hablar de algunas culturas; cuando despreciamos la vestimenta o las costumbres de otros lugares; cuando nos reímos de programas de televisión que caricaturizan razas; o cuando tratamos mal a una persona por ser afroperuano, por ejemplo; estamos siendo racistas.
Cuando nos burlamos de los rasgos faciales o físicos de una persona por su raza; cuando hacemos chistes sobre la forma de hablar de algunas culturas; cuando despreciamos la vestimenta o las costumbres de otros lugares; cuando nos reímos de programas de televisión que caricaturizan razas; o cuando tratamos mal a una persona por ser afroperuano, por ejemplo; estamos siendo racistas. | Fuente: Freeimages

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