La historia del teléfono que sonó por primera vez en 40 años para unir un nieto con su familia

La hermana de Roberto desapareció hace décadas, pero él nunca perdió la esperanza de hallarla con vida y dejó un teléfono habilitado solo para que ella se comunique. Casi 40 años después, sonó por primera vez.

El argentino Javier Matias Darroux (41) y Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo. | Fuente: EFE | Fotógrafo: Matias G Napoli Escalero

Un día de 2016, el teléfono de Roberto Mijalchuk sonó después de cerca de 40 años sin hacerlo: era la línea de su hermana desaparecida durante la última dictadura en Argentina, número que mantuvo por si alguien se comunicaba alguna vez. Con esa llamada, reapareció su sobrino, el hijo de ella. Se trata de Javier Matías Darroux Mijalchuk, quien desde este jueves es el nieto 130 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo, la emblemática asociación de derechos humanos que desde 1977 busca a sus nietos, los hijos de desaparecidos que fueron apropiados por el régimen de Jorge Rafael Videla y entregados a familias ajenas.

"Para mí, (ese teléfono) es un símbolo de entereza, de constancia, de una lucha que nunca pierde la esperanza contra todo lo que puede desmotivar. Y no, un día ese teléfono suena y te dicen que tu sobrino está vivo", dijo a Efe ese sobrino, Javier Matías, después de la rueda de prensa en la que la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, anunció su restitución. Los abrazos entre Javier Matías y Roberto, que se fundieron en varias ocasiones durante su primera aparición pública, cerró a otra de tantas historias agridulces de las dadas a conocer por Abuelas.

"El hecho de encontrarme implica que él nunca más va a volver a ver a su hermana", afirmó Darroux, quien optó por estar presente en la comparecencia, al contrario que muchos nietos. A su lado, con voz quebrada y emocionado después de una vida de incertidumbre, habló su tío, Roberto Mijalchuk, hermano de Elena Mijalchuk, desaparecida en 1977 junto a su pareja, Juan Manuel Darroux. "Lo importante es que yo tengo dos líneas de teléfono, una de esas que dan las señales de cable y una que nunca di de baja, que es la que tenían mi hermana y mi cuñado", relató Mijalchuk.

No perdió la esperanza

Roberto Mijalchuk, que buscó en solitario durante todo el tiempo con su madre enferma antes de morir y su padre, fallecido también, nunca perdió la fe de que su hermana llamara, viva, desde alguna parte del mundo. "Las esperanzas se fueron livianizando (sic) con mi hermana pero nunca se fueron perdiendo con las de Javier", recalcó. Y Javier Matías apareció, en Córdoba, donde es guía turístico y vive en la actualidad junto a su esposa, Vanina, quien lo acompañó a la conferencia de prensa.

Vanina fue una de las que lo instigó a contactarse con Abuelas hace una década. Él era reacio a llamarlas aunque sabía que era adoptado y que las fechas cuadraban para que sus padres fuesen desaparecidos de la última dictadura en Argentina (1976-1983). Tras ponerse en contacto con la organización, y en un dilatado proceso, compararon sus muestras de sangre con las de su banco de datos genéticos, el método utilizado desde 1987 por ley en Argentina y que ha ido sumando técnicas avanzadas de identificación genética, y el resultado fue del 99,9 % de coincidencia entre él y Mijalchuk.

Javier Matias Darrou abraza a su tío Roberto. Atrás, fotos de sus padres desaparecidos: Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux. | Fuente: EFE | Fotógrafo: Matias G Napoli Escalero

A Javier Matías le pudo el egoísmo y el temor a "lo que podía encontrar" hasta que su compañera le hizo reflexionar y vio que alguien podía estar al otro lado. "Y fijate, (mi tío) estaba metido buscándome hace 40 años, o sea que no es un invento", aseguró en declaraciones a la prensa este nieto, cuya abuela ya falleció. Tras aquella llamada a aquel teléfono con telarañas, el reencuentro fue "muy emotivo", una escena que se repitió este jueves en Buenos Aires en la sede de Abuelas, a las que Javier Matías definió como una "luz de esperanza" y de las cuales destacó su "persistencia en la lucha".

“Que me ayuden a encontrar la verdad”

El nieto 130 cuya identidad ha sido restituida desde el comienzo de esa lucha desapareció en diciembre de 1977, con solo cuatro meses de vida. Su padre, Juan Manuel, había desaparecido a principios de mes y su madre, que estaba desesperada, recibió una carta firmada por él que le decía que el día después de Navidad debían encontrarse en un lugar de la capital argentina. Elena acudió a esa cita con el bebé y su familia nunca la volvió a ver.

Las fotos de los padres de Javier estaban, como de costumbre, en la rueda de prensa, entre los gritos de "30.000 detenidos desaparecidos, presentes". Javier Matías fue encontrado abandonado en una calle que se encontraba a tres manzanas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionaba el mayor centro clandestino de detención de la dictadura, que apresó allí a cerca de 5,000 personas secuestradas. Lo dieron en adopción legal a una familia corriente que lo crió bien, que nunca le ocultó que era adoptado, pero que no sabía su procedencia real.

Darroux se mostró "agradecido" a esos padres de crianza, ya muertos, que "dieron todo lo mejor de ellos". Este agradecimiento no suele suceder en muchos casos de nietos robados: muchos de ellos fueron dados por familias cercanas a la dictadura de Videla o a los mismos militares que hicieron desaparecer y que, presumiblemente, mataron a los padres biológicos de sus hijos ‘adoptivos’.

"Si pudiera preguntarles algo a mis padres biológicos sería que me ayuden a encontrar la verdad, a saber dónde están sus cuerpos, qué pasó con sus vidas, si tengo o no un hermano o una hermana viva", confesó. Cuando Elena desapareció ya estaba embarazada de nuevo, y Javier Matías pidió hoy ayuda para encontrar a ese familiar, si es que existe y es uno de los 500 bebés que Abuelas calcula que la dictadura robó y que, como él, reaparecen a cuentagotas. (Con información de EFE)

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