Actor visitó una de las 8 maravillas del mundo moderno. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Cortesía (El País de Cusco)

Por Noemy Mamani

La operación de rastrear a Robert De Niro nunca fue sencilla. Nuestro protagonista tuvo, en esta película ‘filmada’ en Cusco, varios cómplices ‘en contra’ de los periodistas con orden de perseguirlo: la lluvia torrencial o el sol, el hambre punzante, las ásperas colinas de  Machu Picchu, el riesgo constante de que la batería del celular se acabe, entre otros. Como si una viera una maratón de película suyas, había que entregarse varias horas por él, para verlo, aunque sea, unos minutos, como finalmente ocurrió. Porque ver a De Niro en vivo, cara a cara, no es tan fácil como sentarse en el sofá, prender la tele y mirarlo sin mayor esfuerzo actuando en una película.

Todo arrancó la semana pasada cuando los amigos de De Niro publicaron que el actor llegaría a Perú para visitar Lima y la ‘Ciudad Imperial’. Por eso, atolondrados, el viernes 11 de enero, varios periodistas de Cusco llegamos hasta el aeropuerto internacional Alejandro Velasco Astete a captar la llegada del dos veces ganador del Oscar en 1974 y 1980. Cada uno se convirtió, por un momento, en el personaje Gil Renard que el propio De Niro hizo en ‘The Fan’. El pequeño detalle era que no sabíamos el horario de arribo.

Era el inicio de la resistencia y la paciencia. Con el viernes sin noticias de Robert, el objetivo se trasladó al sábado. Un vaso de café y dos tamales acompañaron la mañana. La lluvia imparable arriesgaba el aterrizaje. Pero no. El avión privado del actor de ‘El Padrino 2’ pisó tierra y De Niro, abrigado y cubierto hasta el rostro, se dejó ver por primera vez en la capital de los incas.

Pasamos un domingo sin noticias de él. Solo sabíamos que se alojaría en algún lugar del Valle Sagrado de los Incas y que, probablemente, el lunes visitaría Machu Picchu, sitio al que llegaría en uno de los trenes de lujo que parten una vez al día.

Varios periodistas, junto a la siempre cómplice lluvia cusqueña, seguimos nuestro instinto y emprendimos un viaje de cuatro horas en carro y tren hasta aquella maravilla del mundo moderno. Este era el cálculo: subiríamos de madrugada a la llamada Llaqta Inca (la entrada al parque arqueológico) y aguardaríamos hasta la una de la tarde, hora en la que De Niro, según se comentaba, llegaría.

Sin embargo, De Niro volvería a ser ‘impuntual’: para su mala suerte, se registró un deslizamiento de piedras y rocas en el kilómetro 108 de la ruta Ollantaytambo -Machu Picchu, por lo cual, el tren en el que iba el neoyorquino, se quedó varado. Robert no solo probó comida peruana, sino, los incidentes típicos que cualquier peruano pasa en su propio país.

Hasta que, a las 4:30 p.m., cuando parecía que nunca llegaría, el hombre a seguir apareció con una primera estampa de humildad y amabilidad: desde el bus saludó a la gente, y cuando bajó de él, rodeado de su seguridad y junto a su hijo, también. A mí no se me ocurrió otra cosa que gritarle “¡Robert, I love you, I love you!” para hacerlo voltear y tomarle fotos y grabarlo. Tantas veces le dije lo mismo que un colega mío, en el furor de la cobertura periodística, me imitó.

Ese lunes, Robert, contra todo pronóstico, hizo un primer recorrido en Machu Picchu a eso de las 5:45 p.m., hora en la que ya no se permite el acceso al parque. Pero ser un laureado actor tiene esos beneficios. Para De Niro fue el primer contacto con un sitio admirado en el mundo; para los periodistas, una jornada de cuatro horas de viaje y doce de espera… y solo verlo unos minutos. El efecto Hollywood tiene estas cosas.

A partir de entonces, De Niro dejó de ser el Al Capone de ‘Los Intocables’: ya no se ocultaba, se dejaba observar. Y sus 75 años no le opusieron trepar el Wayna Pichu en la mañana del martes 15. Si bien en un momento Robert evitaba las fotos, después se soltó. Aceptó instantáneas con los guardaparques y algunos fans, y hasta dio declaraciones.

Mientras yo registraba la versión gentil y terrenal de un tipo al que siempre vimos en las pantallas de cine, ocurrió algo inesperado: De Niro levantó la mano, la agitó llamando a alguien… Era yo. Después de tanta persecución, él terminó pidiéndome una foto. Corrí, me puse a su lado y nerviosa, intenté sonreír. Él, campechano, como si fuera un amigo del barrio, estaba fresco como una lechuga. La operación para RPP se había terminado y de ahora en adelante, cada vez que lo vea en la pantalla actuando, seguramente sonreiré y tendré una historia que contar.

Famoso actor, tuvo un amable gesto con sus fans. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Cortesía


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