El capitán de Navío, Manuel Parrales, contó que la Marina de Guerra se encargo del 100% de los acciones con explosivos. | Fuente: RPP

"En explosivos, se dice que el primer error es el último", dice el Capitán de Navío Manuel Parrales, uno de los oficiales encargados de las detonaciones que permitieron el rescate de los rehenes de la residencia del embajador de Japón en Lima, en abril de 1997. Parrales, integraba el comando Chavín de Huántar, y de la pericia de su equipo dependía el éxito de momentos clave de la operación. Cualquier error durante las explosiones habría puesto en riesgo la vida de militares y de 72 rehenes.

En el programa Conexión de RPP Noticias, Parrales, actual jefe de la Policía Naval, contó cómo usaron los explosivos para neutralizar a los 14 terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que tenían secuestrada la casa diplomática. También cómo fue posible abrir forados en la residencia para el ingreso de los comandos.

La bomba del comedor. El oficial relató que se colocaron explosivos en la parte inferior del piso de la sala comedor de la residencia, donde los terroristas solían jugar partidos de fulbito, como lo habían revelado los mensajes que los rehenes lograban enviar al exterior.

"Se colocaron casi al ras, y debajo sacos con arena" para que la mayor parte de la onda expansiva vaya hacia la superficie. Para esta misión se cavaron túneles por debajo de la residencia, los mismos que se cerraron luego de colocar los explosivos. En la hora cero del operativo, la primera detonación dejo fuera de combate a varios emerretistas.

Explosiones controladas. La explosión fue el punto de inicio de las acciones de los comandos en la residencia. El equipo de Parrales, integrado por 11 efectivos, salió del túnel cavado bajo el jardín tras la cuenta regresiva. Una explosión abrió el forado por donde salieron a cumplir su misión.En segundos tomaron sus posiciones tras paredes y puertas para colocar los explosivos, con el cuidado necesario para no afectar a los rehenes.

"Eran cargas preparadas con las características específicas para lograr ingresar sin dañar a las personas que se hallaban dentro (...). Teníamos la necesidad de tener explosiones controladas", cuenta Parrales. Aunque las detonaciones se provocaron principalmente en el primer piso y los rehenes se encontraban en el segundo, había que tener cuidado para no dañar las estructuras.

El capitán Parrales indicó que en el operativo de realizaron unos 20 explosivos.
El capitán Parrales indicó que en el operativo de realizaron unos 20 explosivos. | Fuente: EFE

Las trampas del enemigo. Parrales detalló que su grupo estaba equipados con indumentaria de protección lo suficientemente ligera para poder entrar en combate si era necesario. Llevaban chalecos antifragmentarios y cascos para protegerse de las esquirlas. "Avanzamos hacia una puerta, colocamos explosivos e ingresamos al ambiente de la residencia y ahí nos encontramos con algunas sorpresas. El enemigo también tenía explosivos y había preparado la residencia con trampas para evitar nuestro ingreso", recuerda.

En medio de la retahíla de explosiones, cinco integrantes de su equipo resultaron heridos. "Uno con una lesión grave en la pierna y los otros en los brazos por la esquirlas".

Tras 17 minutos de acciones, los comandos Chavín de Huántar tomaron el control de la sede diplomática. En el operativo murieron dos oficiales, un rehén y los 14 terroristas. La salida rampante de los rehenes liberados y las señales de victoria de los comandos sobre la terraza de la residencia, ese día dieron la vuelta al mundo.

Los rehenes bajaron desde la terraza de la residencia del embajador japonés.
Los rehenes bajaron desde la terraza de la residencia del embajador japonés. | Fuente: Blog H y G
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