La Ley Justina fue aprobada por unanimidad en la cámara de diputados y el senado de Argentina.

Justina murió a los 12 años, luego de esperar por cuatro meses un corazón. Ella ya sabía lo que le sucedía y entendía lo que podía pasar mientras estaba hospitalizada, esperando el trasplante. Durante los cuatro largos meses de espera, Justina y su familia tuvieron a Argentina entera en vilo, esperando que la menor se recupere.

Con una simple frase como “papi, ayudemos a todos los que podamos”, Justina se despidió de su familia. Esta frase se convertiría en el motor de una ley nacional que rompería récords en cuanto a la tasa de donación de órganos.  

Desde el 2018, Argentina ha batido sus propios récords en cuanto a números de trasplantes hechos. La tasa ha subido a un número histórico: hay 20 donantes por millón de habitantes, cifra que se asemeja a la de algunos países de la Unión Europea. Perú, por otro lado, tiene 2 personas por millón de habitantes, una de las cifras más bajas de Latinoamérica.

Ezequiel Lo Cane, el padre de la menor, investigó sobre el contexto de la donación. Estaba decidido a hacer algo al respecto: “nos dimos cuenta de que ser donante de órganos en Argentina, en ese momento, tenía una cierta dificultad administrativa. Tenías que registrarte y decir que querías ser donante. Encima, si te registrabas y decías que querías serlo; el día que morías, un tercero podía decir que no estaba de acuerdo y así era”, afirmó Lo Cane en una entrevista para RPP.

Mientras Justina estaba internada, Ezequiel y su familia le contaban todo lo que iban investigando. Le proponían campañas y ella decidía cuál le gustaba más. Sin embargo, lo único que ella pedía era ayudar a los demás: “papi, ayudemos a todos los que podamos”.

Justina y Ezequiel, su papá.

Y fue ley

Ezequiel no se dejó ganar por la tristeza tras perder a una hija, sino que encontró la fuerza para seguir adelante y ayudar a más personas como se lo había pedido Justina. Fue así como armó un grupo de especialistas, con el objetivo de cambiar la ley de donación de órganos y concientizar a las personas.

En este tiempo, se viralizó #MultiplícateX7, una campaña impulsada por la familia de Justina con el objetivo de sensibilizar a las personas de ser donantes de órganos. “Se llama multiplícate por siete porque el día en que me muera, si puedo donar todos mis órganos me voy a multiplicar por siete. Le voy a dar vida a siete personas”, contó Ezequiel, haciendo mención a los siete órganos principales que se pueden donar en Argentina.

El papá de Justina y su equipo simplificaron la ley de donación de órganos e hicieron un proyecto de ley que llevaron primero al senado argentino, que lo aprobó por unanimidad. El proceso debía seguir en la cámara de diputados, así que una vez presentado, fueron todos los familiares a la cámara el día de votación. El proyecto volvió a pasar por unanimidad. Así, el 4 de julio del 2018 — y en honor a la lucha de Justina y su familia — se aprobó la Ley Justina.

Ahora, en Argentina ya no es necesario que las personas se registren para ser donantes. Todos los mayores de edad automáticamente pasan a ser posibles donantes si es que no mencionan lo contrario. Por otro lado, la ley implica la mejora de muchas otras logísticas y procesos para hacer más eficaz el proceso de donación y trasplante.  

El caso de Justina causó conmoción en el país entero. Miles de personas se sumaron a las campañas #LeyJustina y #MultiplicateX7. Antes de aprobada la ley, y mientras Justina se hacía más conocida en el país, el registro de donación ya había subido en gran cantidad.

La familia de Justina, su mamá, papá, hermanos y abuelos celebrando la aprobación de la ley.

Las “Casas Justina”

Para seguir con este trabajo, Ezequiel ha creado las “Casas Justina”. Son unos centros físicos donde cualquier persona que necesite un trasplante puede acudir. Allí se acompaña a los familiares, se les brinda apoyo emocional y un espacio donde estar. También hay talleres de arte y teatro. Las casas siguen tres líneas principales: la diversión, en honor a la personalidad de Justina; la solidaridad; y la innovación para poder solucionar posibles problemas.

Mientras Justina estaba enferma, sus hermanos vivieron muy de cerca la enfermedad. Ezequiel y la madre de Justina siempre trataron la enfermedad de su hermana con mucha sinceridad. “Siempre supieron que su hermana tenía un corazón lastimado y que llegado un momento habría que cambiarlo. Si no aparecía un corazón, sabían que su hermana se iba a morir”. Hasta ahora, Cerferino de 10 años y Cipriano de 8 años la extrañan mucho, pero cada vez que alguien los reconoce en la calle como los hermanos de Justina, se alegran de que gracias a su hermana se puedan salvar más vidas.

Justina y sus hermanos Cerferino y Cipriano.

En el Perú, de dos a tres personas mueren al día esperando un órgano. Es por eso que RPP, en alianza con EsSalud, ha lanzado "Vivir de Amor", una campaña que busca sensibilizar a las familias sobre la donación de órganos y tejidos. 

¿Qué opinas?