
Uno de los problemas más graves para el desarrollo de los países es cuando algunos no entendemos que para el bienestar general debemos sacrificar parte de nuestro bienestar individual. Eso ocurre; por ejemplo, cuando una población se opone a una explotación minera porque alteraría su actividad agrícola o le generaría polución. Eso no sería problema si esa explotación beneficiara únicamente a sus vecinos, que podrían decidir no tenerla para continuar con su tranquilidad, pero se complica si beneficia a más personas, dando trabajo o pagando impuestos para construir escuelas y hospitales que todos necesitan.
Pero en un nivel mucho más cercano sería como si los vecinos del primer piso de un edificio decidieran cortar el paso de agua hacia los pisos superiores porque les molesta el ruido de la bomba detrás de su casa. La solución, sin duda, pasa por buscar formas de disminuir el ruido o tal vez por darle a esos propietarios una indemnización razonable por su fastidio, pero no por dejar sin agua a los inquilinos de arriba.

Ahora, si usted critica esa posición no olvide que igual ocurre en esos barrios donde los vecinos, quizás ustedes paisanas, paisanos, exigen más torres de telefonía, cárceles o depósitos de basura, pero nunca los quieren cerca de su casa. Y se ve lo mismo en los muchos vecinos de zonas ricas y pobres que, por seguridad o tranquilidad, ponen rejas en su calle, evitando la fluidez del tráfico en su zona, fluidez que ellos exigen en otros lados. Pero, por cierto, eso no es solo nuestro, no es solo de nuestro país, pues en los estudios académicos internacionales esta actitud tiene hasta un nombre. Le llaman NIMBY, que en castellano significa lo quiero pero no en mi patio.
La mirada positiva de esta vez paisano o paisana, siendo un tema que deben ayudar a resolver las autoridades, debe ser el que nosotros reconozcamos que los derechos traen consigo obligaciones, y que para vivir mejor todos, todos debemos sacrificar un poco de nuestra comodidad. Que, así como no podemos reclamar en una fiesta si no hemos dado para la chanchita, tampoco podemos cerrar el caño a los vecinos, ni exigir que otros se sacrifiquen para nuestro bienestar, si nosotros no estamos dispuestos también a sacrificar parte del nuestro.
No se trata solo de solidaridad, sino de justicia elemental sin la cual no podremos avanzar como sociedad. ¿Qué otro ejemplos tiene usted, paisano o paisana, de situaciones donde todos deberíamos aportar una gota de esfuerzo, en aras de un beneficio social mucho mayor?
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